Bridging academic and societal knowledge in higher education: A Habermasian approach of transdisciplinary knowledge co-production
Este artículo sostiene que abordar los desafíos sociales complejos requiere que la educación superior trascienda la integración académica interna hacia una auténtica coproducción de conocimiento transdisciplinario, utilizando un marco habermasiano para reposicionar a la sociedad como un socio legítimo en lugar de un receptor pasivo en el proceso de creación de conocimiento.
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En el mundo moderno, los problemas más obstinados —como el cambio climático, las crisis de salud pública o la pobreza urbana— no respetan los límites de las disciplinas académicas. Son desordenados, complejos y están profundamente arraigados en la vida cotidiana de las personas. Durante décadas, las universidades han intentado resolver estos problemas reuniendo a diferentes expertos, un método conocido como interdisciplinariedad, donde un biólogo podría trabajar con un economista. Sin embargo, un número creciente de académicos sostiene que este enfoque sigue manteniendo la creación de soluciones dentro de los muros universitarios. Sugieren que para solucionar verdaderamente los problemas del mundo real, debemos cerrar la brecha entre el conocimiento formal que poseen las instituciones y la sabiduría práctica y vivida que poseen las comunidades. Este nuevo enfoque, llamado transdisciplinariedad, trata a las personas locales no como sujetos de estudio, sino como socios iguales que ayudan a crear las soluciones. La pregunta ya no es solo sobre mezclar disciplinas, sino sobre si la universidad está dispuesta a salir de su torre y escuchar a las personas a las que pretende servir.
Un estudio reciente de los investigadores Amar Nath y Sumit Kumar Pandey investiga precisamente cómo se puede construir este puente dentro del sistema de educación superior de la India. Los autores analizaron la desconexión entre las políticas gubernamentales oficiales, que a menudo hablan de integrar el conocimiento, y la realidad de cómo operan realmente las universidades. Encontraron que, si bien políticas como la Política Nacional de Educación 2020 fomentan la mezcla de materias, estas se detienen mayormente en la puerta de la universidad. Estas políticas siguen tratando a la comunidad como un receptor de conocimiento en lugar de un creador del mismo. Para comprender qué es una verdadera asociación, los investigadores dirigieron su atención lejos de las universidades tradicionales y hacia cuatro organizaciones específicas que ya han dominado este arte: PUKAR, Barefoot College, Swaraj University y Development Alternatives. Estos grupos no son colegios típicos; son instituciones basadas en la comunidad donde el aprendizaje ocurre a través de la acción directa y donde los residentes locales son los expertos principales.
Los investigadores analizaron los documentos, informes y manuales de capacitación de estas cuatro organizaciones para ver cómo funcionan realmente. Descubrieron que estos grupos operan bajo un principio de "acción comunicativa", un concepto donde todos los involucrados hablan como iguales para negociar el significado y resolver problemas juntos. En estas organizaciones, el proceso de encontrar una solución comienza con la comunidad identificando el problema, no el académico. Por ejemplo, en Bareft College, el enfoque rechaza la idea de que un ingeniero externo sabe cuál es la mejor manera de arreglar el suministro de agua de un pueblo. En su lugar, escuchan a un anciano del pueblo que podría sugerir la recolección de agua de lluvia basada en generaciones de observación local. La solución se co-crea entonces, combinando métodos científicos con la sabiduría tradicional. Este no es un camino de un solo sentido donde los expertos enseñan a estudiantes pasivos; es un intercambio de dos vías donde el conocimiento de un agricultor sobre el suelo se valora tanto como los datos de un profesor sobre la agricultura.
El estudio identificó cinco formas clave en las que estas organizaciones tienen éxito donde las universidades tradicionales suelen tener dificultades. Primero, practican la coproducción participativa, lo que significa que la comunidad está involucrada desde el primer paso de la definición del problema hasta el paso final de la evaluación de la solución. Segundo, abrazan el pluralismo epistémico, que es una forma elegante de decir que reconocen que existen muchas formas válidas de conocer. No ven el conocimiento local o indígena como inferior a la ciencia académica; en cambio, lo tratan como complementario. Tercero, comparten el conocimiento a través del compromiso comunitario en lugar de simplemente publicar artículos. Utilizan la radio local, reuniones callejeras y redes de formación entre pares para asegurar que la información sea comprendida y utilizada de inmediato. Cuarto, se enfocan en el desarrollo de capacidades, capacitando a los miembros de la comunidad para que se conviertan en investigadores e innovadores por sí mismos, de modo que el trabajo pueda continuar sin ayuda externa. Finalmente, democratizan el conocimiento, asegurando que el poder de decidir qué cuenta como una solución válida resida en las personas afectadas por ella, y no solo en los administradores universitarios.
A pesar de estos éxitos, los investigadores encontraron una brecha significativa entre estos modelos comunitarios y el sistema de educación superior indio en general. Si bien el gobierno ha introducido nuevos marcos para reconocer el aprendizaje comunitario, el poder para validar, calificar y certificar ese conocimiento sigue residiendo firmemente dentro del sistema universitario. El estudio sugiere que las políticas actuales son un paso en la dirección correcta, pero se quedan cortas ante una verdadera transdisciplinariedad porque aún no otorgan a las comunidades la autoridad para definir qué es el conocimiento legítimo. Los autores argumentan que, para que la educación superior sea verdaderamente socialmente responsable, debe experimentar un cambio estructural. Las universidades deben pasar de ser las únicas guardianas de la verdad a convertirse en socias en un viaje compartido de descubrimiento. Hasta que el sistema esté dispuesto a tratar la sabiduría comunitaria como igual a la teoría académica, los problemas más complejos de la sociedad seguirán estando solo parcialmente resueltos.
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