Clinical profile, guideline-directed therapy uptake, and in-hospital mortality in acute heart failure at a public teaching hospital in southwestern Colombia: a single-centre retrospective registry (EVARISTO-AHF)
Este registro retrospectivo de un solo centro del suroeste de Colombia caracteriza el perfil clínico y los resultados intrahospitalarios de 251 pacientes con insuficiencia cardíaca aguda, revelando una tasa de mortalidad del 6,8 % y mejoras significativas en la adopción de la terapia médica dirigida por guías al momento del alta, aunque persiste una brecha notable en la prescripción de inhibidores de SGLT-2 para pacientes con fracción de eyección preservada.
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La insuficiencia cardíaca es una afección en la que el músculo cardíaco se vuelve demasiado débil o demasiado rígido para bombear sangre de manera efectiva al resto del cuerpo. No es una enfermedad única, sino la etapa final de muchos problemas cardíacos diferentes, desde la presión arterial alta hasta las válvulas cardíacas dañadas. Cuando el corazón no puede mantener el ritmo, el líquido se acumula en los pulmones y las piernas, causando falta de aire e hinchazón. Este estado a menudo conduce a episodios súbitos y graves que requieren atención hospitalaria de emergencia. Si bien los médicos han desarrollado un conjunto estándar de medicamentos potentes para manejar esta afección, la mayor parte de la evidencia sobre cómo funcionan estos fármacos proviene de naciones ricas de América del Norte y Europa. En muchas partes del mundo, particularmente en hospitales públicos que atienden a poblaciones de bajos ingresos, aún no está claro cómo se utilizan realmente estos tratamientos y si los pacientes reciben el mismo nivel de atención. Comprender la experiencia real de los pacientes en estos entornos es crucial, porque las personas que más necesitan estos medicamentos son a menudo las menos propensas a ser incluidas en los grandes estudios médicos.
En el suroeste de Colombia, investigadores de un gran hospital universitario público se propusieron llenar este vacío mediante la creación de un registro detallado de los pacientes ingresados con insuficiencia cardíaca aguda. Este hospital, conocido como Hospital Universitario del Valle Evaristo García, sirve como centro de referencia principal para cinco departamentos diferentes de la región, atendiendo a una población que está cubierta en su mayoría por un régimen de salud subsidiado del gobierno. El equipo, liderado por cardiólogos y especialistas en medicina interna, revisó las historias clínicas de 251 adultos consecutivos que fueron hospitalizados por insuficiencia cardíaca entre junio de 2022 y octubre de 2024. Se centraron en pacientes que permanecieron en el hospital durante más de dos días, asegurando que tuvieran tiempo suficiente para ser evaluados y tratados plenamente. Los investigadores recopilaron información sobre quiénes eran estos pacientes, qué otros problemas de salud tenían, qué tan grave era su insuficiencia cardíaca y, lo más importante, qué medicamentos se les administraron al llegar y con cuáles fueron dados de alta.
El grupo de pacientes estudiados reflejó la demografía específica de la región. La mediana de edad fue de 70 años y casi el 60 por ciento eran hombres. Una parte significativa del grupo, aproximadamente el 15 por ciento, se identificó como afrodescendiente, un grupo demográfico que históricamente ha estado subrepresentado en la investigación de la insuficiencia cardíaca. La mayoría de los pacientes, alrededor del 77 por ciento, estaban inscritos en el régimen de salud subsidiado, el cual es distinto al régimen contributivo que poseen aquellos con empleo formal. Los problemas de salud subyacentes más comunes entre estos pacientes fueron la presión arterial alta, que afectó a casi tres cuartas partes del grupo, seguida de la diabetes y la enfermedad coronaria. Al llegar al hospital, la mayoría se encontraba en un estado de sobrecarga de líquidos pero aún presentaba piel caliente y un flujo sanguíneo adecuado en sus extremidades, un cuadro clínico que los médicos describen como "húmedo y cálido". Este perfil específico fue la presentación más común, apareciendo en casi el 80 por ciento de los casos.
El estudio reveló que la gravedad de la insuficiencia cardíaca variaba entre los pacientes. Cerca del 62 por ciento tenía un corazón significativamente debilitado, con una función de bombeo inferior al 40 por ciento, mientras que el resto tenía corazones con una función levemente debilitada o preservada. A pesar de estas diferencias, el resultado para el grupo en su conjunto fue desalentador. La estancia hospitalaria tuvo una mediana de 13 días y, durante ese tiempo, el 6,8 por ciento de los pacientes murió. Las principales causas de muerte fueron la insuficiencia cardíaca que no pudo controlarse, infecciones y ritmos cardíacos irregulares. Notablemente, la tasa de mortalidad no difirió significativamente entre aquellos con corazones severamente debilitados y aquellos con función preservada, lo que sugiere que la gravedad del episodio agudo y la presencia de complicaciones como la infección fueron los factores determinantes de la mortalidad en este entorno.
Quizás el hallazgo más alentador del estudio concernió al tratamiento que recibieron los pacientes. Cuando los pacientes llegaban primero al hospital, menos de la mitad estaba tomando los medicamentos estándar para prolongar la vida recomendados por las guías médicas globales. Sin embargo, para cuando fueron dados de alta, la situación había cambiado dramente. Entre los pacientes que sobrevivieron a su estancia hospitalaria, el uso de betabloqueadores, que ralentizan la frecuencia cardíaca y reducen su carga de trabajo, aumentó a más del 90 por ciento. El uso de medicamentos que bloquean las hormonas del estrés del cuerpo, conocidos como inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona, aumentó a casi el 83 por ciento. Lo más sorprendente fue la adopción de una clase más nueva de fármacos llamados inhibidores de SGLT-2, que fueron desarrollados originalmente para la diabetes pero han demostrado ser altamente efectivos para la insuficiencia cardíaca. Al ingreso, solo alrededor de uno de cada cinco pacientes tomaba este medicamento, pero al momento del alta, esa cifra saltó al 76 por ciento. Esto representa una mejora sustancial en la atención, demostrando que, incluso en un hospital público con recursos limitados, los médicos están adoptando con éxito tratamientos modernos basados en la evidencia.
A pesar de este progreso general, los investigadores identificaron un área específica donde la atención aún podría mejorar. Si bien los nuevos medicamentos para la insuficiencia cardíaca se prescribían con frecuencia, hubo una brecha notable basada en la fuerza del músculo cardíaco. Los pacientes con corazones severamente debilitados tenían muchas más probabilidades de ser enviados a casa con inhibidores de SGLT-2 que aquellos con corazones que aún bombeaban normalmente. Esta diferencia es significativa porque las guías médicas ahora recomiendan estos fármacos para todos los tipos de insuficiencia cardíaca, independientemente de qué tan débil esté el corazón. El hecho de que los médicos los prescribieran con menos frecuencia para pacientes con función preservada sugiere un retraso en la adopción de la evidencia más reciente para este grupo específico, más que una falta de acceso a los medicamentos en sí, ya que estos medicamentos están cubiertos por el plan nacional de salud.
Este estudio proporciona una visión rara y valiosa de la realidad del cuidado de la insuf diệncia cardíaca en un hospital universitario público en América Latina. Confirma que los pacientes tratados aquí son a menudo mayores, más pobres y tienen más probabilidades de pertenecer a comunidades afrodescendientes que en estudios previos de la región. También demuestra que el equipo médico de este hospital es capaz de brindar una atención de alta calidad dirigida por guías, logrando la transición de la gran mayoría de los sobrevivientes hacia las terapias modernas más efectivas antes de abandonar el hospital. El trabajo destaca que, si bien el sistema funciona bien en muchos aspectos, todavía existe una oportunidad específica para asegurar que cada paciente, independientemente de la fuerza de bombeo de su corazón, reciba el beneficio total de los últimos avances médicos. Al documentar estos patrones, los investigadores han creado una hoja de ruta para mejorar la atención, mostrando que el camino a seguir no consiste solo en proporcionar acceso a la medicina, sino también en asegurar que el conocimiento más reciente llegue a cada rincón de la población de pacientes.
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