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Fidelity, beauty, and accessibility: a triadic analysis of three English translations of the Qur’an

Este artículo emplea un marco triádico de fidelidad semántica, belleza estética y comprensibilidad para demostrar que tres traducciones canónicas del Corán al inglés —por Pickthall, Arberry y Khattab— priorizan cada una una dimensión a expensas de las otras, revelando la traducción de textos sagrados como un acto de priorización interpretativa en lugar de una operación puramente lingüística.

Autores originales: Baharuddin Baharuddin, Kamaludin Yusra, Santi Farmasari, Siti Najwa Nizami, Nabila Mutia Cahyani

Publicado 2026-09-07
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Baharuddin Baharuddin, Kamaludin Yusra, Santi Farmasari, Siti Najwa Nizami, Nabila Mutia Cahyani

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina intentar traducir una canción que es famosa no solo por su letra, sino por el ritmo específico de su melodía, el peso de su historia y la forma en que suena al ser cantada en voz alta. Si cambias las palabras para hacerlas más fáciles de entender para una audiencia moderna, podrías perder el ritmo original. Si mantienes el ritmo antiguo para preservar la belleza, los nuevos oyentes podrían no comprender el significado. Si te concentras únicamente en el significado literal de cada palabra, la canción podría sonar rígida y torpe. Este es el desafío central que enfrenta cualquiera que intente traducir el Corán, el libro sagrado del Islam, al inglés. Durante siglos, los eruditos han debatido si tal traducción es siquiera posible, argumentando que el texto árabe original está tan perfectamente formado que trasladarlo a otro idioma inevitablemente pierde algo esencial. Debido a esto, las versiones en inglés suelen llamarse "traducciones de significados" en lugar del texto mismo. Sin embargo, a medida que la demanda de versiones en inglés ha crecido en los últimos cien años, han aparecido docenas de traducciones diferentes, cada una tomando decisiones distintas sobre qué mantener y qué cambiar.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Mataram en Indonesia se propuso comprender cómo estas diferentes traducciones manejan este acto de equilibrio imposible. No intentaron declarar una versión como la mejor. En su lugar, propusieron una nueva forma de observar la labor, desglosando el objetivo de la traducción en tres prioridades contrapuestas. La primera es la fidelidad semántica, que significa ceñirse lo más estrechamente posible al significado exacto y a los detalles teológicos de las palabras árabes originales. La segunda es la belleza estética, que se enfoca en capturar el poder literario, el ritmo y el impacto emocional del texto, incluso si eso significa cambiar algunas palabras para que el inglés fluya mejor. La tercera es la comprensibilidad, que prioriza hacer que el texto sea fácil de entender para un lector moderno, a menudo mediante la explicación de conceptos difíciles o el uso de un lenguaje cotidiano. Los investigadores argumentaron que un traductor no puede maximizar estos tres objetivos al mismo tiempo; elegir sobresalir en un área usualmente significa sacrificar algo en las otras.

Para probar esta idea, el equipo seleccionó tres traducciones famosas en inglés que representan diferentes épocas y enfoques. La primera fue la versión de 1930 de Marmaduke Pickthall, escrita por un británico convertido al islam que buscaba una precisión estricta. La segunda fue la versión de 1955 de Arthur J. Arberry, creada por un académico que se centró en las cualidades literarias y poéticas del texto. La tercera fue la versión de 2015 de Mustafa Khattab, una traducción moderna diseñada específicamente para ser clara y accesible para los lectores contemporáneos. Los investigadores analizaron seis capítulos cortos del Corán, incluyendo el capítulo de apertura y varias oraciones cortas que son recitadas diariamente por millones de personas. Observaron palabras y frases específicas donde el árabe es difícil de traducir, tales como términos que describen la naturaleza de Dios, el concepto de un "coágulo adherente" en el desarrollo embrionario y la misteriosa "Noche del Poder".

El análisis reveló que cada traductor priorizó consistentemente uno de los tres objetivos a lo largo de todo el texto, creando un perfil distintivo para su obra. La traducción de Pickthall se inclinó fuertemente hacia la fidelidad semántica. Mantuvo el nombre original árabe para Dios, utilizó palabras inglesas anticuadas para mantener una sensación de distancia sagrada y siguió la estructura gramatical del original lo más fielmente posible. Este enfoque preservó la precisión teológica pero a menudo hizo que el texto se sintiera arcaico y más difícil de captar de inmediato para un lector moderno. La traducción de Arberry priorizó la belleza estética. Eligió palabras que sonaban rítmicas y dramáticas, utilizó metáforas para capturar el peso emocional de los versículos y reorganizó las oraciones para crear un flujo poético. Esto hizo que el texto fuera hermoso de leer en voz alta, pero a veces a costa de la exactitud literal o de detalles teológicos específicos. La traducción de Khattab se centró enteramente en la comprensibilidad. Utilizó un inglés moderno y sencillo, añadió breves explicaciones dentro del texto para aclarar quién estaba hablando o qué significaba un término difícil, y eliminó el lenguaje arcaico. Esto hizo que el significado fuera muy claro para un nuevo lector, pero a veces suavizó la densidad poética y la cualidad misteriosa del original.

El estudio encontró que estas diferencias no eran aleatorias ni estaban limitadas a versículos específicos; eran patrones consistentes que definían todo el proyecto de cada traductor. Cuando los investigadores observaron las palabras más difíciles de traducir, las compensaciones se hicieron aún más claras. Para un término que describe a Dios como aquel que es autosuficiente y buscado por todos, Pickthall utilizó una frase larga y precisa para capturar cada matiz. Arberry eligió una metáfora corta y poética que sonaba hermosa pero perdía parte del significado específico. Khattab utilizó una descripción simple y funcional con una pequeña nota para explicar el concepto, asegurando que el lector comprendiera la idea de inmediato. Los investigadores concluyeron que traducir un texto tan denso y estratificado como el Corán no es solo una tarea lingüística de intercambio de palabras; es un acto de interpretación donde el traductor debe decidir qué valor proteger cuando no puede tenerlos todos.

Esta investigación sugiere que no existe una única forma "correcta" de traducir el Corán al inglés. En cambio, cada traducción es una elección específica sobre qué es lo más importante para el lector previsto. Un estudiante que estudia teología podría preferir una versión que mantenga la estructura y los términos originales, incluso si es difícil de leer. Una persona que busca una experiencia poética podría elegir una versión que suene como literatura, incluso si toma algunas libertades con el significado literal. Un nuevo lector o alguien que busca una explicación clara podría elegir una versión moderna que priorice la comprensión por encima de todo. El estudio ofrece una herramienta para que los lectores comprendan estas elecciones, ayudándoles a ver que las diferencias entre las traducciones no son errores, sino estrategias deliberadas. Al reconocer que la exactitud, la belleza y la claridad están a menudo en tensión entre sí, los lectores pueden apreciar mejor las fortalezas y limitaciones únicas de la versión que tienen en sus manos, comprendiendo que el traductor ha tomado la decisión consciente de qué traer al frente y qué dejar atrás.

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