Awareness, Knowledge, and Perceptions of Healthcare Professionals Regarding Antimicrobial Stewardship in Four Tertiary Hospitals in Freetown, Sierra Leone
Si bien los profesionales de la salud en los hospitales terciarios de Freetown mantienen percepciones abrumadoramente positivas sobre la optimización del uso de antimicrobianos, su conocimiento y conciencia real siguen siendo moderados y se ven significativamente obstaculizados por déficits críticos en capacitación, políticas, financiamiento e infraestructura diagnóstica.
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En los hospitales de todo el mundo, médicos y enfermeros dependen de potentes medicamentos llamados antibióticos para combatir las infecciones bacterianas. Durante décadas, estos fármacos han salvado innumerables vidas, pero una crisis silenciosa está creciendo. Las bacterias están cambiando, aprendiendo a sobrevivir a los mismos medicamentos diseñados para matarlas. Este fenómeno, conocido como resistencia antimicrobiana, convierte enfermedades que antes eran tratables en amenazas mortales. El problema se agrava cuando los antibióticos se utilizan con demasiada frecuencia, por los motivos equivocados o durante demasiado tiempo. Para detener esto, los sistemas de salud están intentando implementar una estrategia llamada gestión de antimicrobianos (antimicrobial stewardship). Piense en la gestión no como un nuevo fármaco, sino como un conjunto de reglas y hábitos cuidadosos: elegir el medicamento adecuado, dar la dosis correcta y detener el tratamiento tan pronto como ya no sea necesario. El objetivo es mantener la seguridad de los pacientes hoy, asegurando al mismo tiempo que estos medicamentos vitales sigan funcionando para las generaciones futuras.
En Sierra Leona, un país de África Occidental, la amenaza de las bacterias resistentes es grave, aunque los sistemas necesarios para gestionar el uso de antibióticos suelen estar incompletos. Un equipo de investigadores se propuso comprender cómo se sienten las personas que realmente prescriben y administran estos medicamentos respecto a las nuevas reglas de gestión. Viajaron a cuatro de los principales hospitales universitarios de la capital, Freetown, para hablar con médicos, enfermeros, farmacéuticos y personal de laboratorio. Su objetivo era medir tres cosas: cuántas personas habían oído hablar de estas reglas de gestión, qué tan bien comprendían la ciencia que hay detrás de ellas y qué creían que haría que las reglas funcionaran o fallaran en su trabajo diario.
Los investigadores encuestaron a 339 trabajadores sanitarios en los cuatro hospitales. Encontraron una brecha sorprendente entre conocer una palabra y comprender un concepto. Casi nueve de cada diez participantes dijeron haber oído el término "gestión de antimicrobianos". La mayoría lo había aprendido durante su formación médica o de parte de colegas. Sin embargo, cuando los investigadores hicieron preguntas específicas para poner a prueba su comprensión real, las cifras disminuyeron significamente. Solo alrededor de la mitad del personal pudo responder correctamente a un conjunto de preguntas que medían una comprensión sólida de los principios de la gestión. Por ejemplo, aunque casi todos sabían que la gestión ayuda a reducir la resistencia a los fármacos, menos de dos tercios entendían que los antibióticos deben guiarse por directrices locales de tratamiento en lugar de utilizarse ampliamente para cada infección. Aún más revelador, solo aproximadamente uno de cada tres había recibido alguna formación formal sobre estas reglas de gestión en los dos años anteriores al estudio.
La actitud del personal, sin embargo, fue abrumadoramente positiva. Casi todos estuvieron de acuerdo en que los programas de gestión son importantes y que mejoran la atención al paciente. Estaban ansiosos por participar y creían que la formación debería formar parte de su educación profesional. Esto sugiere que la resistencia al cambio no proviene de las personas en sí; ellas quieren hacer lo correcto. La barrera no es la falta de voluntad, sino la falta de apoyo. Cuando se les preguntó qué les impide seguir estas mejores prácticas, el personal señaló fallos sistémicos concretos. El obstáculo más común fue la falta de conocimientos y formación, citado por casi el 92 por ciento de los encuestados. A esto le siguió de cerca la falta de participación del personal, la ausencia de políticas oficiales del hospital y la escasez de fondos.
Quizás el hallazgo más crítico fue la falta de herramientas de diagnóstico. Más del 70 por ciento de los trabajadores dijeron que el deficiente apoyo de laboratorio era una barrera importante. Sin pruebas de laboratorio fiables para identificar exactamente qué bacterias están causando una infección, los médicos se ven obligados a adivinar qué antibiótico utilizar. A menudo tienen que elegir un fármaco de amplio espectro que mata muchos tipos de bacterias, lo que acelera el desarrollo de la resistencia. El estudio también reveló que la capacidad de seguir las reglas de gestión variaba según la profesión. Los hombres tenían significativamente más probabilidades de tener una buena comprensión de la gestión que las mujeres, pero los investigadores señalaron que esto se debía probablemente a que los hombres en esta fuerza laboral eran más a menudo médicos o farmacéuticos, mientras que las mujeres eran más a menudo enfermeras. Dado que las enfermeras constituyen el grupo más numeroso de trabajadores sanitarios en estos hospitales, el estudio destaca la necesidad de formar a todos, no solo a los médicos.
Los investigadores concluyeron que, si bien las personas en estos hospitales están listas y dispuestas a mejorar el uso de los antibióticos, el sistema no está preparado para ellas. Las actitudes positivas son una base sólida, pero no pueden sostenerse por sí solas. Para convertir las buenas intenciones en buenas prácticas, los hospitales necesitan crear comités funcionales, establecer directrices locales claras y, lo más urgente, invertir en la capacidad de laboratorio necesaria para diagnosticar las infecciones con precisión. Sin estos cambios estructurales, el personal seguirá enfrentándose a una situación en la que saben lo que deben hacer, pero carecen de las herramientas para hacerlo. El camino a seguir requiere una formación que incluya a todo tipo de trabajadores sanitarios, desde la enfermera a pie de cama hasta el farmacéutico en la farmacia, y un compromiso para reparar los eslabones rotos en la cadena de atención.
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