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Trends and Geographic Inequalities in Place of Delivery in Nigeria: Evidence from the 2013–2024 Nigeria Demographic and Health Surveys

Este estudio analiza los datos de la Encuesta Demográfica y de Salud de Nigeria de 2013–2024 para revelar que, si bien los partos en centros de salud aumentaron ligeramente, el progreso se ha estancado desde 2018 y se ve obstaculizado por persistentes y marcadas disparidades geográficas y socioeconómicas, lo que requiere intervenciones focalizadas en las regiones desatendidas.

Autores originales: Sunday Akingbola Omokanye, Kayode Olayiwola Adepoju, Afolabi Abiodun Yinusa, Jacob Kehinde Opele, Adeolu Akinyele Adeleke

Publicado 2026-10-14
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Sunday Akingbola Omokanye, Kayode Olayiwola Adepoju, Afolabi Abiodun Yinusa, Jacob Kehinde Opele, Adeolu Akinyele Adeleke

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada año, millones de mujeres en todo el mundo dan a luz. Para muchas, el lugar más seguro para este evento es una clínica u hospital, donde médicos, enfermeras o parteras capacitadas están listas para manejar complicaciones. Cuando un bebé nace en casa sin estos ayudantes calificados, los riesgos de enfermedad o muerte tanto para la madre como para el niño aumentan drásticamente. Esta realidad ha impulsado a los funcionarios de salud a fomentar que más mujeres den a luz en instalaciones médicas. Sin embargo, en Nigeria, un país con una población de más de 200 millones, el camino hacia un parto seguro sigue siendo desigual. Si bien la nación ha logrado algunos progresos, persiste una brecha profunda entre quienes pueden llegar fácilmente a un hospital y quienes no pueden, creando un panorama donde la posibilidad de un parto seguro depende en gran medida de dónde vive la mujer y de cuánto dinero tiene su familia.

Un estudio reciente realizado por investigadores de varias universidades nigerianas examinó esta situación exacta analizando datos de tres importantes encuestas nacionales realizadas en 2013, 2018 y 2024. El equipo quería entender no solo si más mujeres acudían a los hospitales, sino cómo cambió esta tendencia a lo largo del tiempo y por qué algunas regiones se quedaron muy atrás. Analizaron información de decenas de miles de mujeres que habían dado a luz recientemente, observando de cerca su educación, riqueza, lugar de residencia y si habían visitado a un médico para controles prenatales antes de la llegada del bebé. Al comparar estos grupos a lo largo de más de una década, los investigadores pudieron ver la verdadera forma del problema: una mejora nacional lenta que recientemente se ha estancado, y una división geográfica marcada que deja a las comunidades más pobres y remotas en el mayor riesgo.

La historia que cuenta la información es una de progreso cauteloso seguido de una meseta frustrante. En 2013, solo alrededor del 38 por ciento de las mujeres en Nigeria daban a luz en un centro de salud, mientras que la gran mayoría lo hacía en casa. Para 2018, esa cifra había subido a aproximadamente el 43 por ciento, una señal de que los esfuerzos para mejorar el acceso estaban funcionando. Sin embargo, cuando los investigadores observaron los datos de 2024, descubrieron que la cifra apenas se había movido, manteniéndose en el 42.7 por ciento. Las ganancias logradas en los primeros cinco años del estudio no continuaron en el segundo. Esto significa que, si bien el país dio un paso adelante, desde entonces ha dejado de avanzar. La mayoría de los nacimientos en 2024 todavía ocurrían fuera de las instalaciones médicas, dejando a una gran parte de la población vulnerable a complicaciones que podrían haberse tratado en un hospital.

El hallazgo más sorprendente, sin embargo, no fue sobre el promedio nacional, sino sobre las enormes diferencias entre regiones. Si dibujaras una línea a través del mapa de Nigeria, el contraste sería inmediato y severo. En la parte sureste del país, más del 82 por ciento de las mujeres dieron a luz en un centro de salud. En el vecino suroeste, la cifra era igualmente alta, superando el 80 por ciento. Pero a medida que te mueves hacia el norte, los números caen precipitadamente. En la región del centro-norte, solo alrededor del 35 por ciento de las mujeres utilizaron un centro. En el noreste, cayó al 27 por ciento, y en el noroeste, la situación era más extrema: solo alrededor del 19 por ciento de las mujeres dieron a luz en un hospital, lo que significa que más de cuatro de cada cinco nacimientos en esa región ocurrieron en casa.

Esta división geográfica no es solo una cuestión de distancia; es un reflejo de desigualdades profundamente arraigadas. El estudio mostró que la probabilidad de que una mujer dé a luz en un hospital está estrechamente vinculada a su educación y a la riqueza de su familia. Las mujeres con niveles educativos más altos tenían casi ocho veces más probabilidades de dar a luz en un centro que aquellas sin escolaridad formal. Del mismo modo, las mujeres de hogares más ricos tenían casi seis veces más probabilidades de usar un hospital que las de las familias más pobres. Estos factores actuaron como un filtro, permitiendo que los privilegiados accedieran a la atención mientras dejaban atrás a los desfavorecidos. Incluso cuando los investigadores tomaron en cuenta estas diferencias, la ubicación en sí misma siguió siendo un predictor poderoso. Una mujer que vivía en el sureste tenía una probabilidad mucho mayor de un parto seguro que una mujer en el noroeste, independientemente de su riqueza personal o educación, lo que sugiere que la infraestructura de salud en el norte simplemente no está allí para apoyarla.

Los investigadores también observaron qué sucede durante el embarazo para ver si esto influía en la decisión final. Encontraron que las mujeres que asistieron al menos a cuatro visitas de control prenatal tenían casi cuatro veces más probabilidades de dar a luz en un hospital que aquellas que no lo hicieron. Esto sugiere que el viaje hacia un parto seguro comienza mucho antes de que comience el trabajo de parto, con los controles regulares generando confianza y conciencia. Por el contrario, las mujeres que ya habían dado a luz a varios hijos eran menos propensas a ir a un hospital para su siguiente bebé, quizás porque se sentían seguras en su capacidad para gestionar el parto en casa o porque habían enfrentado barreras en el pasado. Curiosamente, aunque tener un seguro de salud y vivir cerca de una clínica parecía importante en comparaciones simples, estos factores perdieron su poder cuando los investigadores analizaron el panorama completo. Esto indica que el dinero y la distancia no son los únicos obstáculos; las creencias culturales, la falta de información y la calidad general de la atención juegan roles igualmente críticos.

El estudio concluye que Nigeria ha llegado a un punto donde las mejoras generales ya no son suficientes. El promedio nacional oculta una realidad donde algunas comunidades están prosperando mientras otras están siendo dejadas atrás. El progreso realizado entre 2013 y 2018 no se ha mantenido, y la brecha entre los ricos y los pobres, y entre el sur y el norte, sigue siendo amplia. Para solucionar esto, los autores argumentan que las políticas deben dejar de tratar al país como una unidad única. En su lugar, las intervenciones deben dirigirse específicamente a las regiones y grupos que más están luchando. Esto significa construir mejores centros de salud en el norte, asegurar que las familias pobres puedan costear la atención y realizar campañas comunitarias para cambiar la mentalidad que favorece los partos en casa. Sin estas acciones específicas y dirigidas, el objetivo de un parto seguro para cada mujer en Nigeria seguirá estando fuera de su alcance.

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