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Are athletes adequately fuelled and informed? Dietary intake, energy availability and nutrition knowledge across athletes and their coaches

A pesar del conocimiento nutricional moderado entre los participantes, el estudio revela una alta prevalencia de baja disponibilidad energética y una ingesta dietética inadecuada en los atletas, lo que destaca el papel crítico de los entrenadores como mediadores y la necesidad urgente de programas de educación nutricional especializada liderados por dietistas registrados.

Autores originales: Xavier Puchalt-Urbano, María J Esteve, Raúl López-Grueso, Jesús Blesa

Publicado 2026-09-18
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Xavier Puchalt-Urbano, María J Esteve, Raúl López-Grueso, Jesús Blesa

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Para un atleta, el cuerpo es un motor de alto rendimiento que exige más que solo descanso y entrenamiento; requiere un combustible preciso. Así como un automóvil no puede funcionar con el grado de gasolina incorrecto, un cuerpo humano no puede rendir al máximo sin el equilibrio adecuado de energía y nutrientes. Este equilibrio no se trata simplemente de comer suficiente comida para evitar el hambre; se trata de tener suficiente energía sobrante después del ejercicio para alimentar funciones corporales esenciales como la curación, la regulación hormonal y la defensa inmunológica. Los científicos llaman a esta energía restante "disponibilidad de energía". Cuando un atleta no consume suficientes calorías para cubrir tanto su vida diaria como su intenso entrenamiento, esta disponibilidad disminde, lo que lleva a un estado en el que el cuerpo comienza a cerrar sistemas no esenciales para sobrevivir. Esta condición, conocida como baja disponibilidad de energía, puede erosionar silenciosamente la salud y el rendimiento, aunque a menudo pasa desapercibida porque el atleta aún puede sentirse fuerte a corto plazo. Comprender cómo los atletas se alimentan y qué saben realmente sobre la comida es crítico para prevenir estos peligros ocultos.

Un estudio reciente se propuso investigar exactamente qué tan bien entienden los atletas y sus entrenadores estas necesidades nutricionales y si ese conocimiento se traduce en lo que realmente hay en el plato. Los investigadores reunieron a un grupo de 184 atletas competitivos y 13 de sus entrenadores de diversos deportes y niveles de habilidad, que iban desde competidores regionales hasta élites internacionales. El equipo pidió a los atletas que llevaran un diario detallado de todo lo que comieron y bebieron durante siete días, mientras también registraban la intensidad y duración de su entrenamiento. Para medir lo que los atletas sabían, utilizaron un cuestionario especializado que cubría temas como macronutrientes, vitaminas, hidratación y cómo programar las comidas en torno al entrenamiento. El objetivo era ver si existía una brecha entre lo que los atletas creían saber, lo que realmente comían y cómo sus entrenadores influían en estas elecciones.

Los resultados revelaron una desconexión sorprendente entre el conocimiento y la acción. Si bien los atletas y los entrenadores poseían un nivel moderado de conocimiento nutricional general, este entendimiento no parecía guiar los hábitos alimenticios de los atletas. De hecho, el estudio encontró que el puntaje de conocimiento propio de un atleta no tenía conexión con si estaba comiendo suficiente comida o los tipos de alimentos adecuados. La situación era muy distinta para los entrenadores. La investigación mostró que cuando un entrenador tenía un mayor dominio de la nutrición, sus atletas tendían a consumir más energía total y más carbohidratos. Esto sugiere que el entrenador actúa como un poderoso guardián para la dieta de un atleta, a menudo más que la propia educación del atleta. A pesar de los niveles de conocimiento moderados, la ingesta dietética del grupo estaba lejos de ser ideal. El atleta promedio no estaba cumpliendo con las cantidades recomendadas de carbohidratos, que son el combustible principal para el ejercicio de alta intensidad. En su lugar, muchos consumían dietas que eran más altas en proteínas y grasas de lo necesario, un patrón que se ve con frecuencia en la cultura deportiva moderna, pero que deja al cuerpo corto de su fuente de combustible más crítica.

Quizás el hallazgo más alarmante fue la prevalencia de la baja disponibilidad de energía. Los investigadores calcularon que casi el 69% de los atletas en el estudio se encontraban en un estado donde su ingesta de energía era insuficiente para apoyar su entrenamiento y sus necesidades básicas de salud. Este número era alto en todos los ámbitos, afectando tanto a hombres como a mujeres, aunque los riesgos específicos y los impactos hormonales pueden diferir entre sexos. Incluso entre los atletas internacionales de élite, quienes podrían tener los mejores sistemas de apoyo, una parte significativa todavía luchaba por alimentarse adecuadamente. El estudio también destacó una falta de conocimiento generalizada respecto a vitaminas y minerales específicos. La gran mayoría de los participantes no estaban obteniendo suficientes cantidades de vitamina D, vitamina E, calcio o folato, nutrientes que son esenciales para la salud ósea, la función muscular y la recuperación. Estas deficiencias no eran solo brechas menores; eran lo suficientemente comunes como para ser una preocupación seria para la salud a largo plazo.

El estudio también analizó cómo los atletas percibían su propio conocimiento. Una parte significativa de los atletas creía saber más sobre nutrición de lo que realmente sabían, sobreestimando su comprensión del tema. Esta autoconfianza, combinada con el hecho de que su propio conocimiento no se correlacionaba con mejores hábitos alimenticios, apunta a un problema complejo donde conocer la teoría no conduce automáticamente a la práctica correcta. Los entrenadores, aunque generalmente eran más cultos que los atletas, aún tenían margen de mejora, particularmente en áreas específicas como la hidratación y la periodización, que consiste en ajustar la nutrición según el ciclo de entrenamiento. Los investigadores señalaron que, si bien los entrenadores eran una influencia positiva, muchos todavía dependían de consejos desactualizados o información de fuentes no expertas en lugar de directrices basadas en evidencia.

En última instancia, el estudio dibuja un panorama de un entorno deportivo donde el potencial para un mejor rendimiento y salud se está viendo frenado por una falta de aplicación práctica. Los atletas no son necesariamente ignorantes, pero su conocimiento no se está traduciendo en el combustible adecuado. Los entrenadores son una palanca clave en este sistema; cuando ellos entienden mejor la nutrición, los atletas comen mejor. Sin embargo, las altas tasas de baja disponibilidad de energía e ingesta inadecuada de carbohidratos sugieren que los métodos actuales de educación y orientación no están funcionando lo suficientemente bien. Los investigadores concluyen que, para solucionar esto, las organizaciones deportivas deben implementar programas de nutrición especializados liderados por dietistas registrados que puedan proporcionar asesoramiento personalizado tanto a los atletas como a los entrenadores. Sin esta intervención dirigida, el riesgo de problemas de salud y de estancamiento en el rendimiento sigue siendo alto, independientemente de cuánto entrenen los atletas o de cuánto crean saber sobre la comida.

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