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Effect of orthodontic treatment on systemic inflammatory biomarkers in patients with malocclusion: A Systematic Review of Randomized Controlled Trials

Esta revisión sistemática de tres ensayos controlados aleatorizados concluye que el tratamiento ortodóntico induce una respuesta inflamatoria local transitoria y autolimitada en el fluido crevicular gingival sin una relación dependiente de la dosis con la magnitud de la fuerza, pero no logra determinar los efectos sobre la inflamación sistémica debido a la ausencia de estudios que midan biomarcadores circulantes.

Autores originales: Fahad Aziz Khattak, Sana Ali Khan, Muhammad Usman Afridi, Aaeyla Wasif, Mahad Azhar

Publicado 2026-10-16
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Autores originales: Fahad Aziz Khattak, Sana Ali Khan, Muhammad Usman Afridi, Aaeyla Wasif, Mahad Azhar

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cuando un dentista mueve un diente torcido hacia una posición más recta, no solo está aplicando presión mecánica; está desencadenando una conversación biológica dentro del cuerpo. El espacio entre un diente y la encía, conocido como el ligamento periodontal, actúa como un amortiguador, pero cuando se aplica fuerza, las células en este tejido detectan el estrés y liberan señales químicas. Estas señales, a menudo llamadas mediadores inflamatorios, le dicen al cuerpo que descomponga el hueso en un lado del diente y lo reconstruya en el otro, permitiendo que el diente se deslice hacia su nuevo hogar. Se entiende bien que este proceso ocurre localmente, justo donde se encuentra el diente. Sin embargo, una pregunta persistente ha desconcertado a los investigadores: ¿se vuelve esta tormenta química local lo suficientemente fuerte como para ser escuchada por el resto del cuerpo? En otras palabras, ¿el acto de enderezar los dientes causa una inflamación mensurable en todo el cuerpo que podría afectar la salud general de un paciente?

Para responder a esto, un equipo de investigadores del Colegio de Odontología de Rehman llevó a cabo una revisión rigurosa de la mejor evidencia científica disponible. Buscaron ensayos controlados aleatorizados, que son el estándar de oro de la investigación médica porque comparan grupos de personas bajo condiciones estrictas para aislar los efectos de un tratamiento. Su objetivo era encontrar estudios que midieran marcadores inmunológicos específicos en pacientes sometidos a tratamiento ortodóncico. Querían ver si estos marcadores, que actúan como banderas de inflamación, aumentaban significativamente en el torrente sanguíneo o si los cambios permanecían confinados a la boca. Tras filtrar cientos de registros y aplicar criterios estrictos, encontraron solo tres ensayos de alta calidad que cumplían con sus estándares. Estos estudios involucraron a 70 participantes, que iban desde niños hasta adultos jóvenes, y examinaron cómo reaccionaba el cuerpo a las fuerzas utilizadas para mover los dientes.

Los resultados de esta revisión revelaron un límite claro entre la boca y el resto del cuerpo. Ninguno de los tres estudios midió la sangre, el plasma o la saliva en busca de signos de inflamación sistémica. En su lugar, cada uno de los estudios recolectó fluido directamente del pequeño espacio entre el diente y la encía, conocido como fluido crevicular gingival. Este fluido es un exudado local, lo que significa que refleja lo que está sucediendo inmediatamente alrededor de ese diente específico, de forma muy similar a como un charco refleja la lluvia que cae sobre un solo techo en lugar del clima en toda la ciudad. Debido a que ningún estudio analizó la sangre circulante, los investigadores no pudieron determinar si el tratamiento ortodóncico causa una respuesta inflamatoria en todo el cuerpo. La cuestión de si enderezar los dientes afecta la salud sistémica general sigue sin respuesta por la evidencia aleatorizada actual.

Lo que los estudios sí encontraron fue una reacción distinta y temporal justo en el sitio del movimiento dental. Cuando se aplicó un estímulo agudo, como la colocación de un separador de goma entre los dientes para crear espacio, la concentración local de una proteína llamada interleucina-1 beta aumentó bruscamente. Este pico ocurrió rápidamente, alcanzando su punto máximo apenas un día después de aplicada la fuerza, y luego volvió a niveles normales en el plazo de una semana. Otro marcador, el factor de necrosis tumoral alfa, mostró un patrón diferente dependiendo del tipo de tratamiento. En un estudio que involucró una extracción quirúrgica seguida de un tapón de curación especial, este marcador aumentó significativamente una y dos semanas después del procedimiento antes de volver a su nivel basal. En otro estudio que utilizó una fuerza continua para empujar un diente hacia atrás, el aumento de este mismo marcador no apareció hasta 28 días después. Estos hallazgos sugieren que el tiempo de la respuesta química depende en gran medida de la naturaleza de la fuerza y del tipo de lesión o movimiento, creando una inflamación local y autolimitada que se resuelve por sí sola.

Los investigadores también investigaron si el uso de fuerzas más fuertes aceleraría el proceso o crearía una reacción más intensa. Compararon una fuerza ligera de 75 gramos contra una fuerza más pesada de 150 gramos. Contrario a lo que se podría esperar, la fuerza más pesada no produjo un mayor aumento en los marcadores inflamatorios, ni movió los dientes más rápido. De hecho, los dientes se movieron a casi la misma velocidad independientemente de la fuerza aplicada. En algunos casos, la fuerza mayor resultó en niveles más bajos de ciertas señales químicas en el sitio de presión después de 24 horas. Esto indica que presionar más fuerte no necesariamente hace que la maquinaria biológica trabaje más rápido o con más intensidad, y ciertamente no garantiza un resultado más eficiente.

En última instancia, esta revisión resalta una brecha significativa en nuestro conocimiento. Si bien sabemos que mover los dientes provoca una inflamación temporal y localizada en las encías que alcanza su punto máximo en pocos días y se desvanece en pocas semanas, aún no sabemos si esta actividad local se traduce en un efecto sistémico. La evidencia disponible es limitada porque ningún ensayo de alta calidad ha medido aún los marcadores inflamatorios en la sangre de pacientes sometidos a tratamiento ortodóncico. Hasta que se realicen tales estudios, la idea de que la terapia ortodóncica desencadena una respuesta inflamatoria en todo el cuerpo sigue siendo una pregunta abierta, no un hecho probado. Los datos actuales confirman que la boca reacciona al trabajo que se está realizando, pero no nos dicen si el resto del cuerpo se entera.

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