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The importance of wellbeing frameworks for understanding valued outcomes in Māori adult literacy learning: Evidence over time

Este artículo sostiene que los marcos liderados por Māori y fundamentados en su cultura, que priorizan a la whānau y los valores indígenas, son esenciales para comprender y lograr resultados significativos de bienestar en el aprendizaje de la alfabetización de adultos, lo que requiere un cambio en la política de alfabetización de Nueva Zelanda para centrar las perspectivas Māori.

Autores originales: Jane Furness, Bridgette Masters-Awatere, Neville Robertson

Publicado 2026-10-08
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Jane Furness, Bridgette Masters-Awatere, Neville Robertson

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En Nueva Zelanda, el concepto de alfabetización se extiende mucho más allá de la capacidad de leer una oración o escribir un cheque. Para el pueblo indígena maorí, la lectura y la escritura están profundamente tejidas en el tejido de la vida familiar, la identidad cultural y la conexión espiritual con la tierra. Cuando los adultos regresan a la escuela para mejorar estas habilidades, su éxito a menudo depende de si el entorno de aprendizaje respeta su historia y sus valores. Esta es la cuestión central explorada por investigadores que han pasado décadas estudiando cómo los adultos maoríes experimentan la educación. No solo buscan puntajes en exámenes; están investigando cómo aprender a leer y escribir puede sanar heridas del pasado, fortalecer los lazos familiares y restaurar un sentido de pertenencia. Su trabajo desafía la idea común de que la educación es simplemente una herramienta para conseguir un empleo, proponiendo en cambio que, para muchos, el verdadero valor del aprendizaje reside en su poder para mejorar el bienestar general y reconectar a las personas con sus comunidades.

Para entender esto, uno debe observar dos periodos distintos de investigación. El primer estudio tuvo lugar a mediados de la década de 2000 y contó con diecinueve estudiantes adultos. Un segundo estudio, más reciente, siguió a veinte participantes entre 2019 y 2024. Ambos grupos consistían principalmente en adultos maoríes que participaban en programas de alfabetización comunitaria. Los investigadores no trataron a estos estudiantes como recipientes vacíos esperando ser llenados de información. En su lugar, abordaron el trabajo con un marco específico que ve a las personas como seres culturales complejos con fortalezas existentes, en lugar de como problemas que deben ser corregidos. Esta perspectiva, conocida como un enfoque basado en las fortalezas, asume que los adultos aportan valiosas experiencias de vida, conexiones familiares y conocimientos culturales al aula. Los investigadores querían ver si las lecciones aprendidas en la década anterior seguían siendo válidas una generación después, y si la forma en que se diseñaron estos programas realmente importaba para la vida de los estudiantes.

Los investigadores compararon los hallazgos de ambos periodos de tiempo para ver qué hacía que estos programas funcionaran. Encontraron que los programas más exitosos eran aquellos que colocaban a la familia, o whānau, en el centro mismo del proceso de aprendizaje. En estos entornos, la alfabetización no se enseñaba como una habilidad solitaria, sino como una actividad social. Por ejemplo, un participante llamado Matiu, a quien se le había dicho que no podía leer, encontró que su confianza regresaba cuando era capaz de leer cuentos a su nieto. Otra participante, Tuhoro, utilizó sus nuevas habilidades digitales para tomar una foto de una brecha de seguridad en tierras tribales y enviar inmediatamente un correo electrónico a un anciano, usando su alfabetización para proteger a su comunidad. Estos momentos no se trataban solo de dominar el inglés; se trataba de usar las nuevas habilidades para cuidar a otros y participar en el mundo de maneras que resultaran significativas para los estudiantes.

Un descubrimiento crucial fue que los valores de los profesores y de los estudiantes debían alinearse. Cuando el personal del programa adoptaba prácticas culturales maoríes, como el uso de la lengua maorí, el respeto por las jerarquías familiares y la creación de un ambiente cálido y no amenazante, los estudiantes prosperaban. Esta alineación actuó como un poderoso facilitador. Ayudó a los participantes a superar barreras profundamente arraigadas, incluyendo el trauma pasado, el racismo y el miedo al fracaso que a menudo proviene de experiencias escolares negativas. La investigación mostró que cuando los estudiantes se sentían seguros y respetados, estaban más dispuestos a asumir riesgos y a comprometerse profundamente con el material. Esto era cierto no solo para los participantes maoríes, sino también para los estudiantes no maoríes en los mismos programas, lo que sugiere que un enfoque culturalmente fundamentado beneficia a todos.

El estudio también destacó la importancia de lo que los investigadores llaman "alfabetización de sistemas". Esta es la capacidad de comprender y navegar sistemas burocráticos complejos, como agencias gubernamentales o escuelas. Una participante, Huria, tuvo dificultades para asegurar el financiamiento para su hijo neurodiverso porque el sistema era difícil de decodificar. A través del programa, aprendió a abogar por su hijo, convirtiendo un laberinto confuso de reglas en un camino manejable. Otra participante, Koha, que había sobrevivido a la violencia doméstica y a la vida de las pandillas, utilizó su creciente alfabetización emocional para priorizar su propio bienestar, dándose cuenta de que tenía que cuidarse a sí misma antes de poder cuidar a sus hijos. Estos ejemplos muestran que la alfabetización es una herramienta para navegar la vida, no solo para aprobar exámenes.

La comparación entre los dos estudios confirmó que los principios de la investigación anterior seguían siendo válidos. El camino hacia el bienestar no es una línea recta; es un viaje complejo influenciado por la historia de una persona, sus circunstancias actuales y el apoyo que recibe. Los investigadores encontraron que los programas más efectivos eran aquellos que reconocían la plena humanidad del estudiante. Reconocían que los adultos son multifacéticos, que son seres culturales y que sus necesidades humanas deben ser atendidas antes de que puedan aprender eficazmente. El estudio argumentó explícitamente en contra de la idea de que la alfabetización es meramente un conjunto de habilidades técnicas para la productividad económica. En cambio, demostró que cuando la educación se arraiga en los valores culturales y las conexiones familiares, conduce a resultados mucho más profundos: sanación, empoderamiento y un renovado sentido de propósito.

En última instancia, los investigadores concluyeron que, para que la educación de alfabetización de adultos sea verdaderamente exitosa para los maoríes, y de hecho para cualquier grupo indígena, debe ser liderada por las propias personas. Los hallazgos sugieren que las políticas gubernamentales deben alejarse de un enfoque estrecho en las habilidades y la independencia hacia una visión más amplia que valore las relaciones, la identidad cultural y el bienestar integral. Al centrar la familia y honrar las formas únicas de ser y aprender que existen dentro de la comunidad, los educadores pueden crear espacios donde los adultos se sientan vistos y valorados. Este enfoque no solo enseña a la gente a leer; les ayuda a leer sus propias vidas y el mundo que los rodea con claridad y confianza. La evidencia de estas dos décadas de estudio ofrece un camino claro a seguir: cuando la educación respeta a la persona completa, los resultados son transformadores.

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