Nasogastric tube migration through a distal esophageal perforation into the pleural space in a nonagenarian woman with recurrent empyema: a case report
Este reporte de caso describe un caso poco común de una sonda nasogástrica que migró a través de una perforación esofágica distal hacia el espacio pleural derecho en una mujer de 90 años, causando un empiema recurrente que fue manejado con éxito mediante reparación quirúrgica urgente y decorticación, lo que subraya la necesidad crítica de verificar la colocación de la sonda y abordar prontamente las comunicaciones gastrointestinales-pleurales.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
En las unidades de cuidados críticos de los hospitales de todo el mundo, un simple tubo de plástico es un salvavidas para los pacientes que no pueden comer por sí mismos. Este tubo, conocido como sonda nasogástrica, se introduce a través de la nariz, baja por la garganta y llega al estómago para administrar alimentos líquidos y medicamentos. Debido a que el tubo pasa por el cuello y el pecho, cerca de los pulmones, los médicos deben estar seguros de que ha llegado al estómago y no se ha desviado hacia las vías respiratorias o el espacio que rodea los pulmones. Si el tubo se coloca incorrectamente y se bombea alimento a través de él, ese alimento puede derramarse en la cavidad torácica, causando una infección grave y problemas respiratorios. Aunque los equipos médicos tienen reglas estrictas para verificar la posición del tubo, los errores aún pueden ocurrir, especialmente en pacientes de edad avanzada que pueden tener dificultades para tragar o alteración de la conciencia. Las consecuencias de tal error pueden ser potencialmente mortales, convirtiendo un procedimiento rutinario en una crisis médica compleja.
Esta historia comienza con una mujer de noventa años que fue trasladada a un hospital en Riad, Arabia Saudita, en octubre de 2023. Tenía antecedentes de hipertensión arterial, diabetes, enfermedad renal y un accidente cerebrovascular previo que la dejó con un deterioro neurológico severo. Estaba postrada en cama, tenía una traqueostomía para ayudarla a respirar y dependía de una máquina para ventilar sus pulmones. También tenía una sonda nasogástrica que había sido insertada en un hospital diferente el mes anterior. Cuando llegó a la nueva instalación, estaba estable pero presentaba una infección grave en el espacio alrededor de su pulmón derecho, conocida como empiema. Un tubo que drenaba líquido de su pecho estaba extrayendo pus, pero el equipo médico notó algo extraño en el líquido. Parecía y olía como la fórmula líquida utilizada para la alimentación, lo que sugería que la sonda de alimentación no estaba en su estómago en absoluto, sino que de alguna manera se había filtrado hacia su pecho.
Una tomografía de su tórax confirmó la aterradora realidad. La punta de la sonda de alimentación había perforado un agujero en la parte inferior de su esófago, el conducto que transporta los alimentos desde la garganta hasta el estómago. En lugar de detenerse en el estómago, la sonda había atravesado la pared del esófago y se había desplazado directamente hacia el lado derecho de su cavidad torácica. Esta brecha permitió que el alimento líquido se derramara fuera del sistema digestivo y hacia el espacio que rodea al pulmón, creando una conexión directa entre el intestino y el tórax. La infección era grave y la paciente requería una acción inmediata y coordinada de un equipo de especialistas, incluyendo médicos de cuidados intensivos y cirujanos.
El 14 de octubre, la paciente se sometió a una cirugía urgente. Los cirujanos abrieron su pecho para reparar el agujero en el esófago y para limpiar el líquido infectado y el tejido cicatricial que se había acumulado alrededor de su pulmón. También colocaron un nuevo drenaje para ayudar a eliminar cualquier líquido restante. Después de la operación, se mantuvo sin recibir alimentos ni bebidas por vía oral y recibió toda su nutrición a través de una vía intravenosa. Su equipo médico trató la infección con potentes antibióticos y medicamentos antifúngicos. Unos días después, intentaron comprobar si el agujero en su esófago había sanado haciendo que tragara un líquido especial que se hace visible en las radiografías, pero los resultados no fueron claros. Una tomografía de seguimiento planteó la preocupación de que el líquido pudiera seguir filtrándose. Para estar absolutamente seguros, los médicos utilizaron una cámara para mirar directamente dentro de su garganta y esófago. Este examen mostró que no había una fuga activa, confirmando que la reparación se había mantenido.
Con la seguridad de la reparación confirmada, el equipo reinició lentamente su alimentación a través de la sonda, y ella la toleró bien. A finales de octubre, estaba estable y podía recibir nutrición a través de la nariz nuevamente, aunque seguía dependiendo de la máquina de respiración a través de su traqueostomía debido a su condición neurológica preexistente. El caso resalta una lección crítica para la atención médica: cuando el líquido que drena de un tubo de pecho tiene la apariencia de alimento líquido, es una señal de que algo está peligrosamente mal. En este caso, la apariencia inusual del drenaje condujo a un diagnóstico que salvó la vida de la paciente. Los médicos concluyeron que, si bien la colocación de una sonda de alimentación es un procedimiento común, verificar su posición con una tomografía antes de su uso es esencial, especialmente en pacientes vulnerables. Cuando una sonda termina en el lugar equivocado, puede causar una contaminación catastrófica, y repararlo requiere una intervención quirúrgica rápida y decisiva para limpiar la infección y sellar la brecha.
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