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The aggregation of Total Factor Productivity (TFP) from micro to macro: evidence from Mexico, 1998-2023

Este estudio analiza la Productividad Total de los Factores (PTF) de México desde 1998 hasta 2023, revelando que, si bien la PTF agregada fluctúa con los ciclos económicos y varía por región y sector, el crecimiento a largo plazo es impulsado primordialmente por los nuevos entrantes al mercado en lugar de los establecimientos supervivientes, los cuales no han logrado recuperarse plenamente de la crisis financiera de 2008.

Autores originales: Alejandro Ramirez-Guerra

Publicado 2026-10-13
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Alejandro Ramirez-Guerra

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El crecimiento económico se mide a menudo por cuánto produce un país, pero el verdadero motor de la prosperidad a largo plazo es algo más sutil: qué tan eficientemente utiliza una nación sus recursos. Este concepto, conocido como productividad total de los factores, va más allá de los insumos simples como el número de trabajadores o la cantidad de maquinaria para plantear una pregunta más profunda: ¿están las empresas obteniendo más de lo que tienen? Cuando una fábrica produce más con la misma cantidad de acero y mano de obra, o cuando una tienda atiende a más clientes sin contratar personal adicional, la economía se vuelve más productiva. Esta eficiencia es la diferencia entre un país que se estanca y uno que prospera. Durante décadas, México ha luchado por salir de un patrón de crecimiento lento, una situación que los economistas llaman la "trampa del ingreso medio", donde una nación se queda estancada porque no puede mejorar su eficiencia lo suficientemente rápido como para competir con las economías más ricas. Comprender de dónde proviene esta eficiencia, y dónde falla, es esencial para diseñar políticas que puedan impulsar a todo el país hacia adelante.

Un estudio reciente de Alejandro Ramírez-Guerra, de la Newcastle University Business School, ofrece una nueva perspectiva sobre este problema al examinar el latido económico de México durante un periodo de veinticinco años, de 1998 a 2023. En lugar de depender de promedios nacionales generales, el investigador profundizó en los registros detallados de millones de empresas individuales, desde pequeñas tiendas de la esquina hasta enormes refinerías de petróleo. Al rastrear estos establecimientos a lo largo del tiempo, el estudio revela cómo ha cambiado la productividad general del país, qué industrias específicas están impulsando ese cambio y cómo la constante rotación de empresas que abren y cierran afecta la salud económica de la nación. Los hallazgos pintan un cuadro de una economía profundamente desigual, donde el éxito del conjunto depende en gran medida de unos pocos sectores específicos y de la llegada constante de nuevas y eficientes empresas, mientras que las empresas que han existido por más tiempo están, de hecho, lastrando el progreso.

Los datos, extraídos del censo económico nacional de México, permiten una visión granular del panorama económico del país. Cuando el investigador agregó el desempeño de todas estas empresas individuales, surgió un patrón claro respecto al momento de la productividad. La eficiencia general de las empresas mexicanas aumentó hasta alcanzar un máximo en 2003, pero luego sufrió una fuerte caída durante la crisis financiera global de 2008. Hubo un periodo de recuperación en los años siguientes, pero los niveles de productividad en 2023 aún no habían regresado a esos máximos previos a la crisis. Esta fluctuación sugiere que la eficiencia económica del país está estrechamente vinculada al ciclo económico general, cayendo durante las recesiones y luchando por recuperarse plenamente después de ellas. El estudio también destaca que esta historia no es la misma en todo el país. La productividad varía enormemente dependiendo de dónde se mire, con algunos estados desempeñándose significativamente mejor que otros.

Los estados con los niveles de productividad más altos se dividen en dos grupos distintos. Un grupo, ubicado en el sureste, incluye estados como Tabasco y Campeche. Su alta eficiencia es impulsada en gran medida por la extracción de petróleo y gas, un sector que se beneficia de los recursos naturales del país. El otro grupo incluye estados como Nuevo León y Querétaro, los cuales están impulsados por sectores dinámicos de comercio y manufactura. Estas áreas muestran cómo diferentes motores económicos pueden impulsar el éxito: uno a través de la riqueza natural y el otro a través de la concentración del comercio e la industria. A un nivel más local, el estudio encontró que, dentro de estos estados productivos, las ciudades más eficientes son a menudo las que elevan las cifras de todo el estado. Sin embargo, el panorama es complejo; un estado puede verse bien en promedio, pero ese promedio puede ocultar una amplia brecha entre sus ciudades más eficientes y sus zonas rurales con dificultades.

Al observar industrias específicas, los resultados desafían algunas suposiciones comunes sobre lo que impulsa una economía. Los sectores con los niveles de productividad más altos no son las industrias manufactureras pesadas asociadas a menudo con el poder industrial, sino el comercio y la extracción de recursos. El comercio al por mayor y al por menor, junto con la minería y la extracción de petróleo, mantuvieron niveles de eficiencia elevados de manera constante durante el periodo de estudio. En contraste, el sector manufacturero, que emplea a una gran cantidad de personas, se sitúa en realidad en el nivel inferior de productividad. Esto sugiere que México ha experimentado un cambio estructural donde la economía se mueve hacia los servicios y el comercio, pero el sector manufacturero no ha mantenido el ritmo en términos de eficiencia. El sector petrolero, aunque altamente productivo, enfrenta sus propios desafíos; su dominio está ligado a la producción de una empresa estatal y, a medida que las reservas de petróleo disminuyen y el mundo avanza hacia nuevas fuentes de energía, este sector podría ya no ser capaz de cargar con el peso del crecimiento de la productividad nacional por sí solo.

Quizás la parte más reveladora del estudio proviene del análisis de cómo las empresas entran y salen del mercado. El investigador desglosó el crecimiento de la productividad para ver qué estaba sucediendo con las empresas que sobrevivieron, las nuevas que abrieron y las que cerraron. Los resultados fueron sorprendentes: las empresas que permanecieron en el mercado durante todo el periodo contribuyeron negativamente al crecimiento de la productividad del país. Estas, en promedio, se volvieron menos eficientes con el tiempo. El motor del progreso fue, en cambio, las nuevas empresas que entraron al mercado. Estas recién llegadas aportaron una mayor eficiencia y elevaron las cifras generales. Sin embargo, esta dinámica se vio severamente interrumpida por la crisis financiera de 2008. Durante ese periodo, incluso las nuevas empresas tuvieron dificultades, y las existentes experimentaron una fuerte caída en su desempeño. Desde entonces, las empresas antiguas y sobrevivientes no han recuperado plenamente su capacidad para impulsar el crecimiento, dejando a la economía dependiente de la llegada constante de nuevas y más eficientes firmas para compensar la diferencia.

Esta dependencia de los nuevos participantes mientras las firmas antiguas se estancan apunta a un tipo específico de fricción económica. El estudio sugiere que la economía mexicana se caracteriza por un ciclo disfuncional donde las empresas improductivas son capaces de sobrevivir y permanecer en el mercado, mientras que los recursos no se están reasignando eficientmente hacia las firmas más productivas. No se trata solo de que las nuevas empresas sean mejores; también es una cuestión de que las antiguas no logran mejorar o salir del mercado. Los datos indican que la crisis de 2008 dejó una cicatriz duradera, impidiendo que las empresas establecidas recuperaran su impulso. Para los responsables de la política pública, esto ofrece una dirección clara: las estrategias para impulsar la economía no pueden basarse únicamente en la esperanza de que las empresas existentes mejoren. En su lugar, deben enfocarse en crear un entorno donde los recursos puedan fluir más libremente hacia las nuevas y eficientes empresas y donde se eliminen las barreras que mantienen a las firmas improductivas en el mercado. El camino para romper la trampa del ingreso medio reside en arreglar estas dinámicas subyacentes de cómo las empresas sobreviven, crecen y compiten.

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