External Audit Quality, Corporate Governance and ESG Disclosure Credibility: Moderating Evidence from Listed Firms in Sub-Saharan Africa
Este estudio de 157 empresas cotizadas en el África subsahariana encuentra que ni el gobierno corporativo ni la calidad de la auditoría externa mejoran significativamente la credibilidad de las divulgaciones ESG, un resultado atribuido a los vacíos institucionales y a las brechas en la aplicación regulatoria que conducen a un desacoplamiento entre el cumplimiento formal y la información sustantiva.
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En el mundo empresarial moderno, se pide cada vez más a las empresas que hagan algo más que informar sobre sus beneficios. Se espera que revelen cómo tratan al medio ambiente, cómo gestionan a sus empleados y cómo contribuyen a la sociedad. Esta colección de información no financiera se conoce como informes ESG, que significan Ambiental, Social y de Gobernanza. Para los inversores y el público, estos informes pretenden ser una ventana al verdadero carácter y la salud a largo plazo de una empresa. Sin embargo, ha surgido un problema significativo: el hecho de que una empresa escriba un informe extenso no significa que la información en su interior sea digna de confianza. Las empresas podrían resaltar sus mejores momentos mientras ocultan sus fracasos, o podrían cambiar sus historias de un año a otro para parecer mejores de lo que son. Esta brecha entre lo que una empresa promete y lo que realmente hace se denomina brecha de credibilidad. Para solucionar esto, muchos creen que unas reglas internas sólidas, conocidas como gobierno corporativo, y los controles cuidadosos de auditores externos deberían actuar como un escudo, asegurando que lo que se escribe en la página coincida con la realidad.
Un equipo de investigadores se propuso probar si estos escudos realmente funcionan en el África subsahariana. Se centraron en empresas que cotizan en los cuatro mercados financieros más activos de la región: Ghana, Kenia, Nigeria y Sudáfrica. Los investigadores recopilaron una enorme cantidad de datos a mano, leyendo miles de informes anuales y de sostenibilidad de 157 empresas diferentes durante un periodo de diez años, de 2015 a 2024. No se limitaron a contar cuántas palabras escribían las empresas; en su lugar, construyeron una puntuación específica para medir la credibilidad. Esta puntuación analizaba tres aspectos: qué tan amplia era la información reportada, si la empresa equilibraba sus historias ambientales, sociales y económicas de manera igualitaria, y si la empresa contaba una historia consistente de un año a otro sin cambios erráticos. Luego, compararon estas puntuaciones de credibilidad contra la fuerza de las estructuras de gobierno interno de las empresas y la reputación de los auditores externos que revisaron su trabajo.
Los resultados de esta investigación fueron sorprendentes y desafiaron una suposición común. Los investigadores descubrieron que tener una estructura de gobierno interno sólida no conducía automáticamente a informes ESG más creíbles. Si bien las empresas con mejores reglas de gobierno tendían a escribir más, la calidad y la confiabilidad de lo que escribían no mejoraban significamente. De hecho, el vínculo estadístico entre el buen gobierno y la información creíble era tan débil que no podía distinguirse del azar. Esto sugiere que, en estos mercados específicos, las empresas pueden estar adoptando reglas de gobierno formales para parecer legítimas ante los inversores, sin que dichas reglas cambien realmente la forma en que informan sobre sus esfuerzos de sostenibilidad. Los controles y equilibrios internos que supuestamente deberían impedir que los directivos exageren sus credenciales ecológicas parecen ser ineficaces en este contexto.
El estudio también analizó el papel de los auditores externos, específicamente las grandes y conocidas firmas internacionales a menudo llamadas las "Big Four". La idea era que estos auditores podrían actuar como una segunda capa de protección, reforzando el trabajo de la junta interna y asegurando que los informes de sostenibilidad fueran honestos. Los investigadores probaron si las empresas auditadas por estas firmas de prestigio tenían informes más creíbles que aquellas auditadas por firmas locales más pequeñas. Los datos no mostraron tal beneficio. La presencia de un auditor externo prestigioso no hacía que las reglas de gobierno funcionaran mejor, ni impulsaba de forma independiente la credibilidad de los informes. La relación entre el gobierno interno y la auditoría externa, que funciona bien en algunas partes del mundo, no funcionó como un equipo complementario en el África subsahariana.
En lugar de encontrar un camino claro hacia una mejor información, el estudio apuntó hacia un problema más profundo conocido como vacío institucional. Este concepto describe una situación en la que las reglas formales existen en el papel, pero los sistemas necesarios para hacerlas cumplir son inexistentes o débiles. En los mercados estudiados, las empresas pueden seguir la letra de la ley para satisfacer los requisitos de cotización, pero sin una regulación fuerte o una cultura de rendición de cuentas genuina, estas reglas se convierten en una formalidad en lugar de una herramienta para la verdad. Los investigadores observaron que factores externos a la empresa, como la inflación económica o los cambios rápidos en el crecimiento del PIB, tenían una influencia más fuerte en la calidad de la información que las reglas internas. Cuando la economía era volátil, las empresas parecían priorizar menos la consistencia y el equilibrio de sus historias de sostenibilidad, centrándose en su lugar en la supervivencia financiera inmediata.
Las implicaciones de estos hallazgos son significativas para cualquiera que observe estos mercados. Sugiere que simplemente incentivar a las empresas a adoptar mejores códigos de gobierno o contratar a auditores famosos no resolverá, por sí solo, el problema de los informes de sostenibilidad engañosos. El estudio indica que la credibilidad de las divulgaciones ESG en esta región depende menos del nombre de la marca del auditor o del número de directores independientes en una junta, y más del entorno más amplio en el que operan esas empresas. Hasta que exista una infraestructura más sólida para hacer cumplir estos estándares y verificar las afirmaciones que hacen las empresas, los informes pueden seguir siendo voluminosos pero carecer de la profunda credibilidad que los inversores y el público necesitan para confiar. El camino a seguir requiere mirar más allá de las estructuras formales hacia los mecanismos reales que aseguran que las palabras de una empresa coincidan con sus acciones.
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