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Children with disabilities are left behind where schools promote physical activity: intervention-generated inequalities in a national survey of Chilean children and adolescents

Una encuesta nacional de niños chilenos revela que las medidas de promoción de la actividad física en las escuelas ensanchan inadvertidamente la brecha entre los niños con y sin discapacidad, ya que estas iniciativas benefician principalmente a sus pares no discapacitados mientras dejan a los niños con discapacidad más inactivos y sedentarios.

Autores originales: Josivaldo Souza-Lima, Dilan Galeano-Rojas, Maribel Parra-Saldías, Claudio Farías-Valenzuela, Andrés Godoy-Cumillaf, Pedro Valdivia-Moral

Publicado 2026-10-13
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Autores originales: Josivaldo Souza-Lima, Dilan Galeano-Rojas, Maribel Parra-Saldías, Claudio Farías-Valenzuela, Andrés Godoy-Cumillaf, Pedro Valdivia-Moral

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo de la salud pública, existe una esperanza persistente de que proporcionar recursos a todo el mundo elevará a toda la comunidad. La idea es que si las escuelas ofrecen mejores instalaciones deportivas, más entrenamiento y charlas de salud, todos los niños se beneficiarán por igual. Este enfoque asume que estos programas son herramientas neutrales, como un nuevo patio de juegos que cualquier niño puede usar. Sin embargo, los investigadores han temido durante mucho tiempo una posibilidad diferente: que programas bienintencionados podrían, en realidad, ampliar la brecha entre los más aventajados y los más vulnerables. Esto sucede cuando un programa funciona bien para aquellos que ya son capaces de participar, pero no logra llegar a quienes enfrentan barreras adicionales, dejándolos más rezagados que antes. Este fenómeno, conocido como desigualdad generada por la intervención, sugiere que el simple hecho de añadir más oportunidades no garantiza la equidad. La pregunta radica en si los mismos lugares diseñados para ayudar a los niños a moverse están, inadvertidamente, ayudando a algunos mientras dejan atrás a otros.

Un estudio reciente en Chile investigó precisamente esta cuestión, analizando cómo los programas de actividad física basados en la escuela afectan a los niños con discapacidades en comparación con sus pares. Los investigadores analizaron datos de más de 4.000 niños y adolescentes, examinando si la presencia de instalaciones deportivas escolares, talleres y charlas de salud cambió los niveles de actividad de los niños con discapacidades. Encontraron un patrón sorprendente y preocupante. En las escuelas que no tenían medidas especiales de promoción para la actividad física, los niños con discapacidades eran tan activos como los niños sin discapacidades. No hubo una brecha en su participación en deportes organizados, ni en cuánto tiempo pasaban siendo inactivos. Sin embargo, la situación cambió drásticamente en las escuelas que sí contaban con estas medidas de promoción.

En las escuelas con estos programas, la brecha apareció y creció. Los niños con discapacidades tenían significativamente menos probabilidades de unirse a equipos o clubes deportivos organizados que sus compañeros. Mientras que los niños sin discapacidades vieron aumentar sus niveles de actividad en estos entornos, los niños con discapacidades no experimentaron el mismo impulso. De hecho, en las escuelas con más medidas de promoción, los niños con discapacidades tenían muchas más probabilidades de ser inactivos y de pasar largas horas sentados quietos. El estudio mostró que por cada medida adicional que una escuela añadía, la brecha entre los dos grupos se ensanchaba. Este no fue un caso de que los niños con discapacidades carecieran de acceso a las escuelas; de hecho, era más probable que asistieran a escuelas que contaban con estas instalaciones y programas. El problema no era que los recursos faltaran, sino que los recursos no estaban funcionando para ellos.

Los investigadores descubrieron que esta desigualdad no estaba presente en los niños más pequeños, pero se hizo muy evidente en los adolescentes. Entre los niños de cinco a once años, los programas no crearon una brecha. Pero para aquellos de doce a diecisiete años, la diferencia era absoluta. En las escuelas con medidas de promoción, los adolescentes con discapacidades tenían la mitad de probabilidades de participar en deportes organizados que sus pares, y tenían más del doble de probabilidades de ser inactivos. Los programas parecían ayudar a los adolescentes que ya eran capaces de participar, mientras que los adolescentes con discapacidades quedaban aún más rezagados. El estudio también encontró que la brecha era más pronunciada en actividades que ocurrían fuera de la escuela, como unirse a clubes deportivos locales, en lugar de en los propios talleres escolares. Esto sugiere que el entorno creado por estas escuelas fomenta la participación para algunos, pero no logra crear un camino que otros puedan seguir.

Los hallazgos desafían la suposición de que los programas universales son automáticamente inclusivos. Los datos indican que cuando las escuelas añaden más talleres deportivos, gimnasios y charlas de salud, los beneficios fluyen desproporcionadamente hacia los niños sin discapacidades. Los niños con discapacidades, que ya están en desventaja, no ven la misma mejora. En cambio, terminan pasando más tiempo sentados y moviéndose menos en comparación con sus compañeros en las mismas escuelas. Los investigadores enfatizan que esto no se debe a que las escuelas estén excluyendo a estos niños, sino a que el diseño de los programas no tiene en cuenta sus necesidades específicas. El estudio concluye que simplemente contar cuántas escuelas tienen un gimnasio o un programa deportivo no es suficiente para medir el éxito. Para entender verdaderamente si estos programas están funcionando, los funcionarios deben observar si la brecha entre los niños con y sin discapacidades se está cerrando o ampliando. Sin diseños específicos que aseguren la inclusión, estos esfuerzos bienintencionados pueden estar haciendo más daño que bien al dejar atrás a los niños más vulnerables.

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