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📄 ciencias de la Tierra

Drivers of honeybee forage supply across contrasting land covers in forested Patagonia

Este estudio demuestra que en las regiones boscosas de la Patagonia, la estructura de la vegetación y el uso del suelo —particularmente la cobertura del dosel y la presión por pastoreo— son impulsores más fuertes de la composición y el origen del forraje de las abejas melíferas que los factores ambientales, donde una mayor cobertura del dosel favorece a las especies nativas y el pastoreo promueve las exóticas.

Autores originales: Jaime Salinas Sanhueza, Alejandro Huertas Herrera, Mónica Toro-Manríquez, Soraya Villagrán Chacón, Fernán Silva Labbé

Publicado 2026-10-19
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Jaime Salinas Sanhueza, Alejandro Huertas Herrera, Mónica Toro-Manríquez, Soraya Villagrán Chacón, Fernán Silva Labbé

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En los confines más australes del mundo, donde el aire es fresco y los bosques son ancestrales, existe una asociación silenciosa entre dos industrias muy diferentes. Por un lado, los productores ganaderos pastorean su ganado bovino y ovino a través de las colinas onduladas de la Patagonia. Por el otro, los apicultores cuidan sus colmenas, dependiendo del mismo paisaje para alimentar a sus abejas melíferas. Estas abejas, la abeja melífera occidental, son los polinizadores gestionados más importantes del mundo, y su supervivencia depende enteramente de las flores que encuentran cerca. Necesitan néctar para obtener energía y polen para obtener proteínas, recolectando estos recursos de las plantas que crecen en el suelo bajo ellas. Sin embargo, las plantas disponibles para las abejas no son estáticas; cambian dependiendo del clima, la altura del terreno y cómo los humanos utilizan el suelo. Cuando los agricultores pastorean sus animales, alteran la vegetación, a menudo eliminando árboles y arbustos para dar paso al pasto. Esto crea una pregunta compleja para los científicos y los gestores de tierras: ¿dictan el clima y la forma de la tierra qué flores encuentran las abejas, o es la forma en que las personas gestionan la tierra —a través del pastoreo y la preservación de los bosques— lo que importa más?

Para responder a esto, investigadores viajaron a la Región de Aysén en Chile, una vasta zona situada entre los 44 y 49 grados de latitud sur. Este paisaje es un mosaico de tres tipos distintos de terreno: densos bosques perennifolios que permanecen verdes durante todo el año, bosques caducifolios que pierden sus hojas en invierno y pastizales abiertos donde el ganado pasta libremente. El equipo estableció 363 parcelas de muestreo, cada una aproximadamente del tamaño de un pequeño parque, dispersas cerca de los principales apiarios donde viven las abejas. En cada parcela, no solo contaron las flores; midieron el peso real de las plantas que las abejas podrían utilizar. Cortaron la vegetación en pequeños cuadrados, la secaron en un horno y la pesaron para determinar la biomasa total, o suministro de alimento, disponible. También registraron las especies específicas de plantas, señalando si eran nativas de la región o introducidas de otros lugares, y rastrearon cuándo florecían. Junto con las plantas, los investigadores midieron la estructura física de la tierra, incluyendo cuánto bloqueaban el cielo las ramas de los árboles, la cantidad de hojas muertas en el suelo y la intensidad del pastoreo mediante el conteo de excrementos de animales. También recopilaron datos sobre el clima, como las temperaturas de verano y la lluvia, para ver si el clima era el principal motor de lo que crecía en cada lugar.

Los resultados revelaron un patrón claro y distintivo en cómo la tierra moldea el alimento disponible para las abejas. La composición del suministro floral era diferente en cada tipo de terreno. En los bosques perennifolios, el suministro de alimento estaba compuesto casi en su totalidad por plantas leñosas nativas, como árboles y arbustos, que proporcionaban una cantidad constante, aunque menor, de biomasa. En los bosques caducifolios, la mezcla era más variada, conteniendo tanto plantas leñosas nativas como algunas hierbas, incluidas aquellas traídas de otras partes del mundo. Pero en los pastizales abiertos, la historia cambiaba por completo. Aquí, el suministro estaba dominado por hierbas exóticas, principalmente plantas no nativas que prosperan en suelos abiertos y perturbados. La cantidad total de alimento disponible era mayor en estas áreas abiertas, donde la biomasa alcanzó aproximadamente los 15,2 kilogramos por hectárea, en comparación con unos 10,3 kilogramos en los bosques caducifolios y solo 6,6 kilogramos en los bosques perennifolios. A pesar de tener un peso total menor, los bosques ofrecían un tipo de valor diferente: un suministro rico en especies nativas que forman parte del ecosistema original.

El estudio encontró que, si bien el clima y la elevación jugaban un papel, la forma en que la tierra estaba estructurada y utilizada por los humanos tenía una influencia mucho más fuerte en lo que las abejas podían comer. El factor más significativo fue la cobertura del dosel, o cuánto terreno era sombreado por las ramas de los árboles. Donde el dosel era espeso y denso, la proporción de plantas exóticas y no nativas disminuía drásticamente. Por el contrario, donde el suelo estaba abierto y expuesto, y donde la presión de pastoreo del ganado era alta, el suministro se llenaba de hierbas exóticas. Los investigadores calcularon que la estructura de la vegetación y cómo se utilizaba explicaba el diez por ciento de las diferencias en las comunidades vegetales, mientras que los factores ambientales como la temperatura y la lluvia explicaban solo alrededor de un tres y medio por ciento. Esto sugiere que las decisiones que toman los gestores de la tierra —ya sea mantener los árboles en pie o permitir que los animales pasten intensamente— tienen un impacto más directo en la dieta de las abejas que el clima natural de la región.

Más allá de qué plantas estaban allí, el estudio también observó cuándo florecían estas plantas. En los bosques, la mayor parte del suministro de alimento aparecía durante la temporada alta de crecimiento en primavera, cuando los árboles y arbustos estaban más activos. En los pastizales abiertos, sin embargo, el tiempo era diferente. Aunque algunas plantas florecían en primavera, una gran parte del suministro de alimento provenía de hierbas que florecían más tarde en el año, durante los meses de verano, cuando los bosques estaban menos activos. Esto crea una oportunidad potencial para las abejas. Si un apiario se localiza donde existen tanto bosques como pastizales abiertos dentro del rango de vuelo de las abejas, estas podrían potencialmente alimentarse de las flores del bosque en la primavera y cambiar a las flores del pastizal en el verano. Este cambio estacional podría extender el tiempo que las abejas tienen acceso al alimento durante todo el año.

Los hallazgos ofrecen un camino práctico para equilibrar las necesidades de los agricultores y los apicultores en esta remota región. La investigación sugiere que mantener la cobertura del dosel en los bosques nativos es crucial para sostener un suministro de alimento dominado por especies nativas. Al mismo tiempo, la presencia de áreas abiertas proporciona un tipo de fuente de alimento diferente y complementaria que alcanza su punto máximo en una época distinta del año. El estudio no afirma que una cubierta terrestre sea mejor que la otra; más bien, destaca que la diversidad del paisaje en sí misma es un recurso. Al gestionar la tierra para preservar la estructura del bosque mientras se reconoce el papel de los pastizales abiertos, puede ser posible apoyar una población robusta de abejas sin sacrificar la producción agrícola. La conclusión clave es que el futuro del forraje de las abejas melíferas en la Patagonia no es solo una cuestión de esperar a que la lluvia o el sol hagan su trabajo, sino que está moldeado activamente por cómo se cuida y protege la tierra.

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