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📄 psychiatry and clinical psychology

Internet Addiction and its Associated Factors Among Undergraduate Students of Institute of Medicine, Nepal

Este estudio transversal de 211 estudiantes de pregrado en el Instituto de Medicina de Nepal revela que el 50% padece adicción al internet, identificándose el uso diario superior a cinco horas como un factor de riesgo significativo que aumenta la probabilidad de adicción 2.4 veces.

Autores originales: Lawaju, R., Man Shrestha, S.

Publicado 2026-09-09
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Autores originales: Lawaju, R., Man Shrestha, S.

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

Internet se ha convertido en el aire invisible que respiramos, una vasta red donde trabajamos, aprendemos, conectamos con amigos y nos evadimos en historias. Para los adultos jóvenes, este mundo digital es a menudo su principal patio de recreo y aula. Pero así como demasiado sol puede quemar la piel, demasiado tiempo en línea puede, a veces, convertir una herramienta útil en una carga pesosa. Los científicos lo llaman "adicción al internet", un estado en el que una persona siente que no puede controlar su impulso de conectarse, incluso cuando esto empieza a perjudicar su sueño, sus estudios o sus relaciones. No se trata simplemente de que le guste el internet; se trata de estar atrapado por él, pasando horas navegando o haciendo clic mientras el mundo real se desvanece en el fondo. Comprender quién cae en esta trampa y por qué es crucial, especialmente para los estudiantes que navegan por los años de alta presión de la vida universitaria.

En Nepal, un país que ha experimentado un rápido aumento de la conectividad digital, los investigadores querían ver cómo este fenómeno global se estaba manifestando localmente. Centraron su atención en los estudiantes de pregrado del Instituto de Medicina en Katmandú, un grupo conocido por sus intensas exigencias académicas. El equipo, liderado por Rima Lawaju y Sushan Man Shrestha, se propuso responder dos preguntas simples pero vitales: cuántos de estos estudiantes estaban luchando con el uso excesivo de internet y qué hábitos o circunstancias de vida específicos estaban vinculados a esa lucha. No buscaron una causa única, sino que examinaron una amplia gama de factores, desde la edad de los estudiantes y los ingresos familiares hasta las razones específicas por las que se conectaban y cuántas horas pasaban allí cada día.

Para encontrar las respuestas, los investigadores contactaron a 211 estudiantes de diversos programas médicos y de ciencias de la salud, incluyendo aquellos que estudian para ser médicos, enfermeros, farmacéuticos y dentistas. Pidieron a los estudiantes que completaran una encuesta detallada que cubría sus vidas diarias y su relación con la web. Una parte clave de esta encuesta fue una prueba estandarizada diseñada para medir la adicción al internet, que pide a las personas calificar con qué frecuencia experimentan ciertos sentimientos y comportamientos, como perder la noción del tiempo en línea o sentirse inquietos cuando no pueden acceder a internet. Las respuestas de los estudiantes fueron luego cuidadosamente clasificadas para ver quiénes caían en la categoría de uso normal, adicción leve, adicción moderada o dependencia severa.

Los resultados pintaron un cuadro claro y algo preocupante. Casi la mitad de los estudiantes encuestados mostraban signos de adicción al internet. Cuando los investigadores desglosaron esto, descubrieron que aproximadamente el 36,5% de los estudiantes presentaban una forma leve del problema, el 12,3% se encontraba en el rango moderado y un grupo pequeño pero significativo del 1,4% presentaba una dependencia severa. Esto significa que para uno de cada dos estudiantes, su uso de internet había cruzado la línea de una herramienta útil hacia un hábito problemático que podría estar afectando su bienestar. La edad promedio de los estudiantes era de poco más de 21 años, y la mayoría eran hombres, pero las tasas de adicción no parecían importar el género, la edad o el lugar donde vivían. Ya fuera que un estudiante estuviera soltero o en una relación, proviniera de una familia rica o modesta, o estudiara para ser cirujano o trabajador de salud pública, su riesgo de adicción parecía ser aproximadamente el mismo.

El estudio sí descubrió un factor poderoso que marcaba una diferencia real: la cantidad de tiempo dedicado a internet. Los investigadores descubrieron que los estudiantes que usaban internet por más de cinco horas al día tenían significativamente más probabilidades de ser adictos que aquellos que lo usaban por cinco horas o menos. De hecho, los datos mostraron que esos usuarios intensivos tenían más del doble de probabilidades de luchar con la adicción. Curiosamente, la velocidad de su conexión a internet o la razón específica por la que estaban en línea —ya fuera por redes sociales, ver películas, jugar o estudiar— no cambiaba el riesgo. Era simplemente la duración del hábito lo que más importaba.

Este hallazgo sugiere que el problema no es necesariamente lo que los estudiantes hacen en internet, sino cuánto tiempo permanecen allí. Los investigadores señalaron que, mientras otros estudios en diferentes partes del mundo han encontrado vínculos entre la adicción y cosas como el género o el trasfondo familiar, este grupo de estudiantes nepalíes no mostró tales patrones. La única señal clara era el reloj. El estudio reconoce que, debido a que los datos provienen de los propios informes de los estudiantes, existe la posibilidad de que algunos números sean ligeramente inexactos, y que el tamaño de la muestra se limitó a una universidad. Sin embargo, el mensaje permanece firme: para estos jóvenes académicos, la línea entre el uso útil y el dañino está trazada por la hora. Los investigadores concluyen que, sin intervención, este nivel de uso excesivo podría conducir a desafíos de salud mental más profundos, como la ansiedad y problemas de concentración, instando a la necesidad de que los estudiantes encuentren un ritmo más equilibrado en sus vidas digitales.

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