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The SCAMP Research Challenge programme: Co-developing research with young people for young people.

El Desafío de Investigación SCAMP demostró con éxito que el codesarrollo de la investigación con jóvenes a través de un programa liderado por pares no solo mejoró el reclutamiento y la recopilación de datos para el estudio de teléfonos móviles en adolescentes más grande del mundo, sino que también empoderó a los estudiantes con habilidades de investigación y fomentó un compromiso significativo y sostenido en la ciencia de la salud pública.

Autores originales: Curtis, N., Thompson, R., Cheng, L., Shen, C., Smith, R., Biswas-Evans, R., Di Simplicio, M., Toledano, M. B.

Publicado 2026-09-17
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Curtis, N., Thompson, R., Cheng, L., Shen, C., Smith, R., Biswas-Evans, R., Di Simplicio, M., Toledano, M. B.

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo moderno, el bienestar mental de los adolescentes es una preocupación apremiante para padres, profesores y médicos por igual. La adolescencia es una etapa de cambios profundos, donde el cerebro aún se está desarrollando y los jóvenes están navegando por paisajes sociales complejos. Durante décadas, los científicos han intentado comprender qué moldea la mente de un joven, desde el aire que respiran hasta las pantallas que contemplan. Un desafío importante en este campo ha sido cómo estudiar a los adolescentes de manera efectiva. La investigación tradicional a menudo trata a los jóvenes como sujetos pasivos, que simplemente proporcionan datos mientras los adultos diseñan las preguntas e interpretan las respuestas. Sin embargo, los expertos creen cada vez más que, para comprender verdaderamente la salud mental de la juventud, los investigadores deben involucrar a los jóvenes como socios activos. Este enfoque, conocido como participación pública y de los participantes, sugiere que cuando los jóvenes ayudan a dar forma a la investigación, los resultados se vuelven más relevantes, éticos e impactantes. La pregunta sigue siendo, sin embargo, si este modelo colaborativo puede funcionar a gran escala, no solo en pequeños grupos asesores, sino como un motor central para la recopilación de datos y la generación de nuevos descubrimientos científicos.

Un equipo de investigadores del Imperial College London se propuso probar esta idea a través de un programa llamado SCAMP Research Challenge. Trabajaron dentro del Estudio de la Cognición, Adolescentes y Teléfonos Móviles (SCAMP), que es el estudio más grande del mundo que rastrea cómo el uso del teléfono móvil afecta las mentes y la salud de los adolescentes. Después de que la pandemia dificultara el reclutamiento de estudiantes mediante métodos tradicionales, los investigadores necesitaron una nueva forma de conectar con las escuelas. Diseñaron un programa de un año de duración donde los estudiantes de secundaria en Londres no solo fueron invitados a completar encuestas, sino que fueron invitados a convertirse en coinvestigadores. El programa tenía cuatro objetivos claros: reclutar a más estudiantes para el estudio, ayudar a dirigir las sesiones de recolección de datos dentro de las escuelas, capacitar a los estudiantes para desarrollar sus propias preguntas de investigación utilizando los datos existentes del estudio, y trabajar con ellos para convertir esas preguntas en proyectos reales.

El programa se implementó a lo largo de dos años académicos, involucrando a diecinueve escuelas secundarias en todo el Gran Londres. En el primer año, doce escuelas participaron plenamente, mientras que en el segundo año, quince escuelas se unieron, algunas optando por centrarse únicamente en la parte de recolección de datos. El proceso comenzó con una sesión de lanzamiento donde los investigadores explicaron el estudio y capacitaron a los equipos de estudiantes sobre cómo organizar el reclutamiento y la recolección de datos. Estos equipos de estudiantes, compuestos por hasta ocho compañeros de cada escuela, tomaron el mando. Diseñaron sus propias campañas para animar a otros estudiantes a inscribirse, utilizando asambleas escolares y materiales digitales. Ayudaron a organizar la logística para el día en que los investigadores acudieran a recolectar datos, lo cual incluía cuestionarios en línea sobre salud y uso de tecnología, y muestras biológicas opcionales como saliva. En contrapartida por su participación, los estudiantes recibieron pequeños vales, pero los miembros del equipo de estudiantes no recibieron dinero por su trabajo de investigación; en su lugar, se sintieron motivados por la oportunidad de aprender, adquirir habilidades y ver su trabajo reconocido.

Los resultados de este enfoque liderado por pares fueron sorprendentes. A lo largo de los dos años, los equipos de estudiantes reclutaron con éxito a 1,982 nuevos participantes en el estudio. Esta cifra se logró en un periodo de tiempo más corto que los esfuerzos de reclutamiento previos liderados únicamente por investigadores. El método liderado por estudiantes resultó altamente efectivo porque los reclutadores eran pares que entendían la cultura escolar y podían hablar el mismo lenguaje que sus compañeros de clase. Las sesiones de recolección de datos transcurrieron sin problemas, con los estudiantes ayudando a gestionar el flujo de participantes e incluso recolectando algunas mediciones físicas bajo supervisión. Más allá del reclutamiento, el programa fomentó un profundo nivel de compromiso. Los equipos de estudiantes desarrollaron siete proyectos de investigación, que cubrían temas que les interesaban, como el vínculo entre el desplazamiento en redes sociales y el reconocimiento de emociones, la relación entre los videojuegos y las habilidades cognitivas, y cómo el uso de la tecnología digital podría afectar marcadores de salud física como el índice de masa corporal.

Estos proyectos liderados por estudiantes no se detuvieron en la etapa de propuesta. Los equipos seleccionados trabajaron estrechamente con investigadores universitarios para refinar sus ideas, aprender cómo buscar literatura científica existente y planificar cómo analizar los datos. Si bien el análisis estadístico final fue realizado por los investigadores debido a limitaciones técnicas, los estudiantes estuvieron involucrados en cada paso de la planificación e interpretación. Tres proyectos del primer año y cuatro del segundo año fueron elegidos para avanzar, y algunos ya han sido publicados o están preparados para su publicación en revistas académicas. El programa también creó un impacto duradero en los propios estudiantes. Los comentarios indicaron que los participantes se sintieron más seguros, mejoraron sus habilidades de comunicación y trabajo en equipo, y obtuvieron una comprensión más clara de las posibles trayectorias profesionales en ciencia y medicina. Varios estudiantes continuaron su participación en el estudio, uniéndose a grupos asesores o asumiendo roles de prácticas profesionales.

El éxito del SCAMP Research Challenge sugiere que integrar a los jóvenes como socios activos en la investigación no solo es posible, sino altamente beneficioso. Demostró que, cuando los estudiantes reciben una responsabilidad real, pueden impulsar el reclutamiento y la recolección de datos de manera más eficiente que los investigadores externos por sí solos. El programa también destacó la importancia de la reciprocidad; las escuelas y los estudiantes estuvieron más dispuestos a participar cuando la investigación ofrecía beneficios tangibles, como el desarrollo de habilidades y el reconocimiento, en lugar de solo pedir su tiempo. Sin embargo, los investigadores señalaron que el enfoque no estuvo exento de desafíos. Algunas escuelas enfrentaron obstáculos logísticos, y el método de selección de los equipos de estudiantes a través de nominaciones de los profesores a veces corría el riesgo de dejar fuera a estudiantes que podrían haber estado interesados pero que no eran muy conocidos por sus profesores. Las futuras iteraciones del programa pretenden hacer que el reclutamiento sea más transparente e inclusivo para asegurar que todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades de participar.

En última instancia, este trabajo muestra que la brecha entre la investigación académica y el mundo real puede cerrarse confiando en los jóvenes como cocreadores. Al ir más allá del papel de sujetos pasivos, el programa empoderó a los adolescentes para dar forma a las preguntas que se hacen sobre sus propias vidas y para contribuir directamente a las respuestas. Los hallazgos sugieren que este modelo de coproducción puede fortalecer los resultados científicos y, simultáneamente, formar a la próxima generación de investigadores y ciudadanos informados. Ofrece una forma escalable de mejorar la relevancia y el impacto de la investigación en salud pública, demostando que cuando los jóvenes son tratados como socios, la ciencia mejora y los participantes se van con algo más que un simple formulario de encuesta en sus manos.

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