Stance-taking through that-clauses in research article abstracts: A cross-disciplinary comparison of translated and non-translated English in applied linguistics and aerospace engineering
Este estudio basado en corpus revela que la expresión de la postura mediante cláusulas con «that» en los resúmenes de artículos de investigación varía significativamente entre la lingüística aplicada y la ingeniería aeroespacial, demostrando que los efectos de la traducción son contingentes a la disciplina en lugar de uniformes, ya que los textos traducidos exhiben cambios retóricos distintos influenciados tanto por las convenciones disciplinares como por la interferencia de la lengua origen.
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En el mundo global de la ciencia, el inglés se ha convertido en la lengua común, un puente que permite a investigadores desde Tokio hasta Nairobi compartir sus descubrimientos. Para los académicos cuya lengua materna no es el inglés, escribir en esta lengua académica presenta un desafío único. No solo deben transmitir datos complejos, sino también adoptar un estilo retórico específico: una forma de sonar seguros pero cautelosos, autoritarios pero abiertos al debate. Este estilo se conoce como "postura" (stance). Es el arte sutil de cómo un escritor se posiciona en relación con sus propias ideas, utilizando palabras específicas para mostrar si está seguro, si simplemente sugiere o si está argumentando un punto. Una de las herramientas más poderosas para esto es una estructura gramatical sencilla: un verbo o sustantivo seguido de la palabra "que" para introducir una afirmación, como "el estudio muestra que" o "está claro que". Estas pequeñas frases actúan como las bisagras sobre las cuales giran los argumentos científicos, señalando al lector cuánto peso debe otorgar a la información presentada.
Un nuevo estudio realizado por los investigadores Yi Liu e Yiheng Xia, de la Universidad Politécnica Northwest, investiga cómo este delicado acto de equilibrio cambia cuando la escritura científica se traduce del chino al inglés. Los investigadores estaban particularmente interesados en si el acto de la traducción suaviza el texto para que suene como un inglés nativo, o si deja tras de sí una huella distintiva del idioma original y del campo de estudio específico. Para averiguarlo, no examinaron un solo tipo de ciencia. En su lugar, compararon dos mundos muy diferentes: la lingüística aplicada, un campo centrado en el lenguaje humano y la comunicación donde las ideas suelen ser debatidas y matizadas, y la ingeniería aeroespacial, un campo centrado en máquinas y física donde los hechos suelen ser precisos y absolutos. Al analizar miles de resúmenes de investigación —los breves sumarios que aparecen al principio de cada artículo científico—, examinaron cómo los escritores en estos campos utilizan las frases con "que" tanto en su escritura original en inglés como en textos traducidos del chino.
Los investigadores reunieron una colección masiva de 2,000 resúmenes, divididos equitativamente entre las dos disciplinas y entre textos traducidos y no traducidos. Contaron meticulosamente cada instancia en la que un escritor utilizó un verbo, sustantivo o adjetivo para controlar una cláusula con "que", categorizando estas palabras según su significado. Algunas palabras expresaban certeza, como "mostrar" o "probar"; otras expresaban comunicación, como "argumentar" o "sugerir"; y algunas expresaban probabilidad o actitud. El objetivo era ver si el proceso de traducción hacía que los textos se parecieran más al inglés nativo, o si los hábitos profundamente arraigados del campo científico específico seguían siendo la fuerza dominante.
Lo que encontraron fue la historia de dos mundos diferentes, donde las reglas de la traducción se desarrollaron de formas opuestas. En el campo de la lingüística aplicada, los resúmenes traducidos sonaban notablemente diferentes de los originales en inglés nativo. Los investigadores observaron que, cuando los lingüistas traducían su trabajo del chino al inglés, utilizaban menos estas frases con "que" en general. Más importante aún, los textos traducidos carecían de la rica variedad de palabras utilizadas para expresar matices. Los lingüistas de inglés nativo utilizaban una amplia gama de verbos para argumentar, sugerir y proponer, creando un tono texturizado y conversacional. Las versiones traducidas, sin embargo, eran más escasas, dependiendo de un conjunto más estrecho de palabras y perdiendo de vista los sutiles movimientos retóricos que hacen que el campo se sienta como un debate animado. Era como si el proceso de traducción hubiera suavizado parte de la textura esencial del argumento, dejando un texto menos comprometido con el lector.
En marcado contraste, los resúmenes de ingeniería aeroespacial contaban una historia diferente. Aquí, los textos traducidos no perdieron su voz; en cambio, se volvieron aún más rígidamente enfocados en la certeza. En esta ciencia dura, los escritores de inglés nativo ya preferían palabras que señalaban hechos absolutos, como "mostrar" o "demostrar", porque el objetivo es presentar evidencia innegable. Los resúmenes traducidos siguieron este patrón pero fueron un paso más allá. Dependieron fuertemente de una sola palabra dominante: "mostrar". En los textos de ingeniería traducidos, esta única palabra representaba más de la mitad de todas las frases con "que" utilizadas. Mientras que los escritores de inglés nativo utilizaban una mezcla ligeramente más amplia de verbos para reportar sus hallazgos, los textos traducidos se concentraron casi por completo en este único término de certeza. El proceso de traducción aquí no introdujo variedad; reforzó un estilo altamente factual y estrecho, eliminando incluso la pequeña cantidad de flexibilidad comunicativa que existía en la escritura original en inglés.
El estudio sugiere que la traducción no es un proceso simple y uniforme. No se limita a convertir palabras de un idioma a otro; interactúa con los hábitos culturales e intelectuales profundos del campo específico. En las ciencias blandas como la lingüística, donde las ideas son fluidas y abiertas a la interpretación, la traducción pareció reducir la riqueza del argumento. En las ciencias duras como la ingeniería, donde la precisión es primordial, la traducción pareció amplificar la demanda de certeza absoluta, haciendo que el texto fuera más repetitivo y menos variado. Los investigadores concluyeron que la "huella digital" de un texto académico traducido está moldeada por una compleja negociación entre el idioma original, las elecciones del traductor y las estrictas expectativas de la propia disciplina científica.
Este descubrimiento es importante porque resalta una barrera oculta para los hablantes no nativos de inglés que intentan publicar su trabajo. Sugiere que simplemente traducir un artículo no es suficiente para que suene como una contribución nativa; el escritor o el traductor también debe comprender el estilo retórico específico del campo. Para los lingüistas, el desafío es preservar la matización y la variedad de su argumento durante la traducción. Para los ingenieros, el desafío es evitar volverse tan enfocados en la certeza que la escritura se vuelva repetitiva y pierda su conexión con el lector. El estudio ofrece un camino claro a seguir: la capacitación para escritores y traductores académicos debe ser específica para la disciplina. El consejo genérico sobre cómo escribir en inglés es insuficiente. En su lugar, los académicos necesitan aprender la "voz" única de su campo, comprendiendo cómo usar las palabras adecuadas para construir confianza y autoridad, ya sea que estén escribiendo en su lengua materna o navegando por el complejo paisaje de la comunicación científica global.
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