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Bringing Anti-Capitalism Back In. Feminist framings and strategies in Italy and Spain

Este artículo sostiene que los movimientos feministas contemporáneos en Italia y España han integrado el anticapitalismo como un marco interpretativo central al vincular la opresión de género con la reestructuración capitalista a través del prisma de la reproducción social, desafiando así la separación convencional entre las reivindicaciones materiales y culturales en los estudios de los movimientos sociales.

Autores originales: Giada Bonu Rosenkranz, Anastasia Barone, Inés Campillo

Publicado 2026-09-15
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Giada Bonu Rosenkranz, Anastasia Barone, Inés Campillo

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Durante décadas, el estudio de los movimientos sociales a menudo ha tratado las protestas sobre identidad, cultura y derechos como algo separado de las protestas sobre dinero, empleos y sistemas económicos. Esta división sugería que, mientras los movimientos antiguos luchaban por salarios y un trato justo en el trabajo, los movimientos nuevos se centraban en quiénes son las personas, cómo se sienten y cómo son reconocidas en la sociedad. Sin embargo, un creciente cuerpo de investigación sugiere que esta separación es artificial. En el mundo real, la forma en que las personas viven, el cuidado que se brindan unas a otras y el dinero que ganan están profundamente entrelazados. Cuando una sociedad recorta la financiación para escuelas u hospitales, o cuando un trabajador no puede permitirse tomarse tiempo libre para cuidar a un hijo enfermo, estos no son solo problemas económicos; también son cuestiones de dignidad, seguridad y valor humano. Comprender cómo se conectan estos diferentes hilos es esencial para ver cómo los grupos modernos se organizan para cambiar el mundo.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de Italia y España investiga cómo los movimientos feministas contemporáneos están volviendo a unir estas luchas económicas y culturales. Los investigadores se centraron en dos países, Italia y España, que comparten historias económicas similares pero tienen tradiciones políticas diferentes. Querían entender cómo estos grupos están utilizando una lente específica para ver sus problemas: una visión que considera al capitalismo, el sistema de propiedad privada y lucro, como una causa central de la violencia y la desigualdad que enfrentan las mujeres. Al analizar miles de palabras de documentos de movimientos y realizar cuarenta entrevistas en profundidad con activistas, los investigadores descubieron que estos grupos ya no solo piden igualdad de derechos o mejores leyes. En su lugar, argumentan que la estructura misma de la economía depende del trabajo no remunerado y mal pagado de las mujeres, y que detener esta explotación requiere un replanteamiento fundamental de lo que significa el "trabajo".

Los investigadores descubrieron que en ambos países, las activistas han desarrollado una forma poderosa de explicar su situación. Argumentan que la violencia contra las mujeres no es solo una cuestión de individuos malos o familias desestructuradas, sino el resultado de un sistema que hace que las mujeres sean económicamente dependientes. Si una mujer no puede mantenerse a sí misma porque su trabajo es inestable o sus salarios son demasiado bajos, queda atrapada en relaciones peligrosas. Este diagnóstico conecta el miedo personal al abuso directamente con las fuerzas impersonales del mercado laboral. En Italia, donde el movimiento feminista tiene una larga historia de mantenerse independiente de los partidos políticos, las activistas enfatizan cómo la pobreza y la falta de un ingreso estable mantienen a las mujeres en una situación de vulnerabilidad. En España, donde el movimiento ha trabajado más estrechamente con las instituciones gubernamentales, la explicación es más amplia, vinculando la violencia con el racismo, el estatus migratorio y la forma en que el Estado falla en proteger a sus ciudadanos. A pesar de estos diferentes caminos, el mensaje central es el mismo: no se puede solucionar la violencia sin arreglar la economía.

Esta crítica económica se extiende al trabajo invisible que mantiene en funcionamiento a la sociedad. El estudio destaca cómo las activistas están redefiniendo el "cuidado". Durante mucho tiempo, la crianza de los hijos, la cocina, la limpieza y el consuelo a otros fueron vistos como deberes naturales de las mujeres, algo que ocurría en el ámbito privado del hogar y que no contaba como un trabajo real. Los investigadores observaron que las activistas en ambas naciones están insistiendo ahora en que este trabajo de cuidado es la base oculta de toda la economía. Sin él, la fuerza laboral remunerada no podría funcionar. Cuando los gobiernos recortan la financiación de los servicios públicos como el cuidado infantil o el cuidado de ancianos, la carga recae enteramente en las mujeres, quienes deben realizar este trabajo de forma gratuita. Las activistas argumentan que esto no es un asunto familiar privado, sino un asunto político, donde el sistema extrae valor de las vidas de las mujeres sin dar nada a cambio. Están haciendo visible lo invisible, mostrando que la estabilidad de la economía depende del trabajo no remunerado de las mujeres.

Para convertir estas ideas en acción, los movimientos han adoptado una herramienta poderosa conocida como la huelga feminista. A diferencia de una huelga tradicional, donde los trabajadores dejan de ir a sus empleos para exigir un mejor salario, la huelga feminista pide a las personas que dejen de hacer todo lo que mantiene la vida en marcha. Esto incluye el trabajo remunerado, pero también el trabajo no remunerado como cocinar, limpiar y cuidar a los niños. Los investigadores señalaron que esto es un cambio radical en la forma de pensar sobre el conflicto. No se trata solo de detener la producción; se trata de detener la reproducción, el proceso diario de mantener la vida. En la práctica, esto se traduce en que las mujeres se niegan a ir a trabajar, pero también en que los hombres asuman las tareas del hogar durante el día, o en que las comunidades se organicen para compartir la carga del cuidado. En Italia, las activistas utilizan herramientas visuales como los "discos de tiempo" para mostrar cuánto tiempo dedican las mujeres al trabajo no remunerado en comparación con los hombres. En España, la huelga ha sido un evento masivo, que ha movilizado a millones de personas que argumentan que el modelo económico actual es incompatible con la vida misma.

El estudio revela que, si bien la huelga es una táctica compartida, la forma en que se utiliza refleja los diferentes paisajes políticos de los dos países. En España, el movimiento ha sido capaz de impulsar cambios legales significativos y ha trabajado con sindicatos y partidos políticos para avanzar en sus objetivos. En Italia, el movimiento se mantiene más independiente y centrado en construir poder desde abajo hacia arriba, a menudo en oposición al Estado. Sin embargo, en ambos lugares, la huelga sirve como una forma de demostrar que la economía depende del trabajo de las mujeres. Al detener ese trabajo, aunque sea por un día, los movimientos obligan a la sociedad a ver el valor del trabajo que suele ser ignorado. Los investigadores sugieren que este enfoque desafía la vieja idea de que las demandas económicas y las demandas culturales son separadas. En cambio, muestran que, para estos movimientos, la lucha por la dignidad, la lucha contra la violencia y la lucha por la justicia económica son todas parte de la misma lucha.

En última instancia, la investigación sugiere que los movimientos feministas contemporáneos están remodelando nuestra comprensión de la acción política. Están demostiendo que no se pueden separar las condiciones materiales de la vida de los valores culturales que las moldean. Al conectar los puntos entre un cheque de pago, un hogar seguro y el cuidado de un niño, estos movimientos ofrecen una nueva forma de ver el mundo. Argumentan que el sistema de capitalismo no es solo una máquina económica, sino un orden social que depende de la explotación del trabajo de las mujeres y la desvalorización del cuidado. Los hallazgos indican que esta perspectiva no es solo una teoría, sino una guía práctica para la acción, impulsando una ola de protestas que están cambiando la conversación sobre lo que importa en la sociedad. El estudio concluye que para comprender el cambio social moderno, debemos observar cómo estos movimientos están tejiendo los hilos de la economía, la identidad y la vida cotidiana en una sola y poderosa demanda por un tipo de mundo diferente.

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