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Epicenter or bystander? Currency connectedness around the 2024 yen carry unwind

Este artículo analiza la conectividad de las divisas durante el desmantelamiento del carry trade del yen en agosto de 2024 utilizando las medidas de Diebold–Yilmaz y el R² de Genizi de periodos múltiples, revelando que tanto la GBP como el JPY actúan como receptores netos de efectos de desbordamiento en lugar de que el JPY sea el único epicentro, sugiriendo así que los inversores deberían tratar estas divisas como una exposición conjunta cuando las monedas de financiación fluctúan bruscamente.

Autores originales: Hongquan Li, Zhenting Gong

Publicado 2026-10-29
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Hongquan Li, Zhenting Gong

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo de las finanzas internacionales, los inversores suelen tratar las diferentes divisas como una cesta de huevos, con la esperanza de que si uno se rompe, los demás se mantengan firmes. Esta estrategia, conocida como diversificación, se basa en la idea de que el valor de una libra esterlina, un yen japonés o un franco suizo no se moverá todos en la misma dirección y al mismo tiempo. Sin embargo, cuando los mercados se estresan, estos huevos pueden romperse juntos. Un tipo específico de inversión, llamado carry trade, hace que este riesgo sea particularmente agudo. En esta configuración, los inversores piden prestado dinero en una moneda con tasas de interés muy bajas, como el yen japonés, y lo utilizan para comprar activos en monedas con mayores rendimientos. Mientras la moneda barata se mantenga barata, la estrategia funciona. Pero si esa moneda barata de repente se vuelve más valiosa, el inversor enfrenta un doble golpe: el préstamo que tomó se vuelve más caro de pagar y se ve obligado a vender sus otros activos rápidamente para cubrir la pérdida. Esta venta repentina puede causar una reacción en cadena, donde el pánico se propaga de la moneda original a otras, haciendo que toda la cartera se mueva como una sola.

En agosto de 2024, este mismo escenario se puso en práctica. El Banco de Japón aumentó ligeramente sus tasas de interés, lo que provocó que el yen aumentara su valor frente al dólar estadounidense en casi un 7,5 por ciento en un solo mes. Este evento desencadenó un rápido desmantelamiento de posiciones, donde los inversores se apresuraron a salir de sus operaciones. Si bien el yen era el centro obvio de la tormenta, la verdadera pregunta para los inversores era si el pánico se limitaba al yen o si se había extendido a otras monedas importantes como la libra esterlina, el euro y el franco suizo. ¿Actuó el yen como el epicentro de la crisis, arrastrando todo lo demás con él, o fueron otras monedas meros espectadores atrapados en el fuego cruzado? Para responder a esto, los investigadores Hongquan Li y Zhenting Gong, de la Universidad Normal de Hunan, analizaron cincuenta años de datos mensuales, rastreando cómo estas cuatro divisas principales se movían en relación unas con otras. No se limitaron a observar cuánto cambiaba el precio de cada moneda; en su lugar, midieron cuánto de la incertidumbre del valor futuro de una moneda era explicada por los movimientos de las otras.

Los investigadores utilizaron dos enfoques matemáticos diferentes para mapear estas relaciones, tratando las divisas como un sistema conectado donde un choque en una parte repercute en el resto. Un método observó cuánto contribuía cada moneda a la confusión general del mercado, mientras que el otro midió cuánto del movimiento de una moneda era explicado conjuntamente por las demás. Ambos métodos coincidieron en el panorama general: durante los períodos de estrés, las conexiones entre estas divisas se estrechan significativamente, lo que significa que la diversificación falla y las divisas se mueven juntas. Durante todo el período de cincuenta años, ambos métodos identificaron a la libra esterlina y al yen japonés como las divisas más afectadas por el resto del grupo. Eran las que recibían la mayor influencia de las demás, en lugar de impulsar el movimiento por sí mismas.

Cuando los investigadores se centraron en el caos específico de agosto de 2024, los resultados ofrecieron una corrección crucial a una suposición común. El yen tuvo el mayor salto de precio del mes, lo que llevó a muchos a creer que era el único foco de atención del mercado y la fuente primaria de riesgo. Sin embargo, el análisis mostró que la libra esterlina estaba tan expuesta como el yen. Ambas divisas fueron receptores netos de conectividad, lo que significa que ambas estaban absorbiendo el choque del resto de la cartera. Los dos métodos discreparon ligeramente sobre cuál de las dos se vio más afectada, pero coincidieron en rechazar la idea de que el yen fuera la única moneda en problemas. El aumento visible y dramático del valor del yen no significaba que el riesgo estuviera concentrado únicamente allí; por el contrario, el riesgo era compartido, con la libra situándose justo al lado del yen como una posición vulnerable.

Este hallazgo cambia la forma en que los inversores deben ver sus carteras durante una crisis. El estudio demuestra que un gran movimiento en una moneda de financiación no significa automáticamente que esa moneda sea la única en riesgo. Los investigadores encontraron que, si bien la cantidad total de conexión entre todas las divisas aumentó bruscamente durante el desmantelamiento, el ranking específico de qué moneda era más vulnerable podía cambiar dependiendo de cómo se analizaran los datos. Sin embargo, la conclusión central se mantuvo constante: la libra esterlina y el yen japonés se situaron consistentemente en la base de la escalera de la estabilidad, absorbiendo la mayor parte de la presión del sistema. El estudio sugiere que, cuando la moneda de financiación se mueve bruscamente, los inversores no deben observar esa moneda de forma aislada. En su lugar, deben considerar la libra y el yen juntos, ya que es probable que ambos sean los que se vean más profundamente afectados por el movimiento colectivo del mercado. Los datos confirman que, en una crisis, el mayor cambio de precio no siempre es el mejor indicador de dónde reside el verdadero riesgo.

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