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Awareness Before Application: Institutional Absorptive Capacity and Smaller Firms’ Take-Up of Public Innovation Support

Este artículo analiza datos de encuestas chilenas para demostrar que la principal barrera que impide a las empresas más pequeñas acceder al apoyo público a la innovación es la falta de conocimiento impulsada por limitaciones en la capacidad de absorción institucional, más que las cargas administrativas o las dificultades de postulación, lo que sugiere que la política debería priorizar el alcance activo sobre la simplificación de los procedimientos.

Autores originales: Jeffrey Morales, Roberto Jalón

Publicado 2026-08-20
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Jeffrey Morales, Roberto Jalón

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Los gobiernos suelen crear programas especiales para ayudar a las pequeñas empresas a crecer e innovar. Estos programas, que pueden ofrecer beneficios fiscales o financiamiento directo, están diseñados para solucionar un problema común: las empresas suelen tener miedo de gastar dinero en investigación porque los riesgos son altos y las recompensas podrían pertenecer a todos, no solo al inventor. Para solucionar esto, los funcionarios ofrecen apoyo. Pero existe un misterio persistente en la economía: a pesar de estas ofertas, la mayoría de las pequeñas empresas nunca se inscriben. Simplemente no participan. Durante años, los expertos han asumido que la razón era que el proceso de solicitud era demasiado difícil, demasiado costoso o demasiado confuso. La idea predominante era que las pequeñas empresas querían la ayuda, pero se sentían desalentadas por el papeleo o temían ser rechazadas. Esta suposición dio forma a las políticas, llevando a los gobiernos a intentar simplificar los formularios y crear "ventanillas únicas" para facilitar la solicitud. Sin embargo, un nuevo estudio de Chile sugiere que todo este diagnóstico podría estar equivocado. Propone que el problema no es que las empresas tengan miedo de solicitar la ayuda, sino que ni siquiera saben que existe.

Los investigadores Jeffrey Morales y Roberto Jalón se propusseron resolver este enigma analizando el trayecto que recorre una empresa para obtener apoyo público. En lugar de limitarse a observar quién recibe finalmente el dinero, desglosaron el proceso en tres etapas distintas. Primero, una empresa debe darse cuenta de que el programa existe. Segundo, si lo conocen, deben decidir si solicitarlo. Tercero, si lo solicitan, deben recibir realmente el apoyo. Utilizando una vasta colección de datos de la Encuesta Nacional de Innovación de Chile, que realizó un seguimiento a decenas de miles de empresas durante una década, el equipo pudo ver exactamente en qué punto las empresas abandonaban el proceso. Se centraron específicamente en un importante incentivo fiscal para la investigación y el desarrollo, un programa que está abierto a cualquier empresa que realice trabajos de investigación certificados.

Los resultados revelaron una realidad sorprendente. Los investigadores descubrieron que la gran mayoría de las empresas ni siquiera llega a la etapa de solicitud. De hecho, aproximadamente el 91 por ciento de las empresas formales en Chile no sabía siquiera que el principal incentivo fiscal para la investigación existía. Debido a que no estaban al tanto, nunca intentaron solicitarlo. El estudio mostró que solo entre el 1,6 y el 2,8 por ciento de todas las empresas formales presentaron realmente una solicitud. Esto significa que la mayor barrera no es la dificultad del papeleo, sino la falta de información. Las empresas "faltantes" no están escondidas en una pila de formularios rechazados; simplemente no saben que la oportunidad está ahí.

El estudio también investigó por qué algunas empresas conocen el programa mientras que otras no. Los investigadores analizaron las habilidades y los recursos dentro de estas empresas, centrándose específicamente en si contaban con suficiente personal cualificado. Encontraron un fuerte vínculo entre la conciencia de una empresa y su capital humano. Las empresas que reportaron escasez de trabajadores cualificados eran significativamente menos propensas a conocer el incentivo fiscal. Esto sugiere que tener empleados capacitados ayuda a una empresa a absorber información sobre políticas públicas, de la misma manera que un equipo experto ayuda a una empresa a comprender nueva tecnología. Los investigadores llaman a esto "capacidad de absorción institucional". Es la capacidad de una empresa para reconocer, comprender y utilizar información sobre programas gubernamentales. Cuando una empresa carece de estas personas capacitadas, a menudo no logra siquiera notar el apoyo disponible para ella.

Una vez que los investigadores observaron únicamente a las empresas que conocían el programa, la historia cambió. Entre aquellos que estaban al tanto, la escasez de personal cualificado no impidió que solicitaran el apoyo. Las empresas con y sin trabajadores calificados solicitaron el apoyo en tasas similares si ya conocían el programa existente. Este hallazgo desafía la vieja idea de que las pequeñas empresas fallan porque no pueden manejar la carga administrativa. Si bien el papeleo es, de hecho, más difícil para las empresas con menos trabajadores calificados, esa dificultad no las detiene para solicitarlo si ya están informadas. El verdadero cuello de botella ocurre mucho antes, en el momento del descubrimiento.

El estudio también analizó por qué las empresas que conocían el programa decidieron no solicitarlo. Para estos no solicitantes informados, la razón más común no fue la burocracia o el miedo al rechazo. En su lugar, dijeron que el programa no se ajustaba a sus actividades comerciales. Simplemente no tenían proyectos de investigación que calificaran para el apoyo. Esto confirma que, para muchas empresas, el problema no es la falta de valor o de habilidad administrativa, sino la falta de relevancia. El incentivo fiscal está diseñado para la investigación, y si una empresa no está realizando investigación, el programa no es para ella.

Los investigadores también examinaron el papel de los grupos empresariales. Descubrieron que las empresas pertenecientes a grupos empresariales más grandes tenían más probabilidades de conocer el incento fiscal, probablemente debido a que estos grupos comparten recursos legales y contables que ayudan a difundir la información. Sin embargo, una vez que las empresas de estos grupos conocían el programa, eran en realidad menos propensas a solicitarlo que las empresas independientes. Esto sugiere que pertenecer a un grupo grande te ayuda a oír la noticia, pero no necesariamente te hace querer usar la herramienta específica, quizás porque el grupo gestiona los impuestos de una manera diferente.

La última pieza del rompecabezas involucró el tamaño de la empresa. El estudio mostró que la brecha de participación entre las pequeñas y las grandes empresas se debe casi por completo a la etapa de conocimiento. Las empresas grandes tienen muchas más probabilidades de conocer el programa. Una vez que lo conocen, solicitan el apoyo en tasas similares a las de las empresas más pequeñas. Esto significa que la enorme diferencia en quién recibe el apoyo no es porque las pequeñas empresas sean malas llenando formularios, sino porque quedan fuera del circuito de información. El estudio calculó que la conciencia explica más de la mitad de la brecha de cobertura entre las empresas más pequeñas y las más grandes.

Las implicaciones de estos hallazgos son directas y prácticas. Durante décadas, los responsables de la formulación de políticas se han centrado en hacer los formularios de solicitud más sencillos o en crear oficinas para ayudar a las empresas a llenarlos. Si bien hacer los formularios más fáciles sigue siendo una buena idea, este estudio muestra que esto solo ayuda a la pequeña fracción de empresas que ya conocen el programa. Si el 91 por ciento de las empresas desconocen su existencia, simplificar el formulario para el 9 por ciento restante no resolverá el problema. Los investigadores argumentan que los gobiernos deben cambiar su estrategia de la simplificación pasiva a la divulgación activa. En lugar de esperar a que las empresas encuentren los formularios, los funcionarios deben salir y comunicarles que el programa existe. Esto significa trabajar con universidades, centros tecnológicos, asociaciones industriales y contadores para difundir la palabra. Estos intermediarios pueden llegar a las pequeñas empresas que carecen del personal interno para encontrar la información por su cuenta.

Al final, el estudio dibuja un panorama claro de cómo el apoyo público no llega a las pequeñas empresas. No es un fallo de voluntad ni un fallo de capacidad administrativa. Es un fallo de comunicación. El apoyo está ahí, y los formularios no son la barrera. La barrera es el silencio. Al comprender que el problema es la conciencia y no la solicitud, los gobiernos pueden finalmente diseñar políticas que realmente lleguen a las pequeñas empresas que pretenden ayudar. El camino a seguir no es solo hacer que la puerta sea más fácil de abrir, sino asegurarse de que las personas que necesitan cruzarla sepan que la puerta está ahí.

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