Perception of sustainability and environmental pollution from the perspective of anesthesiologists in Colombia: a mixed-methods study
Este estudio de métodos mixtos sobre anestesiólogos colombianos revela una alta conciencia ambiental y compromiso ético, pero identifica barreras sistémicas como las limitaciones administrativas y los recursos limitados como los principales obstáculos para la implementación de prácticas sostenibles, destacando la necesidad de políticas institucionales e inversión económica en lugar de depender únicamente de la motivación individual.
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El quirófano es un lugar de intenso enfoque, donde el objetivo primordial es mantener al paciente seguro y sin dolor durante la cirugía. Sin embargo, tras bambalinas de estos procedimientos que salvan vidas, se acumula un costo ambiental silencioso. La industria de la salud, a pesar de su misión de sanar, deja una huella significativa en el planeta, contribuyendo al calentamiento global y a la contaminación a través del uso de energía y cantidades masivas de desechos. La anestesia, la especialidad médica responsable de mantener a los pacientes dormidos y sin dolor, desempeña un papel sorprendentemente grande en este impacto. Depende fuertemente de artículos de plástico de un solo uso que se descartan después de un uso y de gases potentes que, al ser liberados al aire, atrapan el calor de manera mucho más efectiva que el dióxido de carbono. Si bien los médicos en naciones ricas han comenzado a discutir cómo hacer que estas prácticas sean más ecológicas, gran parte del mundo carece de datos sobre cómo los profesionales médicos en otras regiones ven este desafío. Comprender si los médicos en diferentes partes del mundo reconocen este problema y qué les impide solucionarlo es esencial para crear soluciones que funcionen en todas partes.
En una ciudad mediana en el suroeste de Colombia llamada Popayán, un equipo de investigadores se propuso comprender cómo los anestesiólogos locales perciben esta crisis ambiental. Querían saber si estos médicos veían la conexión entre su trabajo diario y el daño ambiental, qué problemas específicos notaban más y qué se interponía en el camino para realizar cambios. Los investigadores reunieron a todos los anestesiólogos y residentes activos de la región, un total de 85 personas, y les pidieron que compartieran sus pensamientos a través de una encuesta en línea y discusiones en grupos pequeños. El resultado fue un panorama completo de la perspectiva de la comunidad médica local, revelando a un grupo de médicos que son profundamente conscientes del problema pero se sienten atrapados por el sistema en el que trabajan.
El estudio encontró que casi todos los médicos encuestados, aproximadamente el 95 por ciento, coincidían en que la sostenibilidad es importante para su profesión. También reconocieron que su trabajo tiene un impacto sustancial en el medio ambiente. Sin embargo, al pedirles que identificaran las mayores amenazas ambientales en su rutina diaria, sus respuestas apuntaron a algo muy visible: la basura. La mitad de los participantes dijeron que la producción y la mala gestión de plásticos de un solo uso y suministros desechables eran su principal preocupación. Expresaron su frustración ante el enorme volumen de jeringas, caucho y barreras plásticas que terminan en el bote de basura después de cada cirugía. Si bien también reconocieron que los gases utilizados para mantener a los pacientes dormidos son perjudicialos, la pila física de desechos plásticos les resultaba más inmediata y tangible que las emisiones invisibles.
A pesar de este conocimiento, los médicos describieron un fuerte deseo de mejorar. La mayoría dijo que quería aprender más sobre cómo reducir su huella ambiental. Identificaron varias formas en las que ya intentaban ser más cuidadosos, como elegir técnicas de anestesia que utilicen menos gas, optar por bloqueos regionales que adormezcan solo una parte específica del cuerpo, o utilizar anestesia total intravenosa, la cual depende de fármacos en lugar de gases. También mencionaron intentar ser más inteligentes con sus suministros, como preparar medicamentos de una manera que permita la reutilización segura o el reciclaje de ciertos artículos como las mascarillas. Algunos incluso hacían un esfuerzo consciente por apagar monitores y desenchufar cargadores cuando no estaban en uso para ahorrar energía.
Sin embargo, el camino de la intención a la acción está bloqueado por obstáculos pesados. El obstáculo más común citado por los médicos no fue la falta de voluntad o conocimiento, sino la falta de recursos. Casi la mitad de los encuestados señalaron que las limitaciones administrativas y financieras eran la razón principal por la que no pueden implementar prácticas más ecológicas. Describieron un sistema donde las consideraciones de costos y la infraestructura limitada los obligan a mantener viejos hábitos. Por ejemplo, aunque algunos médicos saben que ciertas técnicas modernas son mejores para el medio ambiente, no pueden usarlas porque el equipo necesario es demasiado costoso o simplemente no está disponible. Otros señalaron que la seguridad del paciente es la prioridad absoluta y que, en situaciones donde existe una preocupación por el control de infecciones, se sienten obligados a utilizar artículos desechables incluso si saben que esto genera más desperdicios. También existe una sensación de inercia; cambiar los protocolos establecidos en los hospitales es difícil, y algunos colegas se resisten a alejarse de los métodos que siempre han utilizado.
Los investigadores concluyeron que, si bien estos anestesiólogos colombianos poseen un fuerte compromiso ético con la protección del medio ambiente, la motivación individual no es suficiente para impulsar el cambio. La brecha entre saber lo que es correcto y realmente hacerlo es causada por problemas sistémicos que ningún médico puede solucionar por sí solo. El estudio sugiere que, para que las prácticas sostenibles echen raíces, los hospitales y los sistemas de salud deben proporcionar el apoyo necesario, incluyendo una mejor infraestructura, políticas claras e inversión financiera. Sin estos cambios estructurales, las buenas intenciones de los médicos seguirán siendo solo eso, incapaces de traducirse en la realidad diaria del quirófano.
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