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Conversations from the Inclusive Coasts and Seas workshop series on equity in marine science

Este libro blanco resume el contenido y los aprendizajes clave de la serie de talleres de seis semanas "Inclusive Coasts and Seas" organizada por Minorities in Shark Sciences y Project SIARC, ofreciendo perspectivas para ayudar a los científicos marinos, particularmente a los investigadores en el inicio de su carrera, a avanzar en la equidad e inclusión en sus esfuerzos de investigación y conservación.

Autores originales: Hannah Lee, Danielle Crowley, Elouise Dalziel, Amelia Hursham, Ingrid Hyrycena, Nia Jones, Dany Ko, Heidy Martinez, Pathirannahalage Buddhi Maheshika Pathirana, Anjali Punn, Jasmin Graham

Publicado 2026-09-25
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Hannah Lee, Danielle Crowley, Elouise Dalziel, Amelia Hursham, Ingrid Hyrycena, Nia Jones, Dany Ko, Heidy Martinez, Pathirannahalage Buddhi Maheshika Pathirana, Anjali Punn, Jasmin Graham

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El océano se describe a menudo como un gran conector, una extensión azul que vincula cada costa y a cada persona que vive cerca de él. Sin embargo, durante gran parte de su historia, la ciencia dedicada a estudiar y proteger ese océano se ha construido sobre una base que excluía a muchas de las personas que viven allí. La conservación marina se ha centrado tradicionalmente en contar peces y proteger hábitats, tomando a menudo decisiones sin preguntar a los pescadores, a las comunidades costeras o a los diversos grupos de científicos que han quedado fuera de la conversación. Este enfoque ha creado una brecha entre las personas que realizan la investigación y las personas cuyas vidas dependen del mar. Cuando las personas que mejor conocen el agua no forman parte de la planificación, las reglas suelen fallar y los científicos se pierden detalles cruciales sobre cómo funciona realmente el ecosistema. La pregunta que enfrenta el campo hoy en día no es solo cómo salvar el océano, sino cómo cambiar la forma en que se hace la ciencia para que incluya a todos los que tienen un interés en su futuro.

Para responder a esto, un grupo de investigadores y organizadores comunitarios reunió recientemente a un equipo diverso para una serie de talleres en línea de seis semanas llamada "Costas y Mares Inclusivos". Organizado por dos grupos, Minorities in Shark Sciences y un proyecto basado en Gales llamado SIARC, el encuentro reunió a 59 participantes de casi veinte países diferentes. No se trataba solo de científicos en laboratorios; el grupo incluía a pescadores, líderes comunitarios e investigadores de lugares tan distantes como Brasil, Nigeria y los Estados Unidos. El objetivo no era enseñarles nuevos datos sobre tiburones o peces, sino enseñarles cómo trabajar juntos de una manera que respete las diferentes voces y comparta el poder de forma más justa. El resultado fue una colección de historias y lecciones que muestran cómo el campo de la ciencia marina está cambiando lentamente, pasando de un estilo de liderazgo vertical hacia un modelo donde todos tienen un asiento en la mesa.

Los talleres comenzaron abordando la idea de la "aliadanza", un concepto que iba más allá de simplemente decir que apoyas la diversidad. Los participantes aprendieron que ser un aliado no es una etiqueta que uno lleva puesta, sino un conjunto de acciones que se realizan cada día. Significa usar las propias ventajas para ayudar a quienes enfrentan barreras, ya sea alzando la voz cuando alguien utiliza un lenguaje hiriente o asegurándose de que una persona callada tenga la oportunidad de compartir sus ideas. El grupo discutió cómo los errores son inevitables en este trabajo, pero la clave es pedir disculpas, aprender y seguir adelante. Se dieron cuenta de que la verdadera inclusión requiere más que buenas intenciones; requiere un esfuerzo constante y activo por escuchar y cambiar la forma en que se hacen las cosas.

A medida que la serie avanzaba hacia el lado práctico de la gestión de proyectos, el enfoque se desplazó hacia cómo se construyen realmente las investigaciones y los planes de conservación. Los participantes exploraron cómo redactar solicitudes de subvenciones y gestionar proyectos de una manera que incluya a las personas que se verán afectadas por el trabajo desde el principio. En lugar de que los científicos decidan qué necesita un proyecto y luego pidan dinero, el nuevo enfoque sugiere comenzar con la comunidad. Esto significa preguntar a los pescadores qué ven en el agua, qué problemas enfrentan y qué significa el éxito para ellos antes de escribir una sola línea de una propuesta. El grupo encontró que cuando las comunidades son tratadas como socias en lugar de sujetos, los proyectos resultantes son más sólidos, más confiables y tienen más probabilidades de tener éxito.

Uno de los momentos más poderosos de la serie ocurrió cuando pescadores de todo el mundo compartieron sus propias historias. No eran solo puntos de datos en un gráfico, sino personas reales describiendo los cambios que ven en sus aguas locales. Un pescador de Sri Lanka habló de haber visto peces sierra, una especie que los científicos creían desaparecida de la zona, y compartió conocimientos tradicionales sobre cómo se utilizaban estos animales antiguamente para la construcción de cercas. Un pescador de Brasil describió la frustración de ver tiburones y rayas siendo devueltos al océano debido a reglas estrictas, a pesar de que esos animales formaban parte de su sustento. Estas historias resaltaron una verdad vital: el conocimiento local, a menudo llamado Conocimiento Ecológico Local, posee respuestas que las encuestas científicas por sí solas no pueden encontrar. Cuando los científicos y los pescadores trabajan juntos, combinando los números del laboratorio con la experiencia del bote, obtienen una imagen más clara de la salud del océano.

Las discusiones también cubrieron las herramientas que utilizan los científicos para comprender estos sistemas humanos y naturales complejos. El grupo exploró la investigación cualitativa, que es un método de recopilación de historias, sentimientos y experiencias en lugar de simplemente contar números. Aprendieron que hacer las preguntas correctas y escuchar atentamente puede revelar el "por qué" y el "cómo" detrás de los datos. Este enfoque ayuda a los científicos a comprender las razones culturales y sociales de por qué las personas actúan de la manera en que lo hacen, lo cual es tan importante como saber cuántos peces hay en el mar. Al tratar estas historias con la misma seriedad que una hoja de cálculo, los investigadores pueden construir mejores relaciones y diseñar soluciones que realmente funcionen para las personas involucradas.

A lo largo de las seis semanas, los participantes también practicaron cómo compartir su trabajo con el público. Aprendieron que la comunicación científica no consiste solo en traducir la jerga compleja a palabras sencillas, sino en conectar con una audiencia de una manera que la inspire a preocuparse. Ya sea a través de un video corto, un podcast o una conversación en un mercado local, el objetivo es hacer que la ciencia sea accesible y relevante. El grupo se dio cuenta de que cuando las personas se sienten incluidas en la historia, es más probable que apoyen las soluciones. Este cambio en la comunicación es esencial para construir la confianza necesaria para proteger el océano de manera efectiva.

Al final de la serie, los participantes tenían una idea clara de lo que debe cambiar. Encontraron que las mayores barreras para un futuro más justo no son la falta de dinero o tecnología, sino la falta de confianza y el fracaso en el reparto del poder. El documento que produjeron no es una lista de nuevos descubrimientos científicos, sino una hoja de ruta sobre cómo trabajar de manera diferente. Sugiere que el futuro de la ciencia marina depende de la humildad, de la voluntad de escuchar a aquellos que han sido ignorados y del valor de admitir cuando las viejas formas no están funcionando. El océano nos conecta a todos, pero solo si estamos dispuestos a cambiar la forma en que lo estudiamos, asegurando que las personas que viven junto al agua sean quienes ayuden a definir las preguntas y den forma a las respuestas.

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