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Has the Competency-based Education and Training Displaced the Traditional Classroom?: An Analysis of the Preservice Language Teacher Preparation atMakerere University, Uganda

Este estudio de caso sobre la preparación de docentes de Luganda en formación en la Universidad de Makerere revela que, si bien la introducción de la Educación y Formación Basada en Competencias (CBET) ha desplazado las dinámicas de poder hacia la facilitación centrada en el alumno y los métodos colaborativos, su eficacia se ve actualmente limitada por la dependencia de los educadores en enfoques tradicionales basados en contenidos y entornos de aprendizaje físicos inadecuados, lo que requiere mayor capacitación y apoyo de recursos.

Autores originales: Mathias Bwanika Mulumba

Publicado 2026-09-23
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Mathias Bwanika Mulumba

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Durante décadas, la forma en que se capacita a los docentes a menudo ha reflejado las aulas en las que ellos mismos se sentaron una vez: filas de pupitres frente a un único interlocutor, con estudiantes absorbiendo hechos para repetirlos más tarde. Este modelo tradicional asume que el aprendizaje es una transferencia de información unidireccional. Sin embargo, un creciente movimiento en la educación sostiene que el verdadero aprendizaje ocurre cuando los estudiantes utilizan activamente lo que saben para resolver problemas reales. Este enfoque, conocido como educación basada en competencias, desplaza el enfoque desde la simple memorización de contenidos hacia la demostración de habilidades específicas. En lugar de que un docente dicte apuntes, el educador se convierte en un guía, ayudando a los estudiantes a navegar tareas que requieren que piensen críticamente, colaboren y creen. La pregunta que enfrentan las universidades modernas es si este cambio es simplemente una política sobre el papel o una transformación genuina en el aula.

En Uganda, esta pregunta cobró una importancia urgente a medida que el sistema educativo nacional avanzaba hacia estos nuevos métodos. Investigadores de la Universidad de Makerere, específicamente dentro del departamento que prepara a futuros docentes de luganda, una lengua indígena, se propusieron observar esta transición en acción. Querían saber si las nuevas reglas estaban cambiando realmente la forma en que se impartían las clases y cómo aprendían los estudiantes. El estudio se centró en la realidad diaria de las aulas de conferencias, observando cómo los profesores organizaban sus lecciones, qué materiales utilizaban y cómo interactuaban los estudiantes entre sí. El objetivo no era solo ver si se seguía el nuevo sistema, sino comprender qué sentían las personas dentro de la sala.

Los investigadores pasaron tiempo observando clases de estudiantes de segundo y tercer año, observando siete conferencias para un grupo y nueve para otro. También hablaron con los profesores, el jefe del departamento y los propios estudiantes, preguntándoles sobre sus experiencias. Lo que encontraron fue un aula en medio de un cambio significativo, donde los viejos hábitos y las nuevas ideas colisionaban. El método más común que los profesores utilizaban para preparar a estos futuros educadores era el aprendizaje colaborativo. En lugar de sentarse en silencio, a menudo se pedía a los estudiantes que trabajaran en parejas o grupos pequeños para resolver problemas. Por ejemplo, al discutir cómo enseñar los sonidos de la lengua luganda, los estudiantes trabajaban juntos para determinar las mejores estrategias, compartiendo ideas y debatiendo los méritos de diferentes enfoques.

Este cambio de actividad alteró la dinámica de poder en la sala. En el pasado, el profesor ostentaba toda la autoridad, pero bajo el nuevo sistema, los estudiantes se hacían cargo de su propio proceso de aprendizaje. Los profesores daban un paso atrás para convertirse en facilitadores, moviéndose por la sala para ofrecer pistas en lugar de dar respuestas directas. Un estudiante describió un momento en que un profesor llevó instrumentos musicales tradicionales a la clase. Se les pidió a los estudiantes que descubrieran cómo tocarlos y explicaran su significado cultural. Un estudiante, que inicialmente se había mostrado reacio a traer el viejo violín de su abuelo, se encontró no solo tocando el instrumento, sino enseñando a otros cómo usarlo. Este tipo de descubrimiento práctico permitió a los estudiantes construir su propio entendimiento en lugar de solo recibir información.

Sin embargo, la transición no fue fluida. Aunque muchos profesores adoptaron estos nuevos métodos, algunos todavía dependían fuertemente del estilo de clase magistral tradicional, donde hablaban durante largos periodos y los estudiantes escuchaban pasivamente. En estas sesiones, los estudiantes a menudo se sentían perdidos o temerosos de interrumpir y pedir aclaraciones. El estudio reveló que el éxito del nuevo enfoque dependía en gran medida de los materiales proporcionados. Cuando los profesores entregaban textos de lectura y preguntas claras antes de que comenzara la clase, los estudiantes podían profundizar en las discuscciones y generar sus propias ideas. Pero cuando los materiales se entregaban durante la conferencia, o cuando las preguntas eran vagas, los estudiantes tenían dificultades. Pasaban demasiado tiempo intentando leer y comprender el texto, dejando poco tiempo para la discusión y la resolución de problemas que el nuevo sistema requería.

El espacio físico del aula también desempeñó un papel sorprendente en si los nuevos métodos funcionaban. El estudio encontró que la disposición de los muebles podía ayudar o dificultar el aprendizaje. En algunas aulas de conferencias, los pupitres estaban fijos en filas, atornillados al suelo, lo que hacía casi imposible que los estudiantes se giraran para hablar con sus compañeros. En estas salas, los estudiantes tenían que torcer el cuello o agacharse de forma incómoda para participar en el trabajo grupal, lo que dificultaba la colaboración genuina. En contraste, en un laboratorio de computación donde los muebles podían moverse, los estudiantes formaban grupos fácilmente y participaban en debates animados y productivos. La capacidad de moverse libremente y enfrentarse unos a otros era esencial para el tipo de interacción que el nuevo sistema demandaba.

A pesar de los desafíos, las voces de los estudiantes fueron claras y fuertes cuando tuvieron la oportunidad de hablar. Los investigadores observaron que cuando se permitía a los estudiantes participar libremente, generaban una riqueza de nuevas ideas. Discutían entre sí, a veces apasionadamente, sobre las mejores formas de enseñar gramática o reglas lingüísticas. Estos desacuerdos no se veían como fracasos, sino como una parte natural del proceso de aprendizaje. Los estudiantes aprendieron a escuchar puntos de vista opuestos y finalmente llegar a un consenso. El estudio mostró que, cuando el entorno lo apoyaba, estos futuros profesores eran capaces de un pensamiento crítico profundo y podían construir su propio conocimiento.

Los hallazgos sugieren que, si bien el cambio hacia la educación basada en competencias está en marcha, aún no se ha completado. El alejamiento de la clase magistral tradicional está ocurriendo, pero requiere más que un cambio de política. Exige que los docentes reciban una mejor capacitación sobre cómo facilitar estos nuevos métodos y que las escuelas proporcionen los materiales adecuados y espacios flexibles para que esto funcione. La investigación indica que cuando las condiciones son las adecuadas —cuando los estudiantes tienen instrucciones claras, las herramientas correctas y una sala donde puedan moverse libremente—, prosperan. El estudio concluye que para que esta nueva forma de enseñanza tenga éxito, todo el ecosistema del aula debe adaptarse, asegurando que los futuros docentes de Uganda no solo reciban instrucción sobre educación, sino que la practiquen activamente.

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