The Public Health Emergency Preparedness and Quality Improvement (PHEP-QI) Intervention: Co-Creation and Pilot-Implementation of the PHEP-QI Intervention in Canada
Este artículo describe la cocreación y la implementación piloto de una intervención de Preparación para Emergencias de Salud Pública y Mejora de la Calidad (PHEP-QI, por sus siglas en inglés) en cinco agencias canadienses, demostrando cómo los métodos participativos y las estrategias de mejora de la calidad pueden mejorar la preparación ante emergencias y la resiliencia del sistema.
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Cuando una comunidad se enfrenta a una crisis repentina, como una tormenta severa o un brote de enfermedad generalizado, las agencias de salud pública deben actuar rápidamente para proteger a las personas. Estas organizaciones son la columna vertebral de la respuesta ante emergencias, pero a menudo luchan por prepararse eficazmente para el próximo desastre mientras gestionan las demandas del actual. Para construir un sistema que pueda resistir estos choques, los expertos se apoyan en dos ideas principales: la preparación ante emergencias, que es la planificación y la disposición para posibles crisis, y la mejora de la calidad, un método para realizar cambios pequeños y constantes en los procesos para que funcionen mejor. Si bien los médicos y los hospitales han utilizado durante mucho tiempo la mejora de la calidad para perfeccionar la atención al paciente, las agencias de salud pública han sido más lentas en adoptar estas herramientas para su planificación de emergencias. El desafío radica en cómo enseñar a estas organizaciones a utilizar la mejora de la calidad específicamente para volverse más resilientes, o mejor capaces de recuperarse y adaptarse, cuando la próxima emergencia ocurra.
Un equipo de investigadores en Canadá se propuso resolver este problema mediante la creación de una nueva forma de ayudar a las agencias de salud pública a mejorar su preparación ante emergencias. En lugar de diseñar un programa de capacitación en un laboratorio y entregárselo a los trabajadores, los investigadores trabajaron directamente con las personas que realizan el trabajo. Se asociaron con cinco agiones de salud pública diferentes ubicadas en todo el país, desde la costa Atlántica hasta el Pacífico, para construir una solución juntos. Este enfoque, conocido como cocreación, significó que las agencias ayudaron a decidir qué necesitaban aprender y cómo querían aprenderlo. El resultado fue un programa piloto llamado Intervención de Preparación para Emergencias de Salud Pública y Mejora de la Calidad. Este programa no fue una única conferencia o una simple lista de verificación; fue un viaje de un año que involucró talleres, asesoramiento y colaboración continua, diseñado para ayudar a estos equipos a identificar sus debilidades, establecer metas y utilizar datos para fortalecer sus planes de emergencia.
El proceso comenzó con una serie de conversaciones enfocadas llamadas sesiones de Matriz de Entrevista Estructurada. En estas reuniones, que duraban de tres a cuatro horas, los equipos de cada agencia se reunieron para discutir sus experiencias recientes con las emergencias, incluyendo la pandemia global. Utilizaron un conjunto específico de preguntas para identificar qué recursos ya tenían, qué partes de su marco de emergencia necesitaban más trabajo y qué cambios eran realmente posibles realizar dentro de sus organizaciones. Basándose en estas discusiones, cada agencia seleccionó un área específica para enfocarse en la mejora, como por ejemplo cómo interactúan con sus comunidades locales o cómo se recuperan después de un desastre. Este paso aseguró que la capacitación que siguió estuviera adaptada a las necesidades reales e inmediatas de cada equipo, en lugar de ser un currículo genérico.
Tras estas reuniones iniciales, los investigadores y las agencias trabajaron juntos para diseñar una serie de ocho talleres mensuales en línea. Estas sesiones se construyeron sobre los principios del aprendizaje de adultos, que reconocen que los profesionales experimentados aprenden mejor cuando pueden conectar la nueva información con sus propias vidas y trabajo. El currículo era flexible; al principio, los participantes dijeron a los investigadores qué temas querían cubrir, y el equipo ajustó el cronograma en consecuencia. Los talleres cubrieron una amplia gama de temas, desde los conceptos básicos de las herramientas de mejora de la calidad hasta cuestiones complejas como el liderazgo, el análisis de datos y cómo mantener las asociaciones comunitarias, particularmente con los grupos indígenas. Entre las sesiones mensuales, los equipos trabajaban en sus propios proyectos, recibiendo asesoramiento personalizado y acceso a recursos para ayudarles a aplicar lo aprendido.
Una característica clave del programa fue la creación de una Comunidad de Práctica, un grupo donde las personas de diferentes agencias podían compartir ideas y resolver problemas juntas. Durante los talleres, los participantes se dividían en grupos más pequeños para discutir su progreso, hablar de los desafíos que enfrentaban y aprender de las experiencias de sus pares en otras regiones. Esta colaboración interorganizacional les permitió ver cómo diferentes agencias abordaban problemas similares, fomentando una red de apoyo que se extendía más allá de sus propias oficinas locales. Los investigadores también se aseguraron de incluir un enfoque en la equidad, garantizando que los equipos consideraran cómo sus planes de emergencia afectaban a todos los miembros de su comunidad, especialmente a aquellos que suelen quedar rezagados durante una crisis.
El programa piloto se desarrolló durante diecinueve meses, durante los cuales las cinco agencias pasaron de identificar sus prioridades a implementar cambios específicos en su trabajo. Los investigadores encontraron que el proceso de cocreación fue exitoso para involucrar a los participantes y hacer que la capacitación fuera relevante para sus vidas diarias. Las agencias desarrollaron planes concretos para mejorar su preparación ante emergencias, utilizando las herramientas de mejora de la calidad aprendidas para rastrear su progreso y medir su éxito. El estudio demostró que cuando los trabajadores de salud pública reciben las herramientas adecuadas y la libertad de dar forma a su propio aprendizaje, pueden utilizar eficazmente los métodos de mejora de la calidad para construir sistemas más resilientes.
Este trabajo sugiere que la brecha entre la atención clínica y la práctica de la salud pública puede cerrarse involucrando a las personas que realizan el trabajo en el diseño de las soluciones. Los investigadores no pretendieron haber resuelto todos los problemas de la preparación ante emergencias, pero demostraron un camino claro a seguir. Al combinar marcos basados en la evidencia con la sabiduría práctica de los profesionales de la salud pública, es posible crear un sistema que aprenda y se adapte. El éxito de este programa piloto sugiere que enfoques similares podrían utilizarse en otras organizaciones para ayudarlas a prepararse para los desafíos impredecibles del futuro, asegurando que, cuando llegue la próxima emergencia, la respuesta no sea solo rápida, sino también efectiva y justa.
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