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Psychological Status of Social Media Users among Students of a Selected University in Dhaka, Bangladesh

Este estudio transversal de 253 estudiantes de pregrado en una universidad de Dhaka revela que el uso excesivo diario de las redes sociales (más de 5 horas) y la adicción a las sustancias están significativamente asociados con niveles más altos de ansiedad y depresión, con casi la mitad de los participantes exhibiendo síntomas de estas condiciones de salud mental.

Autores originales: Nafiu Ahmed, Maksudul Shadat Akash, Pradip Kumar Sen Gupta

Publicado 2026-08-28
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Autores originales: Nafiu Ahmed, Maksudul Shadat Akash, Pradip Kumar Sen Gupta

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo moderno, la pantalla se ha convertido en una ventana al globo entero, un lugar donde las personas se reúnen para compartir pensamientos, ver videos y mantenerse en contacto con amigos. Para los adultos jóvenes, este espacio digital es a menudo la forma principal en que se conectan con el mundo. Sin embargo, esta conexión constante conlleva un costo psicológico que los científicos apenas están comenzando a comprender plenamente. Cuando las personas pasan horas desplazándose por sus muros o enviando mensajes a amigos, no solo están pasando el tiempo; están participando en una interacción compleja que puede remodelar su estado de ánimo, su sueño y su sentido del yo. Los investigadores están particularmente interesados en cómo esta inmersión digital afecta dos estados mentales comunes: la ansiedad, un sentimiento de preocupación o inquietud, y la depresión, una tristeza persistente que puede hacer que la vida diaria se sienta pesada. Si bien las redes sociales ofrecen una forma de construir comunidades y encontrar apoyo, también conllevan el riesgo de distracción, comparación y aislamiento. Comprender si el tiempo pasado en línea es un hábito inofensivo o un detonante de malestar mental es una pregunta crucial para la salud pública, especialmente entre los estudiantes universitarios que navegan la transición hacia la edad adulta mientras viven en una sociedad hiperconectada.

Un equipo de investigadores se propuso investigar esta relación dentro del cuerpo estudiantil de la Universidad de Ciencias de la Salud de Bangladesh en Dhaka. Querían ver si la forma en que los estudiantes usaban las redes sociales estaba vinculada con su bienestar mental. Para ello, reunieron a un grupo de 253 estudiantes de pregrado y les pidieron que completaran una encuesta detallada. La encuesta cubría sus antecedentes básicos, como su edad, dónde vivían y los ingresos de su familia, así como sus hábitos diarios, incluyendo si fumaban, usaban otras sustancias o practicaban deportes. Crucialmente, la encuesta también les preguntaba cuánto tiempo pasaban en las redes sociales y qué plataformas utilizaban con más frecuencia. Luego, los investigadores utilizaron tres herramientas estándar para medir la salud mental de los estudiantes: una para verificar la adicción al internet, otra para medir la ansiedad y una tercera para detectar la depresión. Estas herramientas hacían preguntas simples sobre con qué frecuencia los estudiantes se sentían inquietos, tristes o incapaces de dejar de usar el internet, convirtiendo sus respuestas en una puntuación que indicaba su nivel de malestar.

Los estudiantes que participaron en el estudio eran mayoritariamente adultos jóvenes, con una edad promedio de unos 22 años. La mayoría eran mujeres, vivían en ciudades y provenían de familias con un ingreso mensual inferior a 50,000 taka. En cuanto a sus vidas digitales, los resultados fueron impactantes. Casi todos los estudiantes usaban teléfonos inteligentes, y la gran mayoría era activa en Facebook, WhatsApp y YouTube. En promedio, estos estudiantes pasaban más de seis días a la semana en las redes sociales, conectándose durante más de cinco horas cada día. Esta cantidad de tiempo es significativa; significa que, para una gran parte de sus horas de vigilia, estos estudiantes estaban comprometidos con sus pantallas. Los investigadores encontraron que este uso intensivo iba acompañado de un nivel notable de tensión mental. Cerca de la mitad de los estudiantes mostraban signos de adicción al internet, y casi la mitad también experimentaba algún nivel de depresión o ansiedad. Las puntuaciones promedio sugirieron que, si bien muchos estudiantes no estaban en una crisis, un número significativo estaba lidiando con niveles leves a moderados de estas condiciones.

Cuando los investigadores analizaron más de cerca los datos, descubrieron que no todos los factores estaban vinculados a la salud mental de la misma manera. Encontraron una conexión clara y fuerte entre el uso de sustancias y el malestar mental. Los estudiantes que admitieron ser adictos a las drogas u otras sustancias tenían muchas más probabilidades de reportar síntomas tanto de depresión como de ansiedad. Esto sugiere que, para este grupo, la lucha contra la adicción y la lucha con la salud mental suelen ir de la mano. Sin embargo, la relación entre las redes sociales y la salud mental era más matizada. El estudio encontró que pasar tiempo en las redes sociales estaba significamente vinculado con la ansiedad. Los estudiantes que pasaban más de seis horas al día en estas plataformas tenían más probabilidades de reportar sentirse ansiosos. Parece que el mero volumen de tiempo pasado en línea puede desgastar la resiliencia emocional de una persona, provocando sentimientos de preocupación e inquietud.

Curiosamente, el estudio no encontró un vínculo directo entre la cantidad de tiempo pasado en las redes sociales y la depresión. Aunque los usuarios intensivos tenían más probabilidades de sentirse ansiosos, su tiempo en línea no parecía predecir si se sentirían deprimidos. Esta distinción es importante porque sugiere que diferentes desafíos de salud mental tienen diferentes detonantes. Los investigadores también observaron si el uso de plataformas específicas como Facebook, Instagram o TikTok marcaba una diferencia, pero no encontraron un vínculo significativo entre ninguna aplicación individual y tasas más altas de depresión o ansiedad. El problema parecía ser el tiempo total pasado en línea más que el destino específico. Además, el estudio mostró que factores como la edad, el género o los ingresos familiares no predecían fuertemente quién se sentiría ansioso o deprimido en este grupo. El único factor de estilo de vida que destacó como un predictor importante para ambas condiciones fue el uso de sustancias adictivas.

Los hallazgos de este estudio pintan un cuadro de una generación que está profundamente conectada pero también es vulnerable. Los estudiantes en Dhaka pasan una cuarta parte de su día en línea, y este hábito está asociado con niveles más altos de ansiedad. Si bien las redes sociales en sí mismas no son una solución mágica que causa todos los problemas de salud mental, los datos sug的に que pasar demasiado tiempo en el mundo digital puede inclinar la balanza hacia la ansiedad. Los investigadores concluyeron que, para estos estudiantes, la duración de su compromiso en línea es un factor clave para su bienestar mental. También señalaron que el estudio tenía limitaciones, como el hecho de que solo analizó una universidad y utilizó un método específico para seleccionar a los estudiantes, lo que significa que los resultados podrían no aplicarse a todos los estudiantes del país. A pesar de estos límites, el estudio ofrece una advertencia clara: el tiempo que pasamos desplazándonos no es solo una medida de nuestro ocio; es una medida de nuestra carga mental. Para los jóvenes que navegan las presiones de la vida universitaria, encontrar un equilibrio entre el mundo digital y el mundo real puede ser esencial para mantener sus mentes saludables.

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