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Subretinal Injection of Amphotericin B Using a 41‑gauge Needle for Refractory Candida albicans Subretinal Abscess: A Case Report and Literature Review

Este reporte de caso demuestra que la inyección subretiniana de anfotericina B utilizando una aguja de calibre 41 durante una vitrectomía de la pars plana controló con éxito un absceso subretiniano refractario de Candida albicans en un paciente inmunosuprimido que no respondió a las terapias antifúngicas sistémicas e intravítreas convencionales.

Autores originales: Wenting Ding, Yile Xu, Yongping Hu, Di Li, Xiaoxiao Qian, Jian Li

Publicado 2026-09-02
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Autores originales: Wenting Ding, Yile Xu, Yongping Hu, Di Li, Xiaoxiao Qian, Jian Li

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Dentro del ojo humano, una delicada capa de tejido llamada retina actúa como la pantalla donde la luz se captura para formar imágenes. Detrás de esta pantalla se encuentra un espacio que normalmente está vacío, pero cuando una infección se apodera de él, puede crear un saco de pus conocido como absceso. Esta es una complicación rara y peligosa de una condición en la que los hongos viajan a través del torrente sanguíneo hasta el ojo, un escenario que a menudo afecta a personas con sistemas inmunológicos debilitados. Durante décadas, los médicos se han enfrentado a una difícil elección al tratar estas infecciones profundas: usar medicamentos potentes que luchan por penetrar las barreras naturales del ojo, o realizar una cirugía invasiva que conlleva un alto riesgo de desgarrar la retina y causar ceguera permanente. El desafío ha sido encontrar una manera de entregar el medicamento directamente a la infección sin dañar el frágil tejido circundante.

Un equipo de investigadores del Hospital de la Primera Gente de Hangzhou documentó recientemente un caso en el que resolvieron este problema para un paciente que sufría una persistente infección fúngica. El paciente era un hombre de setenta años con antecedentes de diabetes y uso prolongado de esteroides para una afección articular, lo que había dejado su sistema inmunológico incapaz de combatir una infección por levaduras llamada Candida albicans. Aunque la infección había sido detectada en su orina, también había viajado a sus ojos, causando una inflamación severa en ambos. En su ojo izquierdo, la infección había formado un gran absceso de color blanco amarillento debajo de la retina, que medía de cuatro a cinco veces el tamaño de la cabeza del nervio óptico. A pesar de repetidas inyecciones de medicamento antifúngico en el centro del ojo y de medicación oral fuerte, la infección en el ojo izquierdo continuaba creciendo, amenazando con destruir el órgano por completo.

Ante un ojo que fallaba, los cirujanos decidieron probar un enfoque diferente durante un procedimiento para extraer el gel vítreo del interior del ojo. En lugar de realizar un corte grande en la retina para drenar el absceso, lo que podría haber causado un desprendimiento de retina, utilizaron una aguja ultrafina, tan delgada que se mide en cuarenta y un calibre. Esta aguja es tan pequeña que crea un orificio que se sella por sí mismo en el tejido. A través de esta abertura diminuta, el equipo inyectó una dosis concentrada de anfotericina B, un potente fármaco antifúngico, directamente en el saco de la infección debajo de la retina. Este método permitió que el medicamento llegara al núcleo del absceso a un nivel que los tratamientos anteriores no habían podido alcanzar.

El resultado fue inmediato y efectivo. Tras la inyección, el absceso dejó de crecer y comenzó a encogerse, mientras que la inflamación circundante se aclaró lentamente. Los cirujanos llenaron el ojo con aceite de silicona para mantener la retina en su lugar y apoyar la curación. Durante los meses siguientes, el ojo permaneció estable y la infección fue controlada. Aunque el paciente lamentablemente falleció más tarde debido a una infección sistémica generalizada no relacionada con su ojo, el ojo en sí se salvó de ser extraído. La infección no regresó y el paciente conservó algo de visión, demostrando que esta técnica precisa y mínimamente invasiva puede tener éxito donde los tratamientos estándar fallan. Este caso sugiere que para las infecciones fúngicas profundas que se resisten a otras terapias, la entrega de medicina directamente al sitio con una aguja tan fina ofrece una opción segura y poderosa para salvar la vista.

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