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Gelfoam-Induced Acute Cauda Equina Syndrome Following L3–L5 Decompression and Instrumented Fusion: A Case Report

Este reporte de caso describe un caso raro de síndrome de cola de caballo hiperagudo causado por la hinchazón de una lámina de Gelfoam intacta y no preparada colocada en el espacio epidural tras una fusión espinal L3–L5, resaltando la necesidad crítica de protocolos estrictos de preparación intraoperatoria e imágenes urgentes para el reconocimiento temprano para prevenir déficits neurológicos permanentes.

Autores originales: Haoyu Wang, Zelong Yang, Xixin Jin

Publicado 2026-09-30
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Haoyu Wang, Zelong Yang, Xixin Jin

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En la compleja arquitectura de la columna vertebral humana, los cirujanos suelen recurrir a pequeñas esponjas absorbentes para detener el sangrado durante operaciones delicadas. Estas esponjas, fabricadas con un material de gelatina poroso, están diseñadas para absorber sangre y líquido tisular, ayudando al cuerpo a formar un coágulo de forma natural. Una vez que el sangrado se detiene, se supone que la esponja debe disolverse en unas pocas semanas, sin dejar rastro. Debido a que son efectivas y generalmente seguras, estos materiales son una herramienta estándar en la cirugía de columna, utilizados para proteger los nervios mientras el cirujano trabaja sobre los huesos. Sin embargo, el espacio dentro de la columna es increíblemente estrecho, repleto de haces de nervios que controlan el movimiento y la sensación en las piernas y la vejiga. Cuando un cirujano elimina hueso para aliviar la presión sobre estos nervios, crea un túnel estrecho donde incluso una mínima cantidad de material adicional puede causar problemas significativos. La comunidad médica ha sabido durante mucho tiempo que si estas esponjas se hinchan demasiado, pueden presionar los nervios, pero se pensaba que el tiempo y la velocidad de tal evento eran lentos y predecibles.

Un informe de caso reciente de un hospital en China desafía esta suposición, describiendo una situación en la que una esponja quirúrgica estándar causó una crisis neurológica súbita y severa apenas dos horas después de la cirugía. La historia comienza con un hombre de setenta y un años que había sufrido dolor en las piernas y dificultad para caminar durante cuatro años. Su condición no había mejorado con fisioterapia ni medicación, por lo que los médicos decidieron realizar una cirugía para remover el hueso y los ligamentos que presionaban sus nervios espinales en la parte baja de la espalda. La operación consistió en la extracción de partes de tres vértebras e la instalación de tornillos y varillas metálicas para estabilizar la columna. Durante el procedimiento, el cirujano notó un sangrado menor en la superficie de la cubierta protectora de la médula espinal. Para detener esto, se colocó una única hoja intacta de la esponja de gelatina directamente sobre los nervios. La hoja no fue empapada en un líquido especial para eliminar el aire, ni se cortó en trozos más pequeños; se dejó como un tapete grande y seco.

Cuando el paciente despertó de la anestesia, inicialmente parecía estar bien. Pero solo dos horas después, su pierna derecha se debilitó repentinamente. No podía levantar la rodilla, mover el tobillo ni mover los dedos de los pies. La debilidad era tan severa que los músculos de su pierna apenas podían moverse contra la gravedad. Los médicos se dieron cuenta rápidamente de que esto no era un dolor posoperatorio normal, sino un signo de compresión aguda sobre el haz de nervios en la base de la columna. Una exploración de su zona lumbar mostró que los tornillos metálicos estaban en la posición correcta y que no había huesos rotos presionando hacia adentro, pero había una extraña masa presionando contra los nervios. Debido a que el paciente tenía una sonda para drenar su vejiga durante la cirugía, los médicos no podían saber si era incapaz de orinar, que es un signo de advertencia clásico de este tipo de compresión nerviosa. Este síntoma oculto, combinado con la debilidad repentina, hizo que el diagnóstico fuera complicado de inmediato.

El equipo médico realizó una exploración de emergencia mediante resonancia magnética, la cual reveló la verdadera causa: la esponja de gelatina había absorbido líquido del sitio quirúrgico y se había hinchado como un globo, formando una masa sólida que apretaba los nervios con fuerza. La esponja se había expandido tan rápido que llenó el estrecho espacio por donde viajan los nervios, cortando su función. El paciente fue llevado de regreso al quirófano de inmediato. Cuando los cirujanos abrieron la incisión, encontraron que la esponja se había convertido en un gran bulto gelatinoso que envolvía los nervios desde la tercera hasta la quinta vértebra. Retiraron cuidadosamente toda la masa y los coágulos de sangre circundantes. Una vez que se liberó la presión, la condición del paciente comenzó a mejorar casi de inmediato. En doce horas, la fuerza de su pierna había regresado lo suficiente como para mover sus músculos moderadamente, y seis semanas después, estaba caminando sin ningún tipo de asistencia.

Este caso resalta una forma específica y peligrosa en la que una herramienta quirúrgica rutinaria puede fallar. Los investigadores descubrieron que la velocidad del daño se debió a cómo se utilizó la esponja. Debido a que la hoja se dejó entera y seca, atrapó aire en su interior. Al entrar en contacto con el entorno húmedo de la columna, succionó fluido rápidamente, expandiéndose con gran fuerza en un espacio que no podía estirarse. En informes anteriores, problemas similares ocurrieron lentamente durante diez a catorce días a medida que la esponja absorbía el fluido gradualmente y causaba inflamación. En este caso, el daño ocurrió en cuestión de horas, impulsado puramente por la hinchazón física del material en lugar de una lenta reacción inmunitaria. La presencia de la sonda urinaria también desempeñó un papel al ocultar el signo habitual de problemas de vejiga, que de otro modo podría haber alertado a los médicos al problema antes.

Los autores del informe sugieren que, para evitar que esto suceda de nuevo, los cirujanos deben cambiar la forma en que utilizan estas esponjas. Recomiendan que el material nunca debe dejarse como una hoja grande e intacta en el canal espinal. En su lugar, debe cortarse en trozos diminutos, empaparse a fondo para eliminar todo el aire atrapado y exprimirse antes de su uso. Lo más importante es que cualquier resto de esponja debe ser retirado completamente una vez que el sangrado se detenga, en lugar de dejarse para que se disuelva. El informe concluye que cuando un paciente experimenta una debilidad repentina en las piernas después de una cirugía de columna, los médicos deben buscar este tipo de hinchazón de inmediato, incluso si el paciente tiene una sonda y no puede mostrar signos de retención urinaria. Al reconocer la velocidad de la amenaza y actuar rápidamente para retirar el material inflamado, el daño severo a los nervios a menudo puede revertirse, permitiendo al paciente recuperar su capacidad de caminar.

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