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Disrupted Routines: Natural Disasters and the Gendered Allocation of Household Work in the United States

Al vincular los datos de desastres a nivel de condado con las encuestas de uso del tiempo, este estudio revela que los desastres naturales con alta mortalidad en los Estados Unidos reducen temporalmente la brecha de género en el trabajo doméstico no remunerado al disminuir las tareas del hogar y el cuidado infantil de las mujeres casadas, junto con un aumento en las tareas del hogar de los hombres casados, además de una pérdida significativa de tiempo de trabajo remunerado para los hombres.

Autores originales: Veeshan Rayamajhee, Raymond March, Mehadi Shawon

Publicado 2026-11-03
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Veeshan Rayamajhee, Raymond March, Mehadi Shawon

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Los desastres suelen medirse en dólares perdidos, hogares destruidos o vidas segadas. Pero para las personas que los viven, una catástrofe es también una interrupción masiva de la vida cotidiana. Detiene el autobús escolar, cierra el lugar de trabajo y convierte un martes rutinario en un día de búsqueda de agua, de cuidado de vecinos enfermos o de espera para que regrese la electricidad. Durante décadas, los investigadores han estudiado cómo estos eventos cambian dónde viven las familias, cuánto dinero tienen y qué tan saludables son. Sin embargo, una parte crucial de la historia ha permanecido oculta: cómo se reparte el trabajo dentro del hogar entre hombres y mujeres cuando todo lo demás se desmorona. Sabemos que, en tiempos ordinarios, las mujeres en los Estados Unidos dedican significativamente más tiempo a tareas no remuneradas como cocinar, limpiar y cuidar a los niños que los hombres. Esta brecha es un hecho bien establecido de la vida estadounidense. La pregunta que ha permanecido sin respuesta durante mucho tiempo es si un desastre mayor amplía esa brecha, obligando a las mujeres a hacer aún más, o si el caos del evento de alguna manera reorganiza las cartas.

Para encontrar la respuesta, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Nuevo México y la Universidad Estatal de Angelo analizó una vasta colección de diarios diarios mantenidos por miles de estadounidenses casados durante casi dos décadas. Conectaron estos datos personales con registros oficiales de desastres naturales en todo el país. Específicamente, se centraron en condados que habían experimentado un evento severo que resultó en al menos 25 muertes en un solo año. Al comparar las agendas diarias de las personas que vivían en esos condados afectados con las de personas en condados que no habían enfrentado tal tragedia, los investigadores pudieron ver exactamente cómo un desastre cambió la forma en que se emplea el tiempo. No estaban observando a parejas negociando entre sí, sino más bien los hábitos agregados de mujeres y hombres casados que vivían en las mismas comunidades.

Los resultados fueron sorprendentes y contraintuitivos. Tras un desastre de alta mortalidad, la brecha habitual en el trabajo doméstico se redujo significativamente. Las mujeres casadas en los condados afectados reportaron realizar unos 18.5 minutos menos de trabajo no remunerado por día en comparación con las mujeres en áreas no afectadas. Esta reducción se concentró en las tareas más rutinarias: las tareas del hogar y el cuidado de los niños. Al mismo tiempo, los hombres casados en esos mismos condados no experimentaron un cambio estadísticamente significativo en su tiempo total de trabajo no remunerado, pero dedicaron unos ocho minutos más al día a las tareas del hogar. Debido a que las mujeres suelen realizar unos 68 minutos más de trabajo no remunerado que los hombres cada día, este cambio significó que la brecha de género se redujo en aproximadamente 20 minutos, o cerca de un 30 por ciento. Los investigadores encontraron que este cambio fue temporal; no persistió en el año siguiente, lo que sugiere que fue una reacción directa a la interrupción inmediata más que un cambio permanente en los valores familiares.

El estudio también reveló por qué ocurrió este cambio. No fue simplemente que las mujeres decidieran dejar de trabajar o que los hombres de repente fueran más serviciales en un vacío. Los datos mostraron que los hombres en las zonas de desastre perdieron una cantidad sustancial de tiempo de trabajo remunerado —unos 35 minutos al día más que las mujeres. Parece que cuando los hombres fueron desplazados de sus empleos por el desastre, redirigieron una pequeña fracción de ese tiempo recién liberado hacia el hogar. Mientras tanto, las mujeres redujeron su labor doméstica, probablemente porque las condiciones del desastre hicieron que parte de ese trabajo fuera imposible de realizar, como cuando las escuelas cierran o las viviendas resultan dañadas. Los investigadores fueron cuidadosos al señalar que esta reducción de la brecha no es un lado positivo o un beneficio del desastre. Es un síntil de la crisis misma, impulsado por la pérdida de ingresos para los hombres y la pérdida de la capacidad de mantener un hogar normal para las mujeres.

Los hallazgos desafían la suposición común de que los desastres simplemente añaden más trabajo al plato de todos, particularmente para las mujeres. Mientras que otras crisis, como la pandemia, vieron la brecha de género ampliarse porque las escuelas cerraron y las demandas de cuidado se dispararon, un desastre natural parece operar de manera diferente. Interrumpe las rutinas mismas que imponen la división tradicional del trabajo. El estudio sugiere que cuando la estructura normal de la vida diaria se rompe, las reglas rígidas sobre quién hace qué en el hogar pueden aflojarse, aunque sea por poco tiempo. Sin embargo, los investigadores enfatizaron que sus datos provinieron principalmente de áreas golpeadas por olas de calor extremo y algunos otros eventos específicos, y que los resultados podrían ser diferentes para desastres que destruyen la infraestructura de vivienda. En última instancia, el estudio proporciona un vistazo poco común al trabajo invisible de la recuperación, mostrando que cuando una comunidad es golpeada, la carga de la adaptación no se comparte de manera igualitaria, pero sí cambia de formas que son distintas de los patrones de largo plazo de la vida cotidiana.

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