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The Post-COVID Shift in Global Health Expenditure and Financing: Evidence from a 193-Country Panel, 2010–2023

Utilizando un panel de 193 países del periodo 2010–2023, este estudio demuestra que el periodo post-COVID desencadenó un cambio persistente y estadísticamente significativo en la financiación de la salud global, caracterizado por un aumento pronunciado en el gasto público en salud per cápita y una disminución relativa en las cuotas de gastos de bolsillo —particularmente en las naciones de ingresos altos— en lugar de un mero pico transitorio o una tendencia preexistente.

Autores originales: Kunal Dhanda

Publicado 2026-09-10
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Kunal Dhanda

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada nación lleva un registro de cuánto gasta para mantener sanas a sus personas, rastreando la factura total como una porción del producto interno bruto general del país. Esta porción, conocida como el gasto en salud como porcentaje del producto interno bruto, es un signo vital de las prioridades de una sociedad y de su capacidad para pagar la atención médica. Durante décadas, economistas y funcionarios de salud pública han observado cómo este número ascendía lentamente, impulsado por el envejecimiento de las poblaciones y el creciente costo de las nuevas tecnologías médicas. Pero a principios de 2020, el mundo enfrentó un choque repentino y compartido: una pandemia global que exigió una inyección inmediata y masiva de fondos para pruebas, vacunas y atención hospitalaria. La pregunta que ha persistido desde que la fase aguda de la crisis pasó es si ese aumento fue simplemente un pico temporal —una emergencia fiscal que se desvaneció una vez que el peligro retrocedió— o si alteró permanentemente la base de cuánto gasta el mundo en salud y, quizás más importante, quién paga la cuenta.

Un investigador del Instituto Indio de Tecnología de Kharagpur, Kunal Dhanda, se propuso responder a esto analizando los registros financieros de 193 países durante un periodo de catorce años, de 2010 a 2023. Debido a que la pandemia afectó a todas las naciones casi al mismo tiempo, no hubo un "grupo de control" de países no afectados con el cual comparar, lo que dificultó el análisis. En lugar de intentar encontrar una comparación perfecta, el investigador trató la pandemia como un evento global y buscó una ruptura distintiva en los datos, preguntándose si los hábitos de gasto del mundo cambiaron de una manera que no pudiera explicarse por las tendencias de crecimiento lento y constante que ya existían antes de la llegada del virus. El estudio también buscó desenredar una confusión específica: cuando la proporción de los costos de salud pagados por los gobiernos aumenta, ¿significa eso que los hogares están pagando menos, o simplemente significa que el fondo total de dinero ha crecido tan rápido que la porción del gobierno parece mayor incluso si la porción del hogar también está creciendo?

El análisis revela que la pandemia de hecho dejó una huella duradera en el gasto mundial en salud. Cuando el investigador comparó los años posteriores a 2019 con los años anteriores, los datos mostraron un salto claro y persistente en el gasto. En la fase inmediata posterior a la crisis, el gasto en salud aumentó drásticamente y, aunque retrocedió un poco a medida que la emergencia disminuía, no volvió a su nivel prepandemia. Para 2022 y 2023, los países seguían gastando significativamente más en salud en relación con sus economías de lo que habían gastado una década atrás. Para asegurar que esto no fuera solo una continuación del lento ascenso que existía antes del virus, el investigador construyó un modelo contrafactual estricto. Este modelo tomó la tendencia de gasto de cada país de 2010 a 2019, trazó una línea recta a través de esos años y proyectó hacia dónde habría ido esa línea si la pandemia nunca hubiera ocurrido. Cuando el gasto real de 2020 a 2023 se comparó con esta línea proyectada, permaneció una brecha. El gasto real fue aproximadamente 0.37 puntos porcentuales de PIB más alto de lo que la tendencia prepandemia habría predicho. Esta brecha es estadísticamente significativa, lo que significa que es muy improbable que sea una fluctuación aleatoria.

Para probar la fuerza de este hallazgo, el investigador realizó una comprobación rigurosa utilizada a menudo en la investigación de alto nivel: una prueba de permutación. Imagine tomar los diez años de datos anteriores a la pandemia y elegir aleatoriamente cuatro de ellos para pretender que eran los años "postpandemia". Si el investigador hiciera esto cientos de veces, buscando un "salto" falso en los datos, los resultados se agruparían alrededor de cero, mostrando que no hay un salto real. Sin embargo, cuando el investigador observó los cuatro años reales de la pandemia, el salto en el gasto fue tan grande que quedó completamente fuera del rango de cualquier combinación aleatoria de los años anteriores a la pandemia. De hecho, el salto real fue más del doble de grande que el mayor salto falso que el investigador podría haber fabricado a partir de los datos anteriores. Esto confirma que el aumento de 2020 fue una discontinuidad genuina, no solo un artefacto del ascenso gradual de los datos a lo largo del tiempo.

La historia de quién paga por este aumento en el gasto es más matizada de lo que sugieren las cifras de los titulares. Los datos muestran un cambio claro en la mezcla de financiamiento: la proporción de los costos de salud cubiertos por los gobiernos aumentó aproximadamente 2.4 puntos porcentuales, mientras que la proporción pagada directamente por los hogares de sus propios bolsillos cayó en una cantidad similar. A primera vista, esto podría sugerir que los gobiernos absorbieron la carga y protegieron a las familias del costo. Sin embargo, cuando el investigador convirtió estas proporciones en montos reales de dólares por persona, surgió un panorama diferente. Tanto el gasto gubernamental como el gasto de los hogares aumentaron en términos absolutos. El gasto gubernamental por persona aumentó casi 195 dólares estadounidenses, mientras que el gasto de los hogares por persona también aumentó, aunque de forma más modesta, unos 27 dólares. La razón por la que la proporción de los hogares disminuyó es que el monto total gastado en salud creció tan rápidamente que la contribución del gobierno creció aproximadamente siete veces más rápido que la contribución de los hogares. Los hogares no pagaron menos; simplemente pagaron una porción más pequeña de una factura total mucho mayor.

Este cambio en el financiamiento, sin embargo, no se sintió de la misma manera en todo el mundo. Los datos indican que el movimiento hacia la atención médica financiada por el gobierno se concentró en los países de ingresos medios y altos, donde los gobiernos tenían el espacio fiscal para expandir sus presupuestos rápidamente. En estas naciones más ricas, la proporción de los costos de salud pagados por los hogares cayó significamente. En contraste, los países de bajos ingresos no mostraron un cambio estadísticamente detectable en su mezcla de financiamiento. En estas naciones más pobres, los hogares continuaron asumiendo aproximadamente el 43 por ciento de los costos de salud, una carga que se mantuvo obstinadamente alta e inalterada por la pandemia. Para aproximadamente tres de cada diez países del estudio, el gasto de los hogares por persona no aumentó en absoluto, pero para la mayoría, sí aumentó, aunque a un ritmo más lento que el gasto gubernamental.

La trayectoria del gasto cuenta una historia de un pico seguido de un desvanecimiento parcial. El aumento más dramático ocurrió exactamente en 2020, con un fuerte salto en el gasto en relación con el año anterior. En los años inmediatamente posteriores, la tasa de crecimiento se ralentizó y el gasto comenzó a descender, pero no regresó a la línea base. Para 2023, el nivel de gasto se mantuvo elevado, asentándose en una nueva meseta más alta. Este patrón sugiere que, si bien parte del gasto fue una respuesta de emergencia temporal que ha retrocedido, una parte del aumento representa una expansión duradera de la capacidad o los derechos de los sistemas de salud que ha persistido. La investigación concluye que la pandemia coincidió con un aumento real y persistente en el gasto mundial en salud y un cambio hacia el financiamiento público, pero este cambio fue un privilegio de las naciones más ricas. Para los países más pobres del mundo, la pandemia no protegió duraderamente a los hogares de los costos de salud, ni alteró fundamentalmente la pesada dependencia de los pagos directos de bolsillo que define sus sistemas de salud.

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