Overlay or scaffold? The continuity assumption in smart tourism ecosystem theory and the post-conflict blind spot
Este artículo critica el supuesto de continuidad en la teoría del ecosistema del turismo inteligente, el cual pasa por alto los destinos posconflicto donde la infraestructura digital suele preceder a la reconstrucción física, al demostrar mediante un análisis bibliométrico que los campos del turismo inteligente, el patrimonio digital y el turismo posconflicto permanecen críticamente desconectados y al proponer un modelo de "andamiaje" para abordar este punto ciego teórico.
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Imagina una ciudad que ha sido destrozada por la guerra. Sus edificios son escombros, sus calles están en silencio y su gente se ha dispersado. En el mundo del turismo, existe la creencia arraigada de que la tecnología es algo que se añade a un lugar que ya existe. Tomas una ciudad funcional con sus hoteles, sus museos y sus multitudes, y le superpones herramientas digitales inteligentes para que funcione mejor. Esta idea, conocida como la "asunción de continuidad", sugiere que la tecnología es un toque final, como una nueva capa de pintura sobre una casa sólida. Pero, ¿qué pasa cuando la casa ha desaparecido? ¿Qué ocurre cuando un destino no solo está dañado, sino borrado, y lo único que queda en pie es un recuerdo digital de lo que solía haber allí?
Este es el enigma que un equipo de investigadores de universidades de Ucrania y de otros lugares se propuso resolver. Analizaron el campo del "turismo inteligente", que estudia cómo la tecnología transforma los viajes, y se plantearon una pregunta simple pero profunda: ¿Tiene este campo un plan para los lugares que están siendo reconstruidos desde cero? Sospechaban que las teorías actuales podrían ser ciegas ante la realidad de la recuperación posconflicto, donde el registro digital de un monumento puede existir antes de que el monumento mismo sea reconstruido. Para encontrar la respuesta, no se limitaron a leer unos pocos artículos; realizaron una investigación estadística masiva de todo el cuerpo de investigación sobre este tema, tratando la literatura académica como un mapa para ver dónde se cruzan realmente los caminos y dónde simplemente corren paralelos sin llegar a encontrarse.
Los investigadores recopilaron más de 2.000 artículos científicos de una importante base de datos global, que cubrían tres áreas distintas de estudio. La primera área era el turismo inteligente, que se centra en cómo los datos y las herramientas digitales mejoran los viajes en destinos existentes. La segunda era el patrimonio cultural digital, que trata sobre el uso de láseres, cámaras y realidad virtual para preservar y recrear la historia. La tercera era el turismo posconflicto, que examina cómo regresa el turismo a los lugares después de guerras o desastres. El equipo quería ver si estas tres conversaciones estaban dialogando entre sí. Buscaron palabras compartidas, autores compartidos y revistas compartidas. Querían saber si un investigador que estudia la reconstrucción digital de una ciudad devastada por la guerra también estaba leyendo los últimos artículos sobre tecnología de turismo inteligente.
Lo que encontraron fue un silencio sorprendente. A pesar de que estos tres campos están relacionados con el mismo problema del mundo real, están casi completamente desconectados entre sí en el mundo académico. Los investigadores calcularon que, si estos campos interactuaran de forma natural, deberían haber encontrado casi 120 artículos que combinaran el turismo inteligente y la recuperación posconflicto. En su lugar, encontraron cero. No hubo palabras clave compartidas que vincularan ambos temas, y solo un puñado ínfimo de investigadores había publicado alguna vez en ambas áreas. La comunidad del patrimonio digital estaba ocupada construyendo gemelos virtuales de edificios destruidos, y la comunidad del posconflicto estaba estudiando cómo sanan las sociedades, pero lo hacían en habitaciones separadas, usando lenguajes distintos y rara vez consultando el mismo trabajo. La única vez que los dos mundos se tocaban era a través del concepto de "resiliencia": la idea de que un sistema vuelve a su estado anterior. Pero este concepto asume que el sistema original todavía está ahí para regresar a él, lo cual no es cierto cuando una ciudad ha sido destruida.
El estudio sugiere que la teoría actual del turismo inteligente se basa en una premisa que ya no se sostiene para muchos lugares del mundo. Asume que un destino ya está allí, esperando a que la tecnología lo haga más inteligente. Pero en lugares como Ucrania, donde miles de sitios culturales han sido dañados o destruidos, el orden de los eventos se ha invertido. El registro digital se está creando primero, a menudo por voluntarios y ciudadanos que escanean las ruinas con sus teléfonos, antes de que se coloquen siquiera las piedras físicas de nuevo. Los investigadores llaman a esto un "modelo de andamiaje", donde la infraestructura digital actúa como un marco alrededor del cual se reconstruye el destino físico, en lugar de ser una capa añadida sobre uno ya existente. Esto no es solo un cambio teórico; es una realidad práctica que está sucediendo ahora mismo, aunque la literatura académica internacional no se haya puesto al día.
Los investigadores utilizaron métodos estadísticos avanzados para demostrar que esta separación no es un accidente. Demostraron que la brecha entre estos campos es tan amplia que sería estadísticamente imposible que ocurriera por azar. Los campos están creciendo a ritmos diferentes, con el patrimonio digital expandiéndose mucho más rápido que el turismo posconflicto, y publican en revistas diferentes que rara vez coinciden. Las pocas personas que tienden un puente son principalmente investigadores experimentados o profesionales que trabajan directamente en los países afectados, que a menudo publican en revistas locales que no son vistas por la comunidad internacional más amplia. Esto significa que el trabajo más urgente e innovador está ocurendo sobre el terreno, pero la conversación global sobre cómo reconstruir estos lugares carece de una pieza crucial del rompecabezas.
El estudio concluye que el campo del turismo inteligente necesita un nuevo modelo. No puede aplicar simplemente sus viejas reglas a lugares que se están formando de nuevo. En su lugar, debe reconocer que en las zonas de posconflicto, la capa digital llega primero, guiando la reconstrucción física. Los investigadores proponen que los estudios futuros se centren en cómo estos registros digitales pueden ayudar a las comunidades a decidir qué reconstruir y cómo recibir de nuevo a los visitantes sin causar más daños. Han identificado áreas específicas donde se necesita investigación, como el uso de la realidad virtual para contar las historias del patrimonio destruido sin re-traumatizar a las personas que vivieron la guerra, o cómo usar los datos para gestionar el flujo de visitantes a los sitios de la memoria.
Este trabajo sirve como una llamada de atención para la comunidad académica. Demuestra que, mientras la tecnología avanza rápidamente, nuestra comprensión de cómo usarla en las circunstancias más difíciles se está quedando atrás. Los investigadores sugieren que se necesitan esfuerzos deliberados para unir estos campos separados, quizás a través de financiación especial o conferencias conjuntas, de modo que las lecciones aprendidas sobre el terreno en lugares como Ucrania puedan informar la teoría global. Hasta entonces, el mundo del turismo inteligente sigue siendo ciego ante una parte importante de su propia realidad, operando bajo la suposición de que el destino ya está allí, incluso cuando es solo un recuerdo esperando ser reconstruido.
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