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High Prevalence of Analgesic Misuse and Abuse and Associated Factors Among Pharmacy Students in Public and Private Universities in Zambia

Este estudio revela una alta prevalencia de uso indebido y abuso de analgésicos entre los estudiantes de farmacia en universidades públicas y privadas de Zambia, con casi un 70% participando en el uso fuera de indicación y un 39% reportando abuso recreativo, factores significativamente asociados con el sexo femenino y el estado civil.

Autores originales: Derick Munkombwe¹, Theresa Musa Hassab¹, Ngula Ngula¹, Abigail Hanyanga¹, Purity Manda¹, Letrine Mabeleka¹, Norman Z. Nyazema², Chikafuna Banda³, Lawrence Kay Mukela

Publicado 2026-10-13
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Derick Munkombwe¹, Theresa Musa Hassab¹, Ngula Ngula¹, Abigail Hanyanga¹, Purity Manda¹, Letrine Mabeleka¹, Norman Z. Nyazema², Chikafuna Banda³, Lawrence Kay Mukela

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El dolor es una experiencia humana universal, y los medicamentos que utilizamos para silenciarlo se encuentran entre las herramientas más comunes en la atención médica moderna. Estos fármacos, conocidos como analgésicos, van desde pastillas sencillas tomadas para un dolor de cabeza hasta sustancias potentes reservadas para el sufrimiento severo. En el mundo de la medicina, existe una línea clara entre usar un fármaco correctamente, usarlo incorrectamente por una razón médica y usarlo para un propósito no médico, como buscar una sensación de euforia. Usar un medicamento por una razón legítima pero de la manera incorrecta, como tomar demasiado o usarlo para una afección para la cual no fue destinado, se denomina uso indebido. Usar un medicamento puramente para drogarse o sentirse bien se llama abuso. Aunque estos comportamientos se estudian en la población general, adquieren un peso diferente cuando ocurren entre futuros profesionales de la salud. Los estudiantes de farmacia son entrenados para ser los guardianes de la medicina, los expertos que guían cómo se usan y distribuyen los fármacos. Si las personas que pronto estarán dispensando y asesorando sobre estos fármacos están ellas mismas luchando con cómo usarlos, esto plantea una seria pregunta sobre la seguridad de todo el sistema.

Un estudio reciente realizado en Zambia buscó comprender exactamente qué tan extendidos están estos comportos entre los estudiantes de farmacia. Los investigadores reunieron a un grupo de 224 estudiantes de dos universidades en la capital, Lusaka: una institución pública y una privada. Pidieron a estos estudiantes que completaran un cuestionario sobre sus hábitos durante el año anterior, buscando específicamente tres tipos de comportamiento: tomar un analgésico por una razón para la cual no fue recetado, tomar más de la cantidad recomendada o tomarlo para sentir una sensación de placer o un "subidón". El objetivo no era solo contar cuántos estudiantes habían usado analgésicos, sino ver cuántos los estaban usando de maneras que podrían ser peligrosas o ilegales.

Los resultados revelaron un panorama sorprendente de uso casi universal mezclado con un riesgo significativo. Casi todos los estudiantes en el estudio, aproximadamente el 93 por ciento, habían tomado un analgésico en el último año. Sin embargo, la forma en que usaron estos fármacos estuvo a menudo lejos del enfoque cuidadoso y racional que se les enseña en clase. Cuando los investigadores desglosaron las respuestas, encontraron que el 70 por ciento de los estudiantes había usado un analgésico por una razón para la cual no estaba destinado. Más de la mitad, el 58 por ciento, admitió haber tomado dosis más altas de las recomendadas. Quizás lo más preocupante fue el hallazgo de que casi el 40 por ciento de los estudiantes reportó usar estos fármacos de forma recreativa o para experimentar una sensación de euforia. Este grupo incluyó estudiantes que habían usado opioides, una clase de analgésicos potentes que incluye fármacos como el tramadol y la codeína, los cuales conllevan un alto riesgo de dependencia.

El estudio también analizó lo que los estudiantes sabían y creían sobre estos medicamentos. A pesar de su formación avanzada, una gran parte del grupo no conocía la dosis correcta de los analgésicos comunes. Más de la mitad creía que todos los analgésicos podían comprarse sin receta, y la mayoría sentía que era aceptable comprarlos en supermercados. Esta brecha entre el conocimiento y el comportamiento sugiere que simplemente enseñar a los estudiantes los hechos sobre los fármacos no es suficiente para detener su uso inadecuado. Los investigadores encontraron que conocer la dosis correcta no protegía a un estudiante del uso indebido. En cambio, otros factores jugaban un papel más importante. Las estudiantes mujeres eran significativamente más propensas a participar en estos comportamientos de riesgo que sus homólogos masculinos, y los estudiantes que no estaban casados eran más propensos a usar indebidamente o abusar de los fármacos que aquellos que estaban casados.

La ubicación de la universidad también importaba. Los estudiantes de la universidad privada reportaron tasas más altas de tomar analgésicos por las razones equivocadas y de tomar demasiado en comparación con los estudiantes de la universidad pública. Sin embargo, los estudiantes de la universidad pública fueron ligeramente más propensos a reportar el uso de los fármacos de forma recreativa. Los investigadores señalaron que las razones de estas diferencias no estaban del todo claras, pero podrían estar vinculadas a diferentes presiones, situaciones de vida o incluso a la forma específica en que cada escuela enseña su currículo. Una cosa era cierta: los estudiantes no solo estaban usando estos fármacos; los estaban usando de maneras que ponían en riesgo su salud y socavaban los principios mismos de su futura profesión.

El estudio concluye que el problema no es solo la falta de información. Los estudiantes conocen la teoría, pero no la aplican. Los investigadores sugieren que la solución requiere dos enfoques diferentes. Para los comportamientos relacionados con tomar la cantidad incorrecta o usar el fármaco para la condición equivocada, la respuesta reside en una mejor educación que se enfoque en las realidades prácticas del uso seguro. Para el uso recreativo de fármacos potentes, especialmente opioides, la educación por sí sola no es suficiente. El estudio señala que se necesitan reglas y controles más estrictos para controlar el acceso a estas sustancias. Los hallazgos sirven como una llamada de atención para las instituciones que entrenan a estos futuros farmacéuticos. Si las personas que un día serán responsables de entregar estos medicamentos no pueden gestionar su propio uso, todo el sistema de gestión del dolor en el país está en riesgo. El camino a seguir requiere reconocer que el conocimiento no conduce automáticamente a un comportamiento seguro, y que proteger la salud pública significa abordar los hábitos de los propios sanadores.

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