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📄 ciencias de la Tierra

Co-produced ecological monitoring of kelp ecosystems for adaptive management in a multiple- use marine protected area

Este estudio presenta un marco de monitoreo ecológico participativo para los ecosistemas de bosques de quelpos en el sur de Chile que integra relevamientos científicos, registros de desembarque y conocimiento de las partes interesadas para establecer indicadores operativos y umbrales de manejo para la gobernanza adaptativa en un área marina protegida de uso múltiple.

Autores originales: Pablo M. Rojas, Sandra Saavedra

Publicado 2026-10-09
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Pablo M. Rojas, Sandra Saavedra

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La costa del sur de Chile es un lugar donde el océano se encuentra con la tierra en un tapiz rugoso y vivo. Aquí, vastos bosques de algas pardas, conocidas como kelp, se aferran al lecho rocoso, creando ciudades submarinas que sirven de refugio a innumerables peces, cangrejos y caracoles. Estos ecosistemas no son solo maravillas biológicas; son la base de los medios de vida locales. Durante generaciones, pescadores artesanales y comunidades indígenas Mapuche-Huilliche han recolectado estas algas y a las criaturas que viven entre ellas, dependiendo del mar para su alimentación e ingresos. Pero esta relación es delicada. Los bosques de algas enfrentan la presión de las tormentas, el cambio en las temperaturas oceánicas y de las mismas personas que dependen de ellos. Cuando se toma demasiado, o cuando el entorno cambia demasiado rápido, los bosques pueden adelgazar, llevándose consigo a sus criaturas protectoras. El desafío para científicos y comunidades es encontrar una forma de observar estos ecosistemas lo suficientemente de cerca como para saber cuándo están sufillando, sin detener a las personas que los necesitan para sobrevivir. Esto requiere un nuevo tipo de observación, uno que combine las mediciones precisas de la ciencia con el conocimiento profundo y cotidiano de la gente que vive en el agua.

En el Área Marina y Costera Protegida de Uso Múltiple Lafken Mapu Lahual, un tramo de océano y costa en la Región de Los Lagos, los investigadores se propusieron construir precisamente este tipo de alianza. El área es una zona protegida designada, pero también es un lugar donde se permite la pesca y la recolección, lo que crea un sistema socio-ecológico complejo donde la conservación y el uso deben coexistir. Durante años, la gestión de esta zona se vio obstaculizada por la falta de datos claros y una desconexión entre los científicos que estudian el océano y los pescadores que lo trabajan. Para solucionar esto, un equipo liderado por Pablo M. Rojas y Sandra Saavedra desarrolló un marco de monitoreo co-creado desde sus bases. En lugar de que los científicos diseñaran un plan y luego pidieran a los pescadores que lo siguieran, reunieron a treinta y cinco partes interesadas —incluyendo pescadores, representantes indígenas, funcionarios gubernamentales e investigadores— para diseñar el sistema de monitoreo juntos. Utilizaron un enfoque estructurado para vincular las actividades humanas, la salud de las algas y las posibles acciones de gestión, asegurando que las preguntas formuladas fueran relevantes tanto para la ciencia como para la comunidad.

El equipo comenzó mapeando las praderas de algas en tres sectores distintos del área protegida, de norte a sur. Trabajaron junto a pescadores locales, quienes utilizaron su conocimiento de la costa para guilar la embarcación de investigación a través de las aguas. En el campo, midieron el tamaño y la densidad de las algas, contando cuántas plantas individuales había en un área determinada y midiendo el diámetro de los holdfasts —las estructuras similares a raíces que anclan el alga a las rocas—. También recolectaron muestras de las diminutas criaturas que viven en y alrededor de estos holdfasts para ver qué tan diversas eran las comunidades animales. Los resultados revelaron una clara historia de diferencia a lo largo de la costa. En los sectores norte y central, los bosques de algas estaban dominados por plantas pequeñas y jóvenes. Más del 95 por ciento de los individuos de Durvillaea incurvata y el 90 por ciento de Lessonia spicata tenían holdfasts menores a 21 centímetros. Esto sugería que estas áreas estaban siendo fuertemente recolectadas o expuestas a fuertes olas que impedían que las plantas crecieran grandes. En contraste, el sector sur mostraba una mezcla más amplia de tamaños, con plantas más grandes y una mayor variedad de animales asociados, lo que sugiere un entorno ligeramente más estable.

Los investigadores también analizaron la historia de la cosecha para comprender el contexto de lo que estaban observando. Analizaron los registros oficiales de desembarque de la cercana Bahía Mansa, que cubría un período de veinticuatro años desde el 2000 hasta el 2024. Los datos mostraron que la cosecha de algas pardas aumentó drásticamente después de 2009, alcanzando sus niveles más altos entre 2016 y 2019. Este período de extracción intensa coincidió con el tiempo previo a que el área protegida tuviera un plan de manejo aprobado. Los estudios ecológicos realizados en 2014 y 2015 tuvieron lugar justo cuando esta presión de cosecha estaba ascendiendo, capturando una instantánea del ecosistema bajo una creciente tensión. El equipo encontró que el pequeño tamaño de las algas en los sectores norte y central era consistente con la idea de que la fuerte cosecha y la exposición ambiental estaban impidiendo que las plantas alcanzaran su tamaño completo. Sin embargo, no pudieron afirmar con certeza qué factor era más importante, ya que ambas fuerzas suelen trabajar juntas.

Una parte crucial de este proyecto fue cómo se eligieron los indicadores de monitoreo. Los científicos comenzaron con una lista de especies que consideraban importantes basadas en la literatura científica, pero los pescadores añadieron su propio conocimiento a la mezcla. Durante los talleres, los pescadores señalaron especies de peces específicas, como Calliclinus geniguttatus y Calliclinus nudiventris, que sabían que eran buenos indicadores de la salud de la costa rocosa. Estos peces no estaban en la lista original de los científicos. Al incluirlos, el marco de monitoreo se volvió más rico y más arraigado en la realidad del ecosistema local. El resultado final fue un conjunto de cinco indicadores operativos, que incluyen la cobertura del dosel de algas, el tamaño de los holdfasts y la diversidad de los pequeños animales que viven en ellos. El equipo estableció umbrales provisionales para estos indicadores, tales como una cobertura de dosel del 40 por ciento o un diámetro de holdfast de 6 centímetros, que activarían respuestas de gestión específicas si el ecosistema cayera por debajo de ellos.

El estudio también analizó el lado práctico de mantener este tipo de monitoreo. El equipo estimó que ejecutar el programa costaría entre 70,000 y 100,000 dólares estadounidenses por año, dependiendo de si el trabajo fuera liderado por la comunidad o por una institución externa. El modelo liderado por la comunidad, que dependía de los pescadores locales para el acceso a embarcaciones y asistencia de campo, era la opción más económica. Este enfoque resaltó que el monitoreo efectivo no se trata solo de recolectar datos; se trata de construir un sistema que sea sostenible y pertenezca a las personas que viven allí. El marco no pretende haber resuelto los problemas del área protegida ni haber demostrado que la gestión actual sea perfecta. En cambio, ofrece una forma estructurada de observar el ecosistema, aprender de él y adaptar las decisiones de gestión a medida que llega nueva información. Al vincular el estado físico de los bosques de algas con la historia de la cosecha y el conocimiento de las personas que los utilizan, el estudio proporciona un modelo de cómo se pueden gestionar las áreas marinas protegidas de uso múltiple de una manera que respete tanto al océano como a las comunidades que dependen de él.

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