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On-site slaughter and dressing in retail chicken outlets: Escherichia coli contamination and antimicrobial resistance on food-contact surfaces in Dhaka Division, Bangladesh

Este estudio revela que el 50% de las superficies en contacto con alimentos en los puntos de venta minoristas de pollo en la división de Dhaka, Bangladesh, están contaminadas con *Escherichia coli* multirresistente, mostrando predominantemente una alta resistencia a la ampicilina, trimetoprima y azitromicina, con la presencia de los genes *sul3* y *blaOXA-1* lo que indica una presión selectiva antimicrobiana significativa y riesgos de higiene generalizados.

Autores originales: Md. Rihad, Nure Hamim Mohammod Ammar, Md. Niamul Shahadat, Shanta Islam, Uttam Kumar Roy, Md Rana Hossain, Abu Bakkar Siddique, Sumon Sarkar, Md. Alamgir Hossain

Publicado 2026-10-23
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Md. Rihad, Nure Hamim Mohammod Ammar, Md. Niamul Shahadat, Shanta Islam, Uttam Kumar Roy, Md Rana Hossain, Abu Bakkar Siddique, Sumon Sarkar, Md. Alamgir Hossain

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En los bulliciosos mercados de Bangladesh, el viaje de un pollo desde la granja hasta el plato implica un momento crítico y a menudo pasado por alto: el sacrificio en el lugar. A diferencia de lo que ocurre en muchas naciones industrializadas, donde las aves se procesan en grandes fábricas reguladas antes de llegar a la tienda, aquí el trabajo de faenar al ave —eliminar plumas, órganos y piel— ocurre directamente en el mostrador de venta al por menor. Esta práctica significa que los cuchillos, las mesas de corte y las máquinas de faenado mecánico se utilizan repetidamente, a menudo con poco tiempo para la limpieza entre un ave y otra. Estas superficies se convierten en el último punto de control donde las bacterias pueden subirse a un viaje hacia la carne que las familias llevarán a casa para cocinar. La preocupación no es solo la presencia de bacterias, sino específicamente la Escherichia coli, una bacteria intestinal común que puede volverse peligosa cuando desarrolla resistencia a las medicinas que los médicos usan para tratar infecciones. Esta resistencia es potenciada por el uso generalizado de antibióticos en la agricultura, lo que entrena a estas bacterias para sobrevivir, y luego las propaga a través de la cadena alimentaria.

Un equipo de investigadores de varias universidades e institutos de Bangladesh se propuso comprender exactamente qué tan grande era este problema en las tiendas minoristas de pollo de la División de Dhaka. Se centraron en las herramientas del oficio: los cuchillos usados para cortar, las mesas donde se preparan las aves y las máquinas que ayudan a faenar las carcasas. Entre julio y octubre de 2025, los científicos visitaron seis establecimientos diferentes en tres localidades cercanas. No examinaron las aves en sí, sino las superficies que las tocaban. Utilizando hisopos estériles, limpiaron suavemente un área del tamaño de una hoja de papel estándar de cada superficie, recolectando cualquier vida microscópica que se hubiera asentado allí. En total, recolectaron 180 muestras, una mezcla de hisopos de cuchillos, mesas y máquinas, para ver qué se escondía en el equipo.

Los resultados revelaron una presencia generalizada de E. coli. La mitad de todas las superficies que probaron estaban contaminadas con la bacteria. La contaminación fue sorprendentemente uniforme entre las diferentes herramientas. Los cuchillos presentaron la tasa más alta, con más de la mitad de ellos dando positivo, seguidos de cerca por las mesas de corte y las máquinas de faenado. Este hallazgo es significativo porque muestra que el riesgo no se limita a una sola herramienta sucia; toda la estación de trabajo es un reservorio para estas bacterias. Los investigadores encontraron que el nivel de contaminación no variaba drásticamente entre las diferentes localidades que visitaron, lo que sugiere que este es un problema común en toda la región y no un problema aislado de una sola tienda.

Lo que hizo que la situación fuera particularmente preocupante fue la naturaleza de las bacterias encontradas. Los investigadores probaron la E. coli contra doce tipos diferentes de antibióticos, que representan las principales clases de fármacos utilizados para combatir infecciones. Las bacterias mostraron una capacidad aterradora para resistir estos medicamentos. Eran casi universalmente resistentes a la ampicilina y al trimetoprim, con tasas de resistencia que alcanzaban el 96 por ciento. También eran altamente resistentes a la azitromicina, al ácido nalidíxico y a la tetraciclina. De hecho, la gran mayoría de las muestras de bacterias eran resistentes a múltiples clases de fármacos a la vez. Solo un antibiótico, el meropenem, permaneció efectivo contra la mayoría de las bacterias, manteniéndolas a raya. Este patrón indica que las bacterias han sido expuestas a una mezcla pesada de antibióticos en su entorno, probablemente de las granjas donde se criaron los pollos, y se han adaptado para sobrevivir.

Para comprender la base genética de esta resistencia, el equipo buscó genes específicos conocidos por portar instrucciones de resistencia a fármacos. Encontraron genes asociados con la resistencia a las sulfonamidas y a los betalactámicos, que son tipos comunes de antibióticos. Sin embargo, apareció una brecha entre lo que encontraron en los genes y lo que observaron en las pruebas de laboratorio. Aunque las bacterias eran resistentes a muchos fármacos, los genes específicos que buscaron no podían explicar toda esa resistencia. Esto sugiere que las bacterias portan otras instrucciones genéticas no probadas que les permiten sobrevivir. El estudio también calculó una puntuación para medir a cuántos fármacos diferentes podía resistir cada muestra de bacteria. La mayoría de las muestras obtuvieron puntuaciones altas, lo que indica que procedían de un entorno donde se utilizan antibióticos de forma frecuente y pesada.

El estudio concluye que las superficies en estos puntos de venta minorista de pollo son reservorios activos de bacterias resistentes a los fármacos. Debido a que las bacterias se encuentran en cuchillos, mesas y máquinas en casi igual medida, limpiar solo un elemento no es suficiente para detener la propagación. La contaminación está distribuida en toda la estación de faenado. Esto significa que, incluso si un trabajador limpia un cuchillo, la bacteria aún puede pasar de la mesa a la carne, o de la máquina al manipulador. Los investigadores enfatizan que esto es un riesgo para la salud pública, ya que estas bacterias resistentes pueden saltar fácilmente de los alimentos a las personas que los manipulan. Aunque el estudio no analizó la carne en sí, la presencia de estas bacterias en las herramientas utilizadas para preparar la carne sugiere que el producto final probablemente esté contaminado. Los hallazgos resaltan la necesidad crítica de mejores prácticas de higiene en el punto de venta y un uso más cuidadoso de los antibióticos en la avicultura para proteger la salud de la comunidad.

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