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🧬 biología

Crossing continents: First record and evidence of establishment of the Australian backyard mosquito Aedes notoscriptus (Diptera: Culicidae) in Europe, Bosnia and Herzegovina

Este estudio reporta la primera evidencia documentada del establecimiento del mosquito australiano *Aedes notoscriptus* en Europa, específicamente en Bosnia y Herzegovina, confirmado mediante análisis morfológicos y moleculares de especímenes recolectados entre 2024 y 2026.

Autores originales: Lejla Pobrić-Hadžihasanović, Nataša Bušić, Branka Bruvo-Mađarić, Goran Vignjević, Naida Kapo, Ivana Vrućina, Nataša Turić, Almedina Zuko, Enrih Merdić

Publicado 2026-11-04
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Lejla Pobrić-Hadžihasanović, Nataša Bušić, Branka Bruvo-Mađarić, Goran Vignjević, Naida Kapo, Ivana Vrućina, Nataša Turić, Almedina Zuko, Enrih Merdić

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

Los mosquitos son más que simples molestias estivales; son algunos de los viajeros más eficaces del planeta, capaces de transportar enfermedades a través de vastas distancias. Si bien muchas especies están ligadas a climas específicos, algunas han demostrado ser notablemente adaptables, aprendiendo a reproducirse en los pequeños depósitos de agua artificiales creados por la actividad humana, como neumáticos desechados o macetas. Estos mosquitos de "cría en contenedores" pueden sobrevivir a los periodos de sequía poniendo huevos que esperan a que pase la aridez, eclosionando solo cuando las lluvias regresan. Esta capacidad, combinada con el comercio y los viajes globales, les permite viajar de forma clandestina lejos de sus hogares nativos, estableciendo a veces nuevas poblaciones en regiones donde nunca antes habían existido. Cuando una especie de mosquito llega a un nuevo continente, trae consigo un nuevo conjunto de reglas ecológicas y riesgos potenciales para la fauna local y la salud humana, lo que convierte el descubrimiento de tal llegada en un momento crítico para los científicos que rastrean a estos invasores invisibles.

En la región sur de Bosnia y Herzegovina, un equipo de investigadores ha documentado la primera llegada confirmada de una especie de mosquito que anteriormente era desconocida en Europa. El insecto en cuestión es el Aedes notoscriptus, comúnmente conocido como el mosquito australiano de jardín. Nativo de Australia e islas cercanas, esta especie nunca había sido registrada como una población establecida en Europa o en la región paleártica en general hasta ahora. El descubrimiento se realizó en la ciudad de Mostar, donde los científicos no solo encontraron un insecto errante, sino una comunidad próspera y reproductora. La evidencia apunta a una población que se ha adaptado con éxito al entorno local, poniendo huevos, eclosionando larvas y sobreviviendo a través de múltiples estaciones, lo que marca una expansión significativa del rango global de la especie.

El viaje hacia este descubrimiento comenzó en septiembre de 2024, cuando un grupo de investigadores realizaba un estudio rutinario de las poblaciones de mosquitos en Herzegovina. Utilizando trampas cebadas con dióxido de carbono para atraer a los mosquitos adultos, capturaron un espécimen en el centro histórico de Mostar que no coincidía con ninguna de las especies europeas conocidas. Debido a que el insecto se veía distinto a cualquier cosa en las guías de identificación locales, el equipo recurrió al análisis genético para resolver el misterio. Extrajeron ADN del mosquito y secuenciaron un marcador genético específico, un código de barras molecular utilizado para identificar especies. Los resultados fueron definitivos: el insecto era un Aedes notoscriptus. Este hallazgo inicial fue solo el comienzo. Durante los siguientes dos años, a través de 2025 y 2026, el equipo regresó al mismo sitio y amplió su búsqueda a los vecindarios circundantes. Encontraron al mosquito repetidamente, confirmando que no era un visitante de una sola vez arrastrado por el viento, sino un residente.

Para demostrar que el mosquito realmente se había establecido, los investigadores necesitaban encontrar evidencia de una nueva generación. En junio de 2026, localizaron larvas en un contenedor lleno de agua en un jardín privado cerca del sitio de captura original. El contenedor, sombreado por un granado y lleno de hojas en descomposición, proporcionaba el vivero perfecto para los jóvenes mosquitos. El hallazgo de estas larvas fue crucial, ya que demostró que la población no solo estaba sobreviviendo, sino que se estaba reproduciendo activamente en la naturaleza. En total, el equipo recolectó 86 especímenes de ocho lugares diferentes en Mostar y sus alrededores. También capturaron larvas, consolidando aún más el caso de una población local y autosuficiente. El análisis genético de nueve de estos especímenes confirmó que todos pertenecían a la misma especie y compartían una relación genética muy estrecha con los mosquitos encontrados en Australia.

Los datos genéticos revelaron que los mosquitos bosnios eran notablemente similares a sus primos australianos, compartiendo firmas genéticas específicas que los vinculaban directamente con las poblaciones del hemisferio sur. Los investigadores encontraron dos versiones genéticas ligeramente diferentes, o haplotipos, entre los mosquitos locales, ambos ya conocidos en Australia y Nueva Zelanda. Esta estrecha coincidencia genética sugiere que los mosquitos probablemente llegaron de una de estas regiones, quizás ocultos dentro de un cargamento de mercancías o en un vehículo, aunque el camino exacto de su llegada sigue siendo un misterio. La diversidad genética era baja, lo cual es típico de una nueva población que acaba de empezar a crecer a partir de un pequeño número de individuos fundadores.

El descubrimiento en Mostar es significativo porque el clima local, con sus veranos calurosos y secos e inviernos suaves y húmedos, parece ser adecuado para esta especie. El mosquito es conocido por su capacidad para prosperar en entornos urbanos y suburbanos, utilizando contenedores artificiales para la cría. En Mostar, los investigadores encontraron los insectos en jardines con árboles frutales y plantas ornamentales, entornos que reflejan los hábitats de "patio trasero" por los que la especie es famosa en su Australia nativa. El hecho de que la población haya persistido a través de dos inviernos sugiere que los mosquitos han encontrado una manera de sobrevivir a los meses más fríos, posiblemente invernando como larvas o adultos, o dependiendo de sus huevos resistentes a la sequía.

Este hallazgo plantea preguntas importantes sobre la propagación futura de la especie y su impacto potencial. Se sabe que el Aedes notoscriptus transmite enfermedades que afectan tanto a humanos como a animales, incluyendo virus que causan fiebre y un parásito que causa la enfermedad del corazón (heartworm) en los perros. Dado que la enfermedad del corazón ya está presente en los perros en Bosnia y Herzegovina, la llegada de un mosquito capaz de transmitirla añade una nueva capa de preocupación para la salud veterinaria. Los investigadores enfatizan que, si bien el mosquito ya está establecido en Mostar, su rango completo dentro de Europa es desconocido. El monitoreo continuo es esencial para rastrear qué tan lejos se propaga y comprender cómo interactúa con los ecosistemas locales.

La historia del mosquito australiano de jardín en Europa es un recordatorio de lo rápido que puede cambiar el paisaje biológico. A través de la combinación del movimiento global y la adaptabilidad ecológica, una especie puede cruzar continentes y echar raíces en un nuevo hogar. El trabajo de los investigadores en Bosnia y Herzegovina proporciona la primera prueba concreta de este evento, moviendo a la especie de una posibilidad teórica a una realidad documentada. A medida que continúan estudiando la población, el enfoque estará en comprender sus hábitos, sus límites y sus riesgos potenciales, asegurando que la comunidad científica esté preparada para cualquier cambio que este nuevo arribo pueda traer a la región.

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