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Engaging refugees and asylum seekers as community research partners: key undertakings from the RÉAC! research project

Este comentario evalúa el modelo de gobernanza participativa del proyecto de investigación RÉAC! en Quebec y Ontario, demostrando que involucrar significativamente a refugiados y solicitantes de asilo como socios de investigación a través de procedimientos inclusivos y adaptados mejora la relevancia de la investigación, empodera a los participantes y fortalece la equidad en el sistema de salud.

Autores originales: Lara Gautier, May Massijeh, Norma Constanza Orozco, Erica Di Ruggiero, Nassera Touati

Publicado 2026-10-08
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Autores originales: Lara Gautier, May Massijeh, Norma Constanza Orozco, Erica Di Ruggiero, Nassera Touati

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el panorama de la salud pública, se ha venido produciendo un cambio silencioso pero poderoso: el reconocimiento de que las personas que utilizan los servicios son, a menudo, los mejores expertos en cómo deberían funcionar dichos servicios. Esta idea, conocida como investigación participativa, va más allá de simplemente pedir la opinión de las personas una vez finalizado un estudio. En su lugar, las invita a sentarse a la mesa mientras se diseña, se lleva a cabo y se analiza la investigación. Para los refugiados y solicitantes de asilo —individuos que se han visto obligados a abandonar sus hogares debido a conflictos o persecución— este enfoque tiene un peso especial. Estas personas poseen un profundo conocimiento vivido de las barreras que enfrentan, pero rara vez son incluidas en la gobernanza de los proyectos destinados a ayudarlas. Cuando la investigación ignora esta experiencia vivida, las políticas resultantes suelen errar el tiro, al no abordar las necesidades reales de la comunidad. La pregunta, entonces, no es solo si se deben incluir estas voces, sino cómo hacerlo de una manera que sea segura, respetuosa y genuinamente empoderadora.

Un equipo de investigadores en Canadá abordó recientemente este desafío a través de un proyecto llamado RÉAC!, que se desarrolló entre 2021 y 2024 en las provincias de Quebec y Ontario. El proyecto tenía como objetivo comprender cómo las organizaciones comunitarias y públicas podrían trabajar juntas para apoyar la salud y el bienestar de los refugiados y solicitantes de asilo, una necesidad que se volvió urgente durante la pandemia. Los investigadores decidieron desde el principio que no se limitarían a estudiar a estas comunidades; se asociarían con ellas. Reclutaron a seis personas con experiencia vivida de migración forzada para unirse a dos comités asesores, uno para cada provincia. Estos miembros del comité no eran meros sujetos de observación; se les otorgó la autoridad para revisar los objetivos de la investigación, validar las herramientas de recolección de datos y ayudar a dar forma a los hallazgos finales. Para lograr esto, el equipo adaptó un marco existente de participación pública, ajustándolo para abordar obstáculos específicos como las diferencias de idioma y el miedo a la deportación que podría impedir que los solicitantes de asilo hablen abiertamente.

El proceso comenzó con un esfuerzo deliberado para construir confianza. Los investigadores realizaron sesiones de orientación diseñadas para romper el hielo, asegurando que todos, desde los investigadores académicos hasta los usuarios de los servicios, comenzaran en igualdad de condiciones. Clarificaron roles y expectativas desde el principio, dejando claro qué podía aportar cada persona y qué podría ganar. Se eligieron canales de comunicación basados en las preferencias de los miembros del comité, que iban desde el correo electrónico hasta grupos de WhatsApp, y se proporcionó apoyo lingüístico, incluyendo interpretación en español, siempre que fuera necesario. Crucialmente, el equipo estableció un entorno seguro donde cada contribución fuera tratada con respeto. Implementaron una regla que garantizaba al menos diez minutos en cada reunión para que los usuarios de los servicios hablaran antes de que otros contribuyeran, asegurando que sus voces fueran escuchadas primero y tuvieran un peso significativo.

A medida que el proyecto avanzaba, los resultados de este enfoque inclusivo se hicieron visibles. La construcción inicial de confianza permitió que los miembros del comité pasaran de ser participantes pasivos a líderes activos. Con el tiempo, estas personas ganaron confianza, transitando de simplemente escribir sus pensamientos en un cuadro de chat a intervenir en las reuniones e incluso coanalizar los datos. Al final del proyecto, estaban formulando sus propias recomendaciones de políticas para mejorar la accesibilidad y la calidad de los servicios. Dos de los miembros del comité fueron más allá y copresentaron los hallazgos de la investigación en diversos eventos, y fueron invitados a coautoría de artículos científicos, incluido el informe sobre este mismo proyecto. Los investigadores observaron que este proceso hizo más que solo mejorar el estudio; empoderó a los participantes, ayudándoles a desarrollar un sentido de agencia e iniciativa.

Sin embargo, el viaje no estuvo exento de complejidades. Los investigadores notaron que, si bien los miembros del comité fueron elegidos por su experiencia vivida como refugiados o solicitantes de asilo, también desempeñaban roles profesionales dentro del sector comunitario. El proyecto se centró inicialmente de forma demasiado estrecha en su identidad como usuarios de servicios, pasando por alto las perspectivas únicas que sus trayectorias profesionales podrían ofrecer. Además, a pesar de recibir compensación por su tiempo, los miembros del comité enfrentaron limitaciones de tiempo significativas, equilibrando su labor de defensa con otras responsabilidades. Estos desafíos resaltaron que, si bien la participación significativa es posible, requiere una atención constante a la totalidad de la identidad y la vida de una persona.

Los hallazgos sugieren que cuando los refugiados y solicitantes de asilo son tratados como verdaderos socios en la investigación, el resultado es un estudio más relevante y efectivo. Este enfoque no solo fortalece la calidad de los datos, sino que también fomenta colaboraciones intersectoriales que pueden conducir a mejoras tangibles en los sistemas de salud. Al crear un espacio donde la experiencia vivida se valora junto con la pericia profesional, el proyecto RÉAC! demostró que la gobernanza participativa puede generar recomendaciones accionables que reflejan verdaderamente las necesidades de la comunidad. El estudio concluye que tales modelos son esenciales para construir sistemas de salud que sean equitativos y accesibles, demostrando que las personas más afectadas por un problema son, a menudo, las más capaces de ayudar a resolverlo.

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