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Working Conditions and Practice Adaptations among Nurses and Midwives During the COVID-19 Pandemic in Huambo, Angola: A Mixed-Methods Study

Este estudio de métodos mixtos convergentes de 309 enfermeros y parteras en Huambo, Angola, revela que, si bien las adaptaciones ante la pandemia fueron heterogéneas y se centraron en la bioseguridad, estas ocurrieron en medio de una grave escasez de recursos, un apoyo institucional desigual y una tensión psicológica significativa, lo que destaca prioridades críticas para la preparación futura de la fuerza laboral.

Autores originales: Herculano Calandula Kamalanga, Bela Chonela Ngoma Chivando Simba, Bruno Campos Gobato, Sandra Milena Aponte Franco, Monique Haenscke Senna Schlickmann, Aires Garcia Santos, Maria Gefé da Rosa Mesquita
Publicado 2026-10-20
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Herculano Calandula Kamalanga, Bela Chonela Ngoma Chivando Simba, Bruno Campos Gobato, Sandra Milena Aponte Franco, Monique Haenscke Senna Schlickmann, Aires Garcia Santos, Maria Gefé da Rosa Mesquita, Marli Terezinha Stein Backes, Allison Squires, José Luís Guedes dos Santos

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cuando una emergencia de salud pública estalla, las personas que mantienen sana a una sociedad son los enfermeros, enfermeras y parteras. Estos son los profesionales que están más cerca de los pacientes, administrando cuidados, monitoreando signos vitales y ofreciendo consuelo. Pero cuando un virus como el SARS-CoV-2 se propaga rápidamente, las reglas de su trabajo diario cambian instantáneamente. Deben protegerse de la infección, reorganizar cómo se mueven por los hospitales y, a menudo, hacer más con menos suministros. La cuestión de cómo gestionan estos cambios repentinos no es solo una cuestión de logística médica; es una cuestión de la capacidad humana para adaptarse cuando los sistemas en los que confían se ven llevados al límite. Comprender esta experiencia es crucial porque un sistema de salud es tan fuerte como las personas que lo dirigen. Si esas personas no cuentan con apoyo, carecen de recursos o están abrumadas, todo el sistema corre el riesgo de fallar a las mismas personas a las que debe servir.

En las tierras altas centrales de Angola, un equipo de investigadores se propuso comprender exactamente cómo los enfermeros, enfermeras y parteras navegaron la pandemia de COVID-19. Se centraron en Huambo, una provincia con una población de casi 2,7 millones de personas, donde el sistema de salud ya había estado reconstruyéndose durante décadas tras una larga guerra civil. Los investigadores querían ir más allá de las simples estadísticas para ver el panorama completo de lo que ocurrió sobre el terreno. Entrevistaron a 309 trabajadores de la salud para que reflexionaran sobre sus experiencias durante la pandemia, combinando encuestas escritas con historias abiertas. Este enfoque les permitió ver no solo cuántas personas carecían de equipo, sino cómo esa carencia cambió la forma en que ejercían su profesión. El estudio, realizado entre finales de 2024 y finales de 2025, revela una historia de profunda adaptación, donde los profesionales remodelaron constantemente su trabajo para ajustarlo a una realidad que era, a menudo, impredecible e irregular.

El hallazgo más sorprendente es que la pandemia no creó una experiencia única y uniforme para todos. En cambio, la carga de trabajo y la organización de la atención cambiaron de formas diferentes y, en ocasiones, opuestas, dependiendo de dónde estuviera destinado cada trabajador. Para algunos, la pandemia significó un aumento abrumador de las demandas. Informaron haber trabajado turnos dobles, cuidando a grupos más grandes de pacientes con menos colegas y dedicando horas extra solo para terminar sus tareas diarias. En estos entornos, la presión era intensa y la necesidad de equipo de protección personal era urgente. Sin embargo, para otros, la experiencia fue sorprendentemente diferente. Algunos trabajadores describieron turnos que se acortaron o una disminución en el número de pacientes, lo que paradójicamente les dio más tiempo para centrarse en la atención individual. Este contraste sugiere que la pandemia no simplemente añadió peso a los hombros de todos por igual; sino que reorganizó todo el paisaje del trabajo, creando focos de sobrecarga extrema junto a focos de actividad reducida.

Un tema central en las historias contadas por estos trabajadores fue la transformación repentina y total de las prácticas de seguridad. Antes de la pandemia, el uso de equipo de protección solía reservarse para situaciones específicas de alto riesgo. Durante la crisis, se convirtió en una parte constante y no negociable de cada interacción. Los enfermeros y parteras describieron un nuevo ritmo en su día, donde el lavado de manos, el uso de mascarillas y el mantener la distancia se tejieron en cada paso de la atención al paciente. Este cambio fue más allá de simplemente ponerse una mascarilla; cambió la forma en que los pacientes se movían por el hospital y cómo se entregaba la atención. En las salas de maternidad, por ejemplo, la necesidad de una higiene estricta alteró la naturaleza íntima del parto, con el uso de mascarillas siendo obligatorio tanto para las madres como para el personal. Los investigadores encontraron que este enfoque en la seguridad se convirtió en el principio organizador de su trabajo, incluso cuando las herramientas físicas para apoyarlo faltaban.

La disponibilidad de esas herramientas, sin embargo, fue una fuente importante de estrés e inconsistencia. El estudio encontró que casi la mitad de los participantes dijeron no tener acceso a ventiladores mecánicos, y más del 40 por ciento informó de la falta de equipos de oxígeno. El equipo de protección personal estuvo no disponible para casi el 30 por ciento de los trabajadores en algún momento. Esto creó una situación difícil en la que se esperaba que los profesionales siguieran estrictos protocolos de seguridad sin tener siempre el equipo necesario para hacerlo de forma segura. Los investigadores señalaron que tener formación sobre cómo usar el equipo de protección no significaba automáticamente que el equipo estuviera allí para ser usado. Esta brecha entre saber qué hacer y tener los medios para hacerlo fue un desafío recurrente, resaltando que la preparación implica más que solo educación; requiere suministros fiables.

El apoyo proporcionado por los empleadores fue otra capa compleja de la experiencia. No fue un caso simple de un empleador ayudando o no ayudando. En cambio, el apoyo llegó en una mezcla de formas que no siempre coincidían. Un hospital podría proporcionar un excelente apoyo psicológico y capacitación, mientras falla al no pagar complementos de riesgo o no proporcionar transporte para el personal. En algunos casos, los trabajadores recibían equipo de protección adecuado pero enfrentaban retrasos en sus salarios. Esta naturaleza multidimensional del apoyo significaba que un trabajador podía sentirse cuidado en un aspecto de su trabajo mientras se sentía abandonado en otro. El estudio también descubrió aspectos más oscuros del entorno laboral, incluyendo reportes de violencia en el lugar de trabajo, donde el personal enfrentó agresiones de pacientes o familiares que no creían que el virus existiera. Además, un pequeño número de trabajadores informó haber seguido trabajando estando infectados, a veces bajo la amenaza de perder sus empleos, señalando una cultura donde permanecer en el trabajo no siempre era una elección.

A pesar de estos desafíos, los trabajadores de la salud en Huambo demostraron una capacidad de adaptación notable. Reorganizaron sus equipos, ajustaron sus horarios y encontraron formas de mantener la atención incluso cuando los recursos escaseaban. Los investigadores concluyeron que la experiencia de la pandemia en esta región estuvo definida por esta adaptación continua e irregular. No fue una historia de colapso total, ni tampoco una historia de éxito fluido. Fue una realidad donde los profesionales navegaron un terreno cambiante de escasez material, brechas organizativas e intenso miedo personal. Los hallazgos sugieren que los planes futuros para emergencias de salud deben tener en cuenta esta complejidad. La preparación no puede depender de una única solución, como solo capacitar al personal o solo abastecer suministros. En cambio, requiere un enfoque coordinado que garantice recursos fiables, personal flexible y un apoyo integral que aborde las muchas formas distintas en que la vida y el trabajo de un trabajador de la salud pueden verse afectados. La resiliencia de estos enfermeros, enfermeras y parteras fue evidente, pero el estudio deja claro que la resiliencia no debe ser la única estrategia; los sistemas que los rodean deben estar construidos para apoyarlos, no solo para sobrevivir a ellos.

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