Economic Development and Price Level Convergence in BRICS Countries: An Exploratory Analysis of World Bank Indicators
Este estudio analiza datos del Banco Mundial de 1970 a 2020 para revelar trayectorias de desarrollo económico distintivas entre las naciones del BRICS e identifica una fuerte correlación positiva entre el PIB per cápita y la convergencia de los niveles de precios, lo que respalda la hipótesis de Balassa–Samuelson.
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Imagina un mundo donde el costo de una hogaza de pan, un corte de cabello o un tanque de gasolina no es solo un precio local, sino una pista sobre la salud general de un país. En el estudio de cómo las naciones crecen e interactúan, los economistas a menudo observan dos cosas específicas: cuánto gana la persona promedio y cómo los precios dentro de un país se comparan con los precios en el escenario global. Cuando un país es pobre, sus precios locales suelen ser mucho más bajos que el promedio internacional; un corte de cabello podría costar unos pocos dólares, mientras que el mismo servicio en una nación rica cuesta diez veces más. A medida que una nación se vuelve más rica, sus precios tienden a subir y acercarse a esos referentes globales. Este proceso, donde los precios domésticos se alinean lentamente con los estándares internacionales, se conoce como convergencia de los niveles de precios. Es una parte fundamental para entender por qué algunos países parecen alcanzar la riqueza de otros mientras otros luchan por mantener el ritmo. Para los gobiernos e inversores, saber si un país está en el camino hacia esta convergencia es vital. Les ayuda a decidir si el crecimiento de una nación es real y sostenible, o si es solo un aumento temporal de valor que pronto se desvanecerá.
Un investigador de la Universidad de Pensilvania, Zisheng Liang, decidió observar de cerca este fenómeno dentro de un grupo de cinco importantes economías emergentes: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Estas naciones se discuten a menudo juntas como un solo bloque, pero Liang quería ver si realmente se movían en la misma dirección. Utilizando una enorme colección de datos del Banco Mundial que abarca cincuenta años, desde 1970 hasta 2020, el estudio examinó tres números específicos para cada país. El primero fue el ingreso promedio por persona, medido en dólares estadounidenses corrientes. El segundo fue una medida amplia de cuánto estaban subiendo los precios, conocida como el deflactor del PIB, que actúa como un termómetro para la inflación. El tercero fue una relación que compara el costo de vida dentro del país con el costo de vida si se estuvieran utilizando tipos de cambio internacionales. Al trazar estos números uno contra otro, el investigador pretendía ver si hacerse más rico significaba automáticamente que los precios locales eventualmente coincidirían con los precios del mundo.
Los datos contaron la historia de cinco viajes muy diferentes. Cuando el investigador observó los números brutos, las diferencias eran marcadas. En los primeros años del conjunto de datos, algunos de estos países tenían ingresos promedio de apenas ciento diez dólares, mientras que otros habían alcanzado casi dieciséis mil dólares. La tasa a la que cambiaban los precios era igualmente salvaje, con algunos años mostrando casi ningún cambio y otros viendo que los precios saltaban en más de ciento ochenta por ciento. La distribución de estos números no era suave ni predecible; en cambio, estaba fuertemente sesgada, lo que significa que algunos años o países extremos arrastraban los promedios en direcciones extrañas. Para obtener una imagen clara, el investigador tuvo que dejar de lado un puñado de estos valores atípicos extremos, que fueron principalmente años de picos repentinos y masivos de ingresos en Rusia y Sudáfrica. Una vez eliminados estos puntos extremos, un patrón mucho más claro emergió del ruido.
El descubrimiento más sorprendente fue un vínculo fuerte y constante entre qué tan rico era un país y qué tan cerca estaban sus precios de los niveles internacionales. Los datos mostraron que a medida que el ingreso promedio de un país aumentaba, su ratio de nivel de precios también aumentaba. En términos más sencillos, cuanto más rica se volvía el país, más se alineaban sus precios locales con los referentes globales. Esta relación era tan fuerte que parecía ser el factor más importante que impulsaba los patrones económicos a largo plazo de estas naciones. El investigador encontró que esta conexión se mantenía incluso al observar las trayectorias específicas de países individuales. China, por ejemplo, mostró un aumento rápido y sostenido en los ingresos a partir de principios de la década de 1990, y esto se vio reflejado en un ascenso constante en su ratio de nivel de precios. La India siguió un camino similar, aunque más lento, de mejora gradual. En contraste, Brasil, Rusia y Sudáfrica mostraron movimientos mucho más erráticos, con sus ingresos y precios oscilando hacia arriba y hacia abajo en ciclos ligados a los mercados de materias primas y cambios políticos, en lugar de seguir una línea de convergencia suave.
Curiosamente, el estudio encontró que la velocidad de la inflación no contaba la misma historia. Si bien los precios en estos países fluctuaban salvajemente de un año a otro, esos picos a corto plazo no parecían determinar la dirección a largo plazo de la economía. Los datos sugirieron que la inflación era más como ruido de fondo, un factor volátil que podía interrumpir las cosas temporalmente pero que no impulsaba el cambio fundamental hacia la convergencia de precios. La fuerte relación era entre el ingreso y los niveles de precios, no entre la inflación y los niveles de precios. Esto significa que un país podría experimentar una alta inflación durante unos pocos años sin necesariamente cambiar su trayectoria a largo plazo hacia o lejos de la paridad de precios global. El verdadero motor del cambio parecía ser la acumulación constante de riqueza y productividad, que lentamente elevaba los precios domésticos para encontrarse con el mundo.
El investigador concluyó que tratar a estas cinco naciones como un grupo único y uniforme es engañoso. Si bien comparten la etiqueta de "mercados emergentes", sus historias económicas son profundamente distintas. Los datos sugieren que los pronósticos económicos futuros para estos países no deberían basarse en un promedio único para todo el grupo. En su lugar, los analistas deberían centrarse en el crecimiento del ingreso específico de cada nación, ya que ese es el predictor más confiable de cómo evolucionarán sus precios. El estudio implica que para países como China e India, el crecimiento continuo en los ingresos probablemente conducirá a un aumento gradual y natural en los precios domésticos, acercándolos al resto del mundo. Para los otros, el camino es menos seguro y depende más de la gestión de los ciclos volátiles que han caracterizado su pasado. En última instancia, la investigación ofrece una visión clara, basada en datos, de que el crecimiento del ingreso es la fuerza primaria que da forma al futuro económico de estas naciones, mientras que la inflación sigue siendo un factor secundario, aunque ruidoso, a largo plazo.
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