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The impact of warning labels versus traffic light labels on food choice and negative emotional responses: two randomised controlled trials among UK adult populations with and without an eating disorder

Dos ensayos controlados aleatorizados que involucraron a adultos del Reino Unido con y sin trastornos de la conducta alimentaria encontraron que las etiquetas de advertencia nutricional fueron más efectivas que las etiquetas de semáforo o la ausencia de etiquetas para reducir la selección de alimentos poco saludables, sin causar un aumento en las respuestas emocionales negativas.

Autores originales: Evans, R. K., Latham, R., Finlay, A., Robinson, E.

Publicado 2026-11-03
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Evans, R. K., Latham, R., Finlay, A., Robinson, E.

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

En los pasillos de un supermercado moderno, el envasado de los alimentos se ha convertido en un lenguaje silencioso de la salud. Durante años, los gobiernos han intentado enseñar a los consumidores a leer este lenguaje, con la esperanza de que una información más clara condujera a mejores decisiones. En el Reino Unido, el sistema más común en uso es la etiqueta del semáforo. Este enfoque utiliza un código de colores sencillo —verde, ámbar y rojo— para mostrar cuánto contenido de grasa, azúcar, sal y grasa saturada tiene un producto, de forma muy parecida a como una señal de tráfico indica si es seguro proceder o si uno debe detenerse. Aunque este sistema ha estado en vigor durante más de una década, sigue siendo voluntario, lo que significa que no todos los fabricantes lo utilizan. A medida que las tasas de obesidad continúan aumentando, los responsables políticos buscan formas más contundentes de guiar al público. Una alternativa que está ganando atención es la etiqueta de advertencia nutricional, un aviso austero en blanco y negro que establece explícitamente que un producto es alto en un nutriente específico poco saludable. La pregunta que enfrentan científicos y funcionarios es si estas advertencias audaces funcionan mejor que los familiares códigos de colores y, lo que es más importante, si causan un daño involuntario al bienestar mental de los compradores, particularmente de aquellos que ya luchan con su relación con la comida.

Dos estudios recientes realizados por investigadores de la Universidad de Liverpool se propusieron responder a estas preguntas mediante una comparación directa. El equipo reclutó a dos grupos distintos de adultos: un grupo de 924 personas sin antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, y un segundo grupo de 240 personas que habían sido diagnosticadas con un trastorno de la conducta alimentaria. Los investigadores querían ver si el tipo de etiqueta en un envase cambiaba lo que la gente compraba, y si les hacía sentir ansiedad o malestar. Para ello, crearon una simulación de compra en línea. Se pidió a los participantes que imaginaran que estaban en un supermercado y que debían elegir un artículo de una selección de seis productos similares en cinco categorías diferentes, como cereales para el desayuno, patatas fritas o platos de pasta preparados. Los productos eran idénticos en todo, excepto por la etiqueta que mostraban. Algunos participantes vieron los colores estándar del semáforo, otros vieron las austeras etiquetas de advertencia, y un grupo de control no vio ninguna etiqueta. El objetivo era medir cuántos artículos poco saludables seleccionaba cada persona y rastrear su estado emocional antes y después de la tarea.

Los resultados revelaron una clara diferencia en cómo las etiquetas influyeron en el comportamiento. Entre los participantes sin un trastorno de la conducta alimentaria, aquellos que vieron las etiquetas de advertencia eligieron significativamente menos artículos poco saludables que aquellos que vieron las etiquetas del semáforo o no vieron ninguna etiqueta. Específicamente, el grupo de la etiqueta de advertencia seleccionó aproximadamente 0,2 artículos poco saludables menos en promedio en comparación con el grupo del semáforo, una diferencia que se tradujo en una reducción de aproximadamente un 8 por ciento en las elecciones poco saludables. Al compararlo con el grupo sin etiquetas, la reducción fue aún más pronunciada, de casi un 11 por ciento. En el segundo estudio que involucró a personas con trastornos de la conducta alimentaria, la tendencia fue similar. Aquellos expuestos a las etiquetas de advertencia redujeron su selección de alimentos poco saludables en casi un 18 por ciento respecto a sus elecciones de base, mientras que el grupo del semáforo mostró una caída solo pequeña e estadísticamente insignificante. Las etiquetas de advertencia parecieron ser más efectivas para desalentar la compra de alimentos altos en grasas saturadas y sal para este grupo también.

A pesar de que las etiquetas de advertencia fueron más efectivas para cambiar las elecciones, el estudio no encontró evidencia de que causaran malestar emocional. Una preocupación común con el etiquetado de alimentos es que ver advertencias sobre calorías o nutrientes pueda desencadenar ansiedad o sentimientos negativos, especialmente en personas con trastornos de la conducta alimentaria. Sin embargo, los investigadores midieron los sentimientos de miedo, preocupación y angustia de los participantes antes y después de la tarea de compra. Encontraron que ni las etiquetas de advertencia ni las etiquetas del semáforo aumentaron estas emociones negativas. De hecho, para el grupo sin trastornos de la conducta alimentaria, las etiquetas del semáforo causaron algo más de activación negativa que las etiquetas de advertencia, aunque la diferencia fue pequeña. El estudio también analizó cuánto disgusto o deseo de evitar las etiquetas sentían las personas. Aunque las personas con trastornos de la conducta alimentaria informaron sentirse más molestas por las etiquetas de advertencia que por las del semáforo, el impacto emocional general de ver cualquiera de las etiquetas fue mínimo.

Los hallazgos sugieren un panorama complejo para las políticas de salud pública. Las etiquetas de advertencia fueron objetivamente mejores para ayudar a las personas a elegir opciones más saludables, pero fueron menos populares entre el público. Los participantes en ambos estudios expresaron un mayor apoyo al familiar sistema del semáforo, y aquellos sin trastornos de la conducta alimentaria lo calificaron como más efectivo para desalentar las elecciones poco saludables, a pesar de que los datos mostraron que las advertencias funcionaron mejor. Esta brecha entre lo que la gente prefiere y lo que realmente cambia el comportamiento resalta un desafío para los responsables políticos. Los investigadores señalaron que el sistema del semáforo ha estado en el Reino Unido durante más de una década, por lo que los consumidores probablemente se sienten más cómodos con él. Las etiquetas de advertencia, por el contrario, son nuevas y directas, lo que puede explicar por qué fueron más efectivas pero también por qué resultaron más intrusivas para algunos.

El estudio también abordó la vulnerabilidad específica de las personas con trastornos de la conducta alimentaria. Existía el temor de que cualquier forma de etiquetado nutricional pudiera ser perjudicial para este grupo, desencadenando potencialmente angustia o comportamientos poco saludables. Los resultados de estos ensayos ofrecieron tranquilidad. Incluso entre los 240 participantes con trastornos de la conducta alimentaria diagnosticados, las etiquetas de advertencia no provocaron un aumento en las respuestas emocionales negativas. Esto sugiere que, si bien las etiquetas lograron cambiar las elecciones alimentarias, no cruzaron la línea hacia el daño psicológico. Los investigadores sí señalaron que su estudio utilizó elecciones hipotéticas sin dinero real involucrado, y las etiquetas no incluían recuentos de calorías en la mayoría de los escenarios, lo que limita qué tan perfectamente sus resultados predicen las compras en el mundo real. Sin embargo, la consistencia de los hallazgos a través de dos grandes grupos sugiere que las etiquetas de advertencia podrían ser una herramienta poderosa para mejorar la salud pública sin el temido costo psicológico.

En última instancia, la investigación apunta hacia un posible cambio en la forma en que se etiquetan los alimentos en el Reino Unido. La evidencia indica que las etiquetas de advertencia obligatorias podrían reducir la selección de alimentos poco saludables de manera más efectiva que el actual sistema voluntario del semáforo. Si bien el público puede preferir actualmente los códigos de colores familiares, los datos sugieren que las advertencias más simples y directas son mejores para lograr el objetivo de una alimentación más saludable. El estudio concluye que el gobierno debería considerar la transición hacia una estrategia de etiquetas de advertencia obligatorias, o al menos mejorar significativamente el sistema actual, para apoyar mejor a la población en la toma de decisiones más saludables sin causar daño emocional.

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