Personality traits associated with less favourable attitudes toward end-of-life care among hospital nurses: a cross-sectional predictive study
Este estudio transversal de 303 enfermeros hospitalarios revela que niveles más altos de responsabilidad, amabilidad y apertura, junto con el trabajo fuera de las unidades de cuidados críticos, están asociados con actitudes más favorables hacia los cuidados al final de la vida, lo que sugiere que los rasgos de personalidad podrían informar un apoyo educativo personalizado, al tiempo que advierte contra su uso para decisiones de dotación de personal.
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Cada hospital tiene un rincón donde el trabajo pasa de reparar a acompañar. Es el lugar donde las enfermeras cuidan a pacientes que están muriendo, gestionando el dolor, ofreciendo consuelo y apoyando a las familias durante las últimas horas. Este tipo de cuidado, a menudo llamado cuidados paliativos o de fin de vida, es una parte central de la enfermería, pero es emocionalmente pesado y complejo. Si bien sabemos que la formación y la experiencia ayudan a las enfermeras a manejar estas situaciones, queda una pregunta más profunda: ¿influye la personalidad natural de una enfermera en su forma de abordar el final de la vida? Los científicos han estudiado durante mucho tiempo cinco rasgos generales de la personalidad que describen cómo las personas piensan y actúan en general: qué tan abiertas son a las nuevas ideas, qué tan amables y bondadosas tienden a ser, qué tan concienzudas y responsables se sienten, cuánto se preocupan y qué tan extrovertidas son. Comprender si estos rasgos profundamente arraigados influyen en la actitud de una enfermera hacia los pacientes terminales podría ayudar a los hospitales a apoyar mejor a su personal, asegurando que cada paciente reciba una despedida digna y compasiva.
Un equipo de investigadores del Hospital Universitario Puerta del Mar en España se propuso explorar esta conexión. Se centraron en 303 enfermeros colegiados que trabajaban en diversas unidades hospitalarias donde la muerte es una ocurrencia regular, como las salas de urgencias, cuidados intensivos y oncología. Se les pidió a los enfermeros que completaran dos cuestionarios bien conocidos. Uno medía sus actitudes hacia el cuidado de los moribundos, pidiéndoles que estuvieran de acuerdo o en desacuerdo con afirmaciones sobre sus sentimientos y disposición para ayudar. El otro medía su personalidad a través de los cinco rasgos estándar. Los investigadores luego buscaron patrones, preguntándose si ciertos tipos de personalidad estaban vinculados a sentimientos más positivos o negativos sobre el cuidado al final de la vida, y si la unidad hospitalaria específica donde trabajaba la enfermera marcaba una diferencia.
El estudio encontró un vínculo claro entre la personalidad y la actitud. Las enfermeras que puntuaron más alto en concienciación, amabilidad y apertura tendieron a tener actitudes más favorables hacia el cuidado de los pacientes moribundos. La concienciación, que refleja un sentido del deber y la organización, mostró la conexión más fuerte; las enfermeras que sentían un fuerte compromiso profesional tenían más probabilidades de ver el cuidado al final de la vida de manera positiva. Del mismo modo, aquellas que eran naturalmente más amables, mostrando bondad y deseo de ayudar a los demás, y aquellas que eran más abiertas a nuevas experiencias e ideas, también reportaron mejores actitudes. En contraste, los otros dos rasgos de personalidad medidos —cuánto se preocupa una persona y qué tan extrovertida es— no mostraron un vínculo significativo con estas actitudes.
La ubicación del trabajo también importaba. Las enfermeras que trabajaban en la unidad de cuidados críticos, a menudo conocida como la unidad de cuidados intensivos, reportaron actitudes menos favorables hacia el cuidado al final de la vida en comparación con aquellas que trabajaban en el departamento de urgencias general. Los investigadores sugieren que esto podría deberse a que las enfermeras de cuidados críticos enfrentan una presión intensa para mantener vivos a los pacientes, lo que puede crear un conflicto cuando el enfoque debe cambiar hacia el confort y el dejar ir. Si bien tener formación en cuidados paliativos estaba asociado con actitudes ligeramente mejores, la diferencia no fue estadísticamente lo suficientemente fuerte como para estar seguros, lo que sugiere que la formación por sí sola no explica completamente cómo se sienten las enfermeras respecto a este trabajo.
Para hacer que estos hallazgos sean útiles para el apoyo en el mundo real, los investigadores construyeron un modelo simple para estimar la probabilidad de que una enfermera tenga una actitud menos favorable basada en sus puntuaciones de personalidad. Encontraron que las enfermeras con puntuaciones bajas en concienciación, amabilidad y apertura tenían muchas más probabilidades de tener dificultades con las actitudes ante el final de la vida. Por ejemplo, una enfermera con puntuaciones bajas en estas tres áreas tenía una alta probabilidad de tener una perspectiva menos favorable, mientras que una enfermera con puntuaciones altas en esas mismas áreas tenía una probabilidad muy baja. El modelo pudo distinguir entre estos grupos con una precisión moderada, ofreciendo una forma de identificar qué enfermeras podrían beneficiarse más de apoyo emocional adicional o formación especializada.
Los autores son cuidadosos al afirmar que estos hallazgos no son una forma de etiquetar a las enfermeras o decidir quién debería trabajar en qué departamento. La personalidad es solo una pieza del rompecabezas, y las actitudes también se ven moldeadas por la experiencia, la cultura del equipo y los recursos del hospital. En cambio, el estudio sugiere que comprender estos patrones de personalidad puede ayudar a los hospitales a adaptar sus sistemas de apoyo. Las enfermeras que son naturalmente menos abiertas podrían beneficiarse de una formación que fomente la reflexión, mientras que aquellas que son menos amables podrían necesitar ayuda extra con las habilidades de comunicación. Al reconocer que diferentes personalidades abordan el final de la vida de diferentes maneras, los hospitales pueden crear un entorno más comprensivo tanto para el personal como para los pacientes a los que sirven.
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