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Global indicators, local realities: Reconceptualising the NEET concept in low- and middle-income countries through multi-stakeholder co-production in Ethiopia

Este estudio cualitativo realizado en Etiopía revela que el indicador global estándar de los NEET no logra captar las realidades de la juventud en los países de ingresos bajos y medios al pasar por alto el trabajo informal y no remunerado, lo que motiva un llamado a reconceptualizaciones sensibles al contexto y con múltiples partes interesadas que aborden mejor la participación económica, el bienestar psicosocial y las barreras estructurales.

Autores originales: Hirbaye Mokona, Wubalem Fekadu, Dörte Bemme, Prof. Atalay Alem, Prof. Abebaw Fekadu

Publicado 2026-09-02
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Hirbaye Mokona, Wubalem Fekadu, Dörte Bemme, Prof. Atalay Alem, Prof. Abebaw Fekadu

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En muchas partes del mundo, los gobiernos y las organizaciones internacionales dependen de una única etiqueta para rastrear las dificultades de los jóvenes: el término NEET. Significa "Ni estudia, Ni trabaja, Ni recibe formación" (en inglés, Not in Education, Employment, or Training). Esta etiqueta actúa como un foco estadístico, diseñado para identificar a los jóvenes que han quedado fuera de la economía convencional para que las políticas puedan dirigirse hacia ellos. La lógica es sencilla: si un joven no está en la escuela y no está trabajando, está excluido, y la sociedad necesita ayudarlo a encontrar un lugar. Este concepto nació en naciones ricas donde los empleos suelen ser formales, remunerados y registrados por el Estado. Sin embargo, en muchos países de ingresos bajos y medios, la economía se ve muy diferente. Aquí, el trabajo suele ocurrir sin contratos oficiales, en campos familiares o en pequeños negocios no registrados. En estos lugares, un joven puede estar trabajando duro para alimentar a su familia y, aun así, debido a que su trabajo no figura en un registro gubernamental, la definición estándar podría contarlo como si no estuviera haciendo nada. Esto crea un punto ciego donde las mismas personas que más necesitan apoyo podrían ser invisibles para los sistemas destinados a ayudarlas.

Un equipo de investigadores en Etiopía decidió investigar este punto ciego planteando una pregunta simple pero profunda: ¿qué significa realmente estar "desempleado" o "no trabajar" en un lugar donde las reglas de la economía global no siempre se aplan de la misma forma? Viajaron a la zona de East Gurage, en el centro de Etiopía, una región que cuenta tanto con ciudades bulliciosas como con tranquilas aldeas agrícolas. En lugar de simplemente contar cabezas o completar encuestas, reunieron grupos de personas para conversar. Juntaron a hombres y mujeres jóvenes que luchaban por encontrar trabajo, a sus padres y hermanos, a funcionarios locales del gobierno y a expertos que diseñan programas de empleo. A lo largo de cinco discusiones grupales, estos 51 participantes compartieron sus experiencias de la vida real, sus definiciones de trabajo y las presiones que enfrentaban. Los investigadores escucharon atentamente, no para ver si los jóvenes encajaban en una caja prefabricada, sino para comprender cómo la propia comunidad entendía el concepto de quedar excluido.

Las conversaciones revelaron que la definición estándar de NEET era demasiado estrecha para la realidad etíope. Para los jóvenes y sus familias, estar "empleado" no se trataba de tener un contrato firmado o una licencia comercial. Se trataba de si una persona podía mantenerse a sí misma y contribuir a su hogar. Un hombre joven cuidando los cultivos de su familia, una mujer gestionando un pequeño puesto al borde de la carretera o alguien ayudando con el trabajo familiar no remunerado, eran vistos como trabajadores. No estaban ociosos. En contraste, los funcionarios del gobierno y los expertos técnicos solían ceñirse a las reglas formales, buscando licencias comerciales, números de identificación fiscal o salarios mensuales estables. Para ellos, si un joven no tenía estos marcadores oficiales, técnicamente estaba desempleado. Esta brecha significaba que muchos jóvenes que en realidad trabajaban duro para sobrevivir estaban siendo etiquetados estadísticamente como "ni estudian, ni trabajan, ni reciben formación", mientras que otros que eran verdaderamente dependientes de sus familias podrían no haber sido captados por la red si tenían un ingreso diminuto y no registrado.

Los investigadores descubrieron que la comunidad tenía una forma mucho más práctica de juzgar quién estaba verdaderamente excluido. Observaban si un joven podía comprar su propia comida, pagar su ropa y contribuir a la familia sin pedir dinero. Si un joven ganaba lo suficiente para cubrir estas necesidades básicas, incluso mediante un trabajo informal o estacional, se le consideraba trabajador. El estudio sugirió que la definición de NEET en Etiopía debería reescribirse para reflejar esta realidad. En lugar de solo buscar empleos formales, la nueva definición observaría si un joven es financieramente dependiente, si posee una pequeña parcela de tierra que apenas puede alimentarlo, o si simplemente está sentado en casa sin forma de contribuir. Los investigadores propusieron un umbral específico: si un joven gana menos de 2,000 birr etíopes al mes y no tiene una licencia comercial, podría estar verdaderamente en la categoría de necesitar ayuda.

Más allá de la definición de trabajo, el estudio descubrió el pesado costo emocional de estar atrapado en este limbo. Los jóvenes describieron una profunda sensación de desesperanza y vergüenza. Sin trabajo, sentían que habían perdido su propósito y su lugar en la sociedad. Esta falta de dirección a menudo conducía a la depresión, la ansiedad y, en algunos casos, al consumo de sustancias o al crimen. La presión no era solo interna; también se sentía dentro de la familia. Padres y cónyuges expresaban frustración, y la tensión a veces rompía matrimonios o creaba discusiones constantes en el hogar. Los investigadores señalaron que estos sentimientos no eran solo de dinero. El trabajo proporciona una estructura para el día, una razón para levantarse y una forma de conectar con otros. Cuando esa estructura desaparece, el impacto psicológico es severo.

El estudio también destacó cómo estas luchas eran diferentes para hombres y mujeres. En la sociedad etíope, se espera que los hombres sean los principales proveedores de sus familias. Cuando un hombre joven no encuentra trabajo, siente un peso abrumador de fracaso, lo que a menudo conduce a la ira o la desesperación. Las mujeres enfrentaban presiones diferentes. Mientras que el trabajo doméstico no remunerado era visto como un rol válido para las mujeres, las mujeres jóvenes educadas que se quedaban en casa sin un empleo enfrentaban un intenso escrutinio social. A menudo eran presionadas hacia matrimonios tempranos por familias que temían que permanecieran dependientes. El estigma de estar desempleado era universal, con vecinos y miembros de la comunidad etiquetando a menudo a los jóvenes sin empleo como inactivos o irresponsables, lo que solo dificultaba su reintegración en la sociedad.

Las barreras que impedían a estos jóvenes encontrar trabajo no eran solo la falta de deseo de trabajar, sino problemas estructurales profundos. Los participantes señalaron la escasez de empleos, la falta de dinero para iniciar un negocio y un sistema donde las conexiones y la corrupción a menudo determinaban quién era contratado. Muchos graduados sentían que su educación no los había preparado para el mundo real, ya que las universidades enseñaban teoría mientras los empleadores demandaban experiencia que los recién graduados no podían tener. También hubo una resistencia cultural a realizar trabajos manuales o agrícolas, ya que muchos creían que un título universitario debería conducir a un trabajo de oficina, incluso si esos empleos no existían.

Los investigadores concluyeron que aplicar una definición única y global de desempleo a cada país es un error. Falla al no ver el arduo trabajo que ocurre en las economías informales y clasifica erróneamente a jóvenes que en realidad están contribuyendo a sus hogares. Al escuchar a las personas que viven estas realidades, el estudio ofreció una forma de corregir la medición. Argumentaron que para ayudar verdaderamente a la juventud vulnerable, los gobiernos y las organizaciones internacionales deben adaptar sus herramientas a las condiciones locales. Esto significa reconocer que el trabajo tiene muchas formas, desde la agricultura hasta el pequeño comercio, y que la verdadera señal de exclusión no es la ausencia de un empleo formal, sino la incapacidad de mantenerse a sí mismo y a su familia. Este cambio de perspectiva podría conducir a mejores políticas que realmente lleguen a los jóvenes que las necesitan, asegurando que las estadísticas que guían el futuro del mundo estén fundamentadas en la verdad de las vidas de las personas.

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