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Occupational ionizing radiation exposure among medical workers rose during the COVID-19 pandemic: a retrospective study

Este estudio retrospectivo revela que, si bien la mayoría de las dosis anuales de radiación de los trabajadores médicos se mantuvieron dentro de los límites de seguridad, la exposición ocupacional a la radiación ionizante aumentó significativamente durante la pandemia de COVID-19 antes de disminuir después, identificándose a los médicos varones de entre 40 y 50 años en medicina intervencionista como los principales grupos de riesgo.

Autores originales: Yuting Wang, Zhenghuan Li, Qiong Su, Chuan Liu, Qing Jiang, Guanghui Wei, Liang Gao

Publicado 2026-09-17
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Yuting Wang, Zhenghuan Li, Qiong Su, Chuan Liu, Qing Jiang, Guanghui Wei, Liang Gao

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada día, millones de personas entran en hospitales y clínicas para recibir atención que depende de la energía invisible. Los médicos utilizan rayos X para ver huesos rotos, escáneres de TC para mapear el interior del cuerpo y procedimientos especializados para guiar herramientas a través de los vasos sanguíneos sin realizar grandes cortes. Estas herramientas utilizan radiación ionizante, una forma de energía lo suficientemente poderosa como para atravesar el tejido y crear imágenes o tratar enfermedades. Si bien esta tecnología salva vidas, también significa que las personas que la operan —los radiólogos, técnicos y enfermeros— son el grupo de trabajadores con mayor exposición a la radiación artificial en el mundo. A lo largo de muchos años, incluso pequeñas cantidades de esta exposición pueden acumularse, afectando potencialmente la tiroides, los ojos o la sangre. Debido a esto, las organizaciones de salud establecen límites estrictos de seguridad para asegurar que ningún trabajador reciba demasiada radiación en un solo año o en un periodo de cinco años. El objetivo es siempre mantener la exposición lo más baja posible de manera razonable, proporcionando al mismo tiempo la mejor atención para los pacientes.

Cuando la pandemia de COVID-19 estalló a principios de 2020, la forma en que operaban los hospitales cambió drásticamente. Durante tres años, los confinamientos y las medidas de aislamiento remodelaron la práctica médica, y los médicos se encontraron realizando más escaneos pulmonares y pruebas de imagen para diagnosticar el virus. Este cambio planteó una pregunta silenciosa pero importante: ¿acaso el trabajo extra y el estrés de la pandemia provocaron dosis de radiación más altas para el personal médico que lleva las insignias que rastrean su exposición? Un equipo de investigadores del Segundo Hospital Afiliado de la Universidad Médica de Chongqing se propuso responder a esto analizando una vasta colección de registros que abarcaban desde 2008 hasta 2024. Querían ver si la pandemia cambió los patrones a largo plazo de la exposición a la radiación de sus trabajadores e identificar qué tipos de trabajos o características personales hacían que un trabajador fuera más propenso a recibir una dosis más alta.

Los investigadores recopilaron datos de más de 500 trabajadores médicos, rastreando casi 3,700 registros anuales individuales. Cada trabajador llevaba un pequeño monitor personal, similar a una insignia, que medía la radiación que recibía mientras estaba de servicio. Estas insignias se cambiaban cada tres meses, y los datos eran verificados por un laboratorio independiente para garantizar la exactitud. El equipo analizó los números para ver quién recibía la mayor exposición. Encontraron que, en promedio, los hombres recibían dosis ligeramente superiores a las de las mujeres, y los trabajadores entre los 40 y 50 años de edad tendían a tener una mayor exposición que sus colegas más jóvenes o mayores. Aquellos con doctorados y aquellos que trabajaban en medicina intervencionista —un campo donde los médicos utilizan imágenes para guiar procedimientos dentro del cuerpo— también vieron niveles más altos. Al observar departamentos específicos, el equipo de medicina intervencionista tuvo la dosis anual promedio más alta, seguido de cerca por cardiología y cirugía.

El estudio luego dirigió su atención a la línea de tiempo, comparando los años anteriores a la pandemia, los tres años del brote y los años inmediatamente posteriores. La tendencia a largo plazo de 2008 a 2024 mostró que, para la mayoría de los grupos, la exposición a la radiación se mantuvo relativamente estable, sin un aumento o disminución dramática a lo largo de las décadas. Sin embargo, cuando los investigadores hicieron zoom en los años de la pandemia, apareció un pico claro. Durante el punto álgido del brote, la dosis promedio de radiación para casi todos los grupos de trabajadores aumentó significamente en comparación con los años anteriores. Esto fue cierto para hombres y mujeres, para médicos y otros miembros del personal, y para trabajadores en casi todos los departamentos. El año 2021, en particular, destacó por tener los niveles de exposición más altos en la mayoría de las categorías. Esto sugiere que el aumento en la necesidad de imágenes médicas para gestionar el virus, combinado con los desafíos de trabajar con equipo de protección, provocó que llegara más radiación al personal.

Una vez que se levantaron las estrictas medidas de confinamiento y el mundo comenzó a volver a la normalidad, las dosis de radiación disminuyeron dramente. Los niveles en los años posteriores a la pandemia fueron significamente más bajos que durante el brote. Este descenso indica que la fuerza laboral médica y los sistemas hospitalarios se adaptaron a la nueva realidad, quizás mediante la optimización de los procedimientos o el retorno a los flujos de trabajo previos a la pandemia. A pesar del pico durante la crisis, los investigadores señalaron que la gran mayoría de las dosis anuales se mantuvieron muy por debajo de los límites de seguridad establecidos por las autoridades sanitarias internacionales. Incluso en su punto más alto durante la pandemia, el trabajador promedio no estaba recibiendo cantidades peligrosas de radiación.

El estudio también analizó qué factores podrían predecir quién recibe la mayor exposición. Aunque las tendencias generales estaban claras, los factores de riesgo específicos cambiaban dependiendo de cómo se agrupaban los datos. Por ejemplo, ser médico o trabajar en medicina intervencionista aparecieron consistentemente como un factor para una mayor exposición. Curiosamente, la pandemia misma actuó como un factor de riesgo para dosis más altas durante los años del brote, pero una vez pasada la crisis, el periodo pospandemia se convirtió en un factor protector, asociado con dosis más bajas. Los investigadores reconocieron que su estudio tenía limitaciones, como el hecho de estar basado en los datos de un solo hospital, lo que significa que los hallazgos podrían no aplicarse exactamente a todos los centros médicos del mundo. También señalaron que no rastrearon los resultados de salud a largo plazo de los trabajadores, sino solo las dosis de radiación en sí mismas.

En última instancia, esta investigación proporciona una imagen clara de cómo una emergencia de salud global puede alterar temporalmente el panorama de seguridad para los trabajadores médicos. Confirma que, si bien la comunidad médica es generalmente exitosa en mantener la exposición a la radiación dentro de los límites seguros, los períodos de alta demanda y crisis pueden conducir a un aumento mensurable en la dosis que reciben los trabajadores. Los hallazgos sirven como un recordatorio de que, durante las emergencias de salud pública, cuando el enfoque está intensamente en la atención al paciente, la seguridad del personal también debe ser una prioridad. Al comprender estos patrones, los hospitales pueden prepararse mejor para futuras crisis, asegurando que las personas que nos protegen de las enfermedades también estén protegidas de los riesgos ocultos de las herramientas que utilizan cada día.

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