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Voluntary climate pledges widen what firms measure, not what they abate

Este estudio encuentra que los compromisos climáticos voluntarios basados en la ciencia llevan principalmente a las empresas a ampliar el alcance de su reporte de emisiones —específicamente al incluir más categorías del Alcance 3— en lugar de impulsar reducciones reales en las emisiones, lo que sugiere que los aumentos observados en las cifras reportadas reflejan cambios contables en lugar de una mitigación genuina.

Autores originales: Florian Pothin

Publicado 2026-08-27
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Florian Pothin

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Para comprender el desafío climático que enfrenta el mundo moderno, uno debe primero entender cómo se le pide a las empresas que midan su impacto. Durante décadas, la herramienta principal para rastrear la contaminación corporativa ha sido un sistema de promesas voluntarias. Miles de grandes empresas se han unido para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, comprometiéndose a menudo con objetivos que se alinean con la meta global de limitar el calentamiento. Estas promesas son juzgadas por los números que las empresas reportan a sí mismas y al público. La lógica parece sencilla: si una empresa promete reducir la contaminación, sus emisiones reportadas deberían disminuir con el tiempo. Si los números bajan, la promesa se está cumpliendo; si se mantienen iguales o aumentan, la empresa está fallando. Este sistema se basa en la suposición de que la forma en que una empresa cuenta su contaminación permanece constante, de modo que cualquier cambio en el total refleje un cambio real en la cantidad física de carbono liberado a la atmósfera.

Sin embargo, un nuevo estudio desafía esta suposición fundamental. Sugiere que el acto de hacer una promesa cambia no solo la contaminación, sino el mismísimo instrumento de medición utilizado para medirla. Cuando una empresa se compromete con un objetivo basado en la ciencia, se le requiere mirar mucho más profundamente en su cadena de suministro, contando las emisiones de los bienes comprados, el transporte y el uso de los productos vendidos, categorías que a menudo se ignoraban o se contaban solo parcialmente antes. La investigación encuentra que este cambio en la medición crea un panorama confuso: las empresas parecen estar emitiendo más simplemente porque finalmente están contando más de lo que ya estaban emitiendo. El estudio concluye que el aumento visible en los números reportados es a menudo una señal de una mejor contabilidad, no de un fracaso en la acción, y que la reducción real de la contaminación permanece oculta tras la expansión del alcance del conteo.

Florian Pothin, un investigador de la Universidad de Rennes, se propuso probar si estos compromisos voluntarios realmente conducen a menos contaminación o simplemente conducen a un reporte más completo. Analizó datos de miles de empresas durante un período de ocho años, comparando aquellas que habían hecho una promesa con aquellas que aún no la habían hecho. El estudio se centró en tres tipos de emisiones: la contaminación directa de las propias operaciones de una empresa, la contaminación indirecta de la energía que compran y la vasta y compleja red de contaminación creada por sus cadenas de suministro y productos. Al utilizar un método estadístico riguroso que tiene en cuenta el momento en que diferentes empresas hicieron sus promesas, Pothin pudo aislar el efecto específico de la promesa misma.

Los resultados revelaron un cambio claro e inmediato en el comportamiento. Dentro de los cuatro años posteriores a realizar una promesa, una empresa comenzó a reportar aproximadamente dos categorías y media más de emisiones de la cadena de suministro de las que reportaba antes. Esto no fue una mejora gradual; el cambio ocurrió rápidamente después de que se realizó el compromiso. Como resultado, el monto total de emisiones reportadas por estas empresas saltó significamente en los dos primeros años. Los datos mostraron que las emisiones reportadas de la cadena de suministro aumentaron por un margen considerable, pero este aumento fue impulsado enteramente por el hecho de que las empresas ahora contaban categorías que anteriormente habían dejado fuera. Era como si una persona que solo había estado pesando sus comestibles en una báscula pequeña de repente comenzara a pesar toda su despensa; el peso total subiría, no porque hubiera comprado más comida, sino porque finalmente estaba midiendo todo lo que ya poseía.

Cuando el investigador observó las emisiones directas de las propias operaciones de una empresa, la historia era diferente. Estos números, que son los más difíciles de manipular y no dependen de certificados o estimaciones, no mostraron cambios significativos. Permanecieron estables, sugiriendo que las empresas no estaban reduciendo su contaminación directa a un ritmo que pudiera ser detectado por el estudio. La ligera caída vista en las emisiones totales de algunas empresas se atribuyó enteramente a la compra de certificados de energía renovable, que permiten a una empresa reclamar una reducción sobre el papel sin necesariamente cambiar el combustible físico que quema. En el área más crítica, la cadena de suministro donde reside la mayor parte de la huella de una empresa, los números reportados aumentaron bruscamente. Pero cuando el investigador ajustó los datos para mantener fija la frontera de medición —obligando a las empresas a contar solo las mismas categorías que contaban antes de la promesa— el aumento desapareció. De hecho, dentro de esa frontera fija, los números mostraron un ligero descenso, lo que sugiere que podría estar ocurriendo una reducción real, pero esta queda completamente enmascarada por la expansión de lo que se está contando.

El estudio argumenta que este fenómeno crea un problema importante para cualquiera que intente juzgar la acción climática corporativa. Debido a que las propias empresas deciden qué categorías incluir en sus informes, el acto de prometer la reducción de emisiones cambia la vara de medir utilizada para juzgar el éxito. Una empresa puede parecer que no está progresando, o incluso que está empeorando, simplemente porque ha comenzado a contar más de su contaminación. Por el contrario, una empresa podría estar realizando recortes genuinos, pero esos recortes serían invisibles si se vieran compensados por la inclusión de nuevas categorías. La investigación muestra que el aumento en la transparencia es real, pero no es un indicador confiable de si la contaminación está disminuyendo realmente. Los números en la página reflejan un cambio en las reglas de contabilidad, no necesariamente un cambio en el mundo físico.

Este hallazgo sugiere que el sistema actual de promesas voluntarias es defectuoso no porque las empresas estén mintiendo, sino porque el sistema recompensa un inventario más amplio de datos en lugar de una reducción en los datos mismos. El estudio concl립니다 que para saber verdaderamente si una empresa está recortando sus emisiones, los observadores no pueden confiar en los números totales que la empresa reporta, ya que esos totales cambian constantemente. En su lugar, las evaluaciones deben utilizar un estándar fijo que no cambie cuando la empresa hace una promesa, o depender de una verificación independiente que no dependa de las elecciones de la empresa sobre qué contar. Hasta que se implementen tales medidas, los números crecientes o estancados vistos en los informes corporativos deben entenderse como una señal de una mejor medición, no de un fracaso en la acción, y el verdadero progreso del sector privado en la lucha contra el cambio climático permanece, en gran medida, oculto a la vista.

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