Elements Affecting Public Primary School Teachers in Safeguarding Learners' Right to Human Dignity in Classrooms
Utilizando el modelo PPCT de Bronfenbrenner y un enfoque cualitativo, este estudio identifica que los docentes de escuelas primarias públicas en el distrito de Bojanala, Sudáfrica, enfrentan desafíos significativos para salvaguardar el derecho de los alumnos a la dignidad humana debido al conocimiento legal limitado, al desarrollo profesional inadecuado, a la integración curricular insuficiente y a la falta de monitoreo y apoyo.
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Cada niño merece entrar en un aula sintiéndose seguro, respetado y valorado como un ser humano. Este sentimiento no es solo un complemento agradable para el aprendizaje; es un derecho fundamental conocido como dignidad humana. En las escuelas de todo el mundo, y específicamente en Sudáfrica, existen leyes que protegen este derecho, prohibiendo que los docentes utilicen el castigo físico o humillen a los estudiantes. Estas reglas son claras sobre el papel, prometiendo que las escuelas serán lugares donde los niños sean tratados con amabilidad y justicia. Sin embargo, tener un libro de reglas no garantiza que las reglas se cumplan. A menudo, la brecha entre lo que dice la ley y lo que sucede en el aula es amplia, dejando a los niños vulnerables al daño involuntario o la negligencia. Cuando los docentes no comprenden estas leyes, o cuando carecen de las herramientas para aplicarlas sin crueldad, el mismo entorno destinado a nutrir a un niño puede convertirse en un lugar donde su dignidad es despojada.
Un estudio reciente realizado en el Distrito de Bojanala, en la Provincia del Noroeste de Sudáfrica, se propuso comprender por qué existe esta brecha. Los investigadores, Joel Jim Monametsi y Patricia Namayammu Mokgosi, se centraron en las escuelas primarias públicas, donde las interacciones diarias entre docentes y estudiantes jóvenes son más intensas. Querían saber qué obstáculos específicos impiden que los docentes protejan la dignidad de los alumnos bajo su cuidado. Para encontrar las respuestas, el equipo no recurrió a estadísticas o calificaciones de exámenes. En su lugar, se sentaron con diez educadores experimentados —cinco directores de escuela y cinco docentes— y escucharon sus historias. Estas conversaciones tuvieron lugar en cinco escuelas públicas ordinarias diferentes, donde los participantes compartieron sus experiencias de la vida real, frustraciones y observaciones sobre los desafíos que enfrentan cada día.
Los investigadores utilizaron un método que trata la experiencia humana como la fuente primaria de la verdad, creyendo que para entender un problema, uno debe verlo a través de los ojos de las personas que lo viven. Pidieron a los docentes y directores que describieran los factores que dificultan mantener a los estudiantes seguros y respetados. A medida que las entrevistas se desarrollaban, surgió un panorama claro. El problema no era que los docentes quisieran ser crueles; más bien, a menudo luchaban contra un sistema que los dejaba desarmados. El estudio identificó cuatro barreras principales que se interponen en el camino de la protección de la dignidad de un niño: la falta de conocimiento sobre las leyes, la formación insuficiente, un currículo que no se ajusta a la necesidad y la falta de apoyo del departamento de educación.
La primera barrera, y quizás la más sorprendente, fue una simple falta de información. Muchos de los docentes y directores entrevistados admitieron que no comprendían plenamente los documentos legales que protegen a los niños. Si bien la Constitución de Sudáfrica y la Ley de Escuelas garantizan que todo alumno tiene derecho a la dignidad, estos documentos no se estaban compartiendo ni explicando a los educadores en el terreno. Un director señaló que el Departamento de Educación rara vez proporcionaba documentos para que los docentes leyeran sobre los derechos de los niños. Sin una comprensión clara de lo que realmente dice la ley, los docentes suelen recurrir a viejos hábitos o conjeturas. Esta confusión puede conducir a violaciones involuntarias, donde un docente podría intentar disciplinar a un estudiante de una manera que le parece correcta, pero que es en realidad una infracción de los derechos del niño. El estudio encontró que cuando los docentes no conocen las reglas, es más probable que prioricen la disciplina estricta sobre el respeto, creando una atmósfera de miedo en lugar de seguridad.
Incluso cuando los docentes quieren hacer lo correcto, a menudo carecen de la formación específica necesaria para hacerlo. El estudio reveló que casi ninguno de los participantes había recibido instrucción formal sobre cómo salvaguardar la dignidad humana de los alumnos. Una docente, que había estado en la profesión durante veintisiete años, afirmó que su formación solo había cubierto cómo enseñar materias como matemáticas o ciencias, nunca cómo manejar temas de derechos humanos. Otro director señaló que, si bien las escuelas tienen planes de desarrollo anuales, estos planes rara vez incluyen módulos sobre cultura de derechos humanos. Sin esta formación especializada, los docentes se quedan sin las habilidades para gestionar comportamientos difíciles de una manera que respete la dignidad de un niño. Pueden no saber cómo desescalar una situación sin recurrir a la humillación o a la fuerza física, simplemente porque nadie les ha enseñado una forma mejor.
El tercer obstáculo reside en el propio currículo, es decir, el plan oficial que dicta lo que se enseña en las escuelas. Los investigadores encontraron que el actual currículo nacional no integra el concepto de dignidad humana en las lecciones diarias de manera efectiva. Aunque hay una pequeña sección sobre derechos humanos dentro de la asignatura de Ciencias Sociales, los docentes argumentaron que esta única sección es demasiado breve para marcar una diferencia real. Un docente explicó que no todos los profesores enseñan Ciencias Sociales, lo que significa que muchos estudiantes nunca escuchan sobre sus derechos en absoluto. Además, los planes de enseñanza son tan rígos y están tan saturados de contenido que no hay espacio para ampliar estos temas importantes. El estudio sugiere que cuando los derechos humanos son tratados como una diminuta nota al pie en un libro de texto masivo, los docentes no pueden integrar estos temas en sus interacciones diarias con los estudiantes. El mensaje se pierde en la prisa por cubrir otras materias.
Finalmente, el estudio destacó un profundo sentido de aislamiento entre los docentes. Informaron de una completa falta de supervisión y apoyo por parte del Departamento de Educación Básica. Los educadores sintieron que nadie de los niveles superiores del sistema educativo visitaba sus escuelas para verificar cómo estaban manejando los derechos de los alumnos. Un docente afirmó que nunca había visto una visita oficial relacionada con el cumplimiento de los derechos de los alumnos. Sin revisiones periódicas o guía de los funcionarios del distrito, los docentes se sienten solos. Esta ausencia de supervisión significa que, cuando surgen problemas, no hay nadie que ofrezca ayuda o corrija el rumbo. El estudio encontró que esta falta de apoyo deja a las escuelas sin los recursos, como libros de texto actualizados o infraestructura, necesarios para crear un entorno de apoyo.
Los investigadores concluyeron que estos cuatro factores —el desconocimiento de la ley, la falta de formación, un currículo rígido y la ausencia de un sistema de apoyo— trabajan juntos para socavar la seguridad y la dignidad de los alumnos. El estudio no culpa a los docentes por estos fallos. En su lugar, señala un sistema que les ha fallado al no equiparlos con el conocimiento y las herramientas necesarias para tener éxito. Los autores sugieren que, para solucionar esto, el Departamento de Educación Básica debe lanzar una campaña para enseñar a todos sobre las leyes, proporcionar formación continua a los docentes, actualizar el currículo para incluir los derechos humanos en todas las asignaturas y enviar funcionarios a las escuelas regularmente para ofrecer apoyo. Hasta que estos cambios ocurran, el derecho a la dignidad humana para muchos niños en las escuelas primarias públicas seguirá siendo una promesa difícil de cumplir. El camino a seguir requiere un cambio: pasar de tener simplemente leyes en los libros a asegurar que cada docente las comprenda y tenga el apoyo para vivirlas.
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