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Close Bilaterally, Wary Globally: The Dual Structure of Indonesian Attitudes toward China from 2019 to 2026

Este artículo desafía la percepción de actitudes volátiles de Indonesia hacia China al argumentar que existe una estructura dual estable bajo la superficie, caracterizada por un optimismo bilateral sostenido impulsado por la interdependencia económica y una persistente cautela global derivada de las fricciones geopolíticas.

Autores originales: Wenqi Liao, Liang Cao

Publicado 2026-10-21
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Wenqi Liao, Liang Cao

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el estudio de las relaciones internacionales, los académicos suelen recurrir a la opinión pública para medir la salud de las amistades de una nación. Cuando un país invierte fuertemente en la infraestructura o el comercio de otro, la esperanza es que esta conexión económica genere naturalmente buena voluntad y confianza. Esta idea se basa en una premisa sencilla: si dos vecinos se benefician de trabajar juntos, es menos probable que se teman entre sí. Sin embargo, medir este sentimiento es complicado. Las personas pueden sentirse muy positivas respecto a un vecino que ayuda a construir un nuevo camino mientras, simultáneamente, se sienten inquietas por el comportamiento de ese mismo vecino en el escenario mundial. Durante años, los informes sobre cómo los indonesios ven a China han parecido mostrar una población que oscila violentamente desde la profunda sospecha hasta la aprobación entusiasta y viceversa, dejando a los observadores preguntándose si la relación es estable en absoluto.

Un nuevo análisis desafía esta imagen caótica, argumentando que las aparentes oscilaciones no son un refleño de cambios de opinión, sino un resultado de cómo se formularon las preguntas. Los investigadores examinaron una década de datos de encuestas en el Sudeste Asiático y descubrieron que las cifras se estaban interpretando erróneamente porque se estaban mezclando dos tipos diferentes de preguntas. Un conjunto de preguntas preguntaba a la gente cómo se sentía respecto al papel de China como un líder global responsable, mientras que otro preguntaba cómo esperaban que cambiara la relación directa de su propio país con China en los próximos años. Cuando estos dos hilos distintos se desenredaron, la volatilidad salvaje desapareció. En su lugar, surgió un patrón claro y constante: las élites indonesias mantienen dos visiones distintas al mismo tiempo. Son consistentemente optimistas sobre la relación práctica y cotidiana con China, impulsados por ganancias económicas tangibles, pero siguen siendo profundamente cautelosos sobre la conducta más amplia de China como potencia global.

El estudio se centró en datos recopilados entre 2019 y 2026 de la encuesta State of Southeast Asia, que consulta a figuras influyentes en los negocios, el gobierno y la academia en toda la región. Los investigadores notaron que el instrumento de la encuesta alternaba entre preguntar sobre la "confianza" en las acciones globales de China y las "expectativas" para las relaciones bilaterales. Cuando estas respuestas se agruparon en un solo gráfico de líneas, los datos parecieron una montaña rusa, con índices de aprobación saltando del 19 por ciento al 58 por ciento y luego cayendo al 29 por ciento en solo unos pocos años. Esto llevó a creer que el sentimiento indonesio era errático y altamente sensible a cada titular diplomático. Sin embargo, los autores argumentan que esta visión es una ilusión creada por el diseño de la encuesta misma. Al separar los datos en dos pistas distintas, los investigadores encontraron que la pista de la "confianza" se mantuvo relativamente baja y estable, reflejando un escepticismo persistente sobre el comportamiento global de China. Mientras tanto, la pista de las "relaciones" se mantuvo consistentemente alta, mostrando que los indonesios esperaban que sus propios vínculos directos con China mejoraran, independientemente de las tensiones globales.

La fuerza motriz detrás de esta actitud dual es una mezcla de realidad económica y preocupaciones de seguridad. Por el lado positivo, la relación está anclada por proyectos masivos y visibles que ofrecen beneficios inmediatos a Indonesia. El ejemplo más prominente es el ferrocarril de alta velocidad Yakarta-Bandung, conocido localmente como Whoosh, que comenzó el servicio comercial a finales de 2023. Junto a esto, la inversión china ha impulsado un auge en la industria del procesamiento de níquel de Indonesia, una parte clave de la estrategia del país para ascender en la cadena de valor. Estos vínculos económicos crean un fuerte sentido de pragmatismo; mientras los proyectos entreguen empleos y crecimiento, la expectativa de una buena relación bilateral permanece alta. Los datos muestran que cuando estos beneficios son visibles, el optimismo se dispara. Por ejemplo, después de que el tren de alta velocidad comenzara a operar, la brecha entre el optimismo indonesio y el promedio regional se amplió significamente, alcanzando un pico donde las élites indonesias eran casi 18 puntos porcentuales más optimistas que sus vecinos.

Por otro lado, un conjunto diferente de preocupaciones mantiene la confianza bajo control. Estas preocupaciones están arraigadas en la soberanía y la seguridad, específicamente respecto al Mar de Natuna del Norte. Indonesia y China tienen reclamos superpuestos en esta zona, y los encuentros frecuentes entre buques de la guardia costera china y las aguas indonesias crean una ansiedad de bajo nivel pero persistente. Este asunto no detiene necesariamente la cooperación económica, pero evita que esa cooperación se convierta en una confianza profunda y basada en valores hacia China como actor global. Los resultados de la encuesta muestran que, cuando se pregunta si China "hará lo correcto" para la paz y la seguridad global, los encuestados indonesios puntúan consistentemente por debajo del promedio regional. Este escepticismo no es un estado de ánimo temporal; es una característica estructural de la relación. Las dos fuerzas —el motor económico que impulsa el optimismo y el freno de seguridad que retiene la confianza— operan en vías paralelas, sin cancelarse completamente la una a la otra.

El estudio también identificó un breve momento en 2023 en el que este patrón estable pareció romperse. Durante ese año, la brecha entre el optimismo indonesio y el promedio regional se redujo significamente. Los investigadores rastrearon este descenso a una combinación específica de eventos: el proyecto del ferrocarril de alta velocidad enfrentaba un intenso escrutinio público por sus costos e implicaciones de deuda antes de haber demostrado plenamente su valía, y las tensiones marítimas en el Mar de Natuna habían repuntado nuevamente. En esta breve ventana, los beneficios económicos fueron eclipsados por los costos, causando que el optimismo pragmático hiciera una pausa. Sin embargo, una vez que el ferrocarril comenzó a operar con éxito y las inversiones en níquel continuaron dando resultados, el optimismo repuntó con fuerza. Esta recuperación confirma que la actitud positiva no es ciega ni incondicional; está ligada directamente a la entrega visible de beneficios económicos. Cuando los beneficios son claros, el optimismo regresa; cuando se ven nublados por costos o conflictos, la visión se vuelve más cautelosa.

La conclusión más significativa de este trabajo es metodológica: la forma en que medimos la opinión importa tanto como la opinión misma. El caos aparente en los datos brutos no fue una señal de una población volátil, sino el resultado de mezclar dos preguntas diferentes. Los autores demuestran que tratar estas preguntas como una sola medida crea una narrativa falsa de inestabilidad. En realidad, la perspectiva de la élite indonesia es notablemente estable. Es una visión sofisticada y de doble capa donde la interdependencia económica fomenta un fuerte deseo de una buena relación bilateral, mientras que las preocupaciones de seguridad mantienen una distancia saludable respecto a la confianza global. Este hallazgo sugiere que el compromiso económico por sí solo no puede comprar la confianza total de un país en el carácter global de un socio. Los dos son bienes separados, y uno no conduce automáticamente al otro. Para los responsables de la formulación de políticas y observadores, comprender esta distinción es crucial. Significa que un país puede ser un socio económico confiable y, al mismo tiempo, ser visto con cautela como una potencia global, y que estas dos realidades pueden coexistir sin contradicción.

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