← Últimos artículos
📄 ciencias sociales

Undergraduate ESL Learners' Perceptions of Code-Switching and its influence on Classroom participation in a Pakistani University

Este estudio cualitativo de estudiantes de grado de ESL en Pakistán revela que la alternancia de código sirve como un valioso andamiaje cognitivo y social que mejora la participación en el aula y reduce la ansiedad, siempre que se utilice con moderación para evitar obstaculizar la fluidez en inglés a largo plazo.

Autores originales: Naila Wagan, Saima Jafri

Publicado 2026-09-09
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Naila Wagan, Saima Jafri

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En las aulas de todo el mundo, suele jugarse una tensión silenciosa entre el idioma que un estudiante habla en casa y el idioma que se le pide que utilice en la escuela. Cuando un estudiante está aprendiendo un nuevo idioma, como el inglés, a veces se encuentra estancado. Tiene un pensamiento que compartir o una pregunta que hacer, pero las palabras en el nuevo idioma no surgen con rapidez suficiente. En estos momentos, muchos estudiantes recurren instintivamente a su lengua materna para cerrar la brecha, una práctica conocida como alternancia de código (code-switching). Durante décadas, educadores y responsables políticos han debatido si este hábito ayuda o dificulta el aprendizaje. Algunos argumentan que ceñirse estrictamente al nuevo idioma los obliga a practicar y, eventualmente, a dominarlo, mientras que otros creen que permitir una mezcla de idiomas reduce la ansiedad y ayuda a los estudiantes a comprender ideas complejas. La cuestión no es solo de reglas gramaticales; se trata de cómo se siente la gente cuando habla, qué tan seguros están de levantar la mano y si mezclar idiomas es un signo de debilidad o una herramienta inteligente para pensar.

Un estudio reciente realizado en la Universidad de Sindh, en Pakistán, ofrece una nueva perspectiva sobre este tema al escuchar directamente a los propios estudiantes. Los investigadores Naila Wagan y la Dra. Saima Jafri querían comprender cómo los estudiantes de grado que aprenden inglés perciben esta mezcla de idiomas y cómo afecta esto a su disposición para participar en clase. En lugar de depender únicamente de las puntuaciones de los exámenes o de las observaciones de los profesores, el equipo se sentó con ocho estudiantes para mantener conversaciones profundas. Pidieron a estos jóvenes adultos que describieran sus experiencias, sus miedos y los momentos en los que sintieron la necesidad de alternar entre el inglés y sus lenguas locales, el urdu o el sindhi. El objetivo era ir más allá de la idea de que la alternancia de código es un error y verla como una parte natural de cómo las personas multilingües navegan en un aula.

Los estudiantes entrevistados compartieron una historia coherente: su confianza era frágil y dependía altamente de la situación. Muchos admitieron que se sentían nerviosos por cometer errores, especialmente al hablar ante un grupo grande o al interactuar con alguien que hablaba inglés con mucha fluidez. Un estudiante describió sentirse vacilante al intentar seguir el ritmo de un hablante nativo que hablaba rápido, mientras que otro señaló que el miedo a pronunciar mal una palabra podía hacer que se quedara en silencio. En estos momentos de presión, cambiar al urdu o al sindhi actuaba como una red de seguridad. Les permitía mantener la conversación sin quedarse bloqueados. En lugar de detener su participación porque no encontraban la palabra adecuada en inglés, utilizaban su lengua materna para explicar su punto, hacer una pregunta o aclarar una instrucción confusa. Esta estrategia evitaba que la comunicación se rompiera y los mantenía comprometidos con la lección.

Más allá de mantener viva la conversación, los estudiantes descubrieron que el uso de su primera lengua les ayudaba a comprender conceptos difíciles. Cuando un profesor explicaba una regla gramatical compleja o un nuevo vocabulario en inglés, algunos estudiantes tenían dificultades para captar el significado de inmediato. Sin embargo, cuando el profesor o un compañero ofrecía una explicación en urdu o sindhi, el concepto se volvía claro de repente. Los estudiantes describieron esto como una forma de construir un puente entre lo que ya sabían y lo que estaban intentando aprender. No se trataba de reemplazar el inglés con su lengua materna, sino de usar la lengua materna como un apoyo temporal para ayudarlos a escalar hacia la comprensión. Este apoyo era particularmente valioso para entender las instrucciones de las tareas, donde un pequeño malentendido podría derivar en confusión para toda la clase.

La investigación también destacó que esta mezcla de idiomas no era un hábito aleatorio, sino una elección deliberada y estratégica. Los estudiantes eran conscientes de por qué alternaban. Lo hacían para llenar un vacío en su vocabulario, para expresar una idea compleja que aún no podían formular en inglés, o para suavizar una petición para que sonara más cortés. Veían esta capacidad de moverse entre idiomas como una habilidad que les ayudaba a gestionar su aprendizaje e interacciones sociales. De hecho, los estudiantes informaron que cuando se les permitía usar su lengua materna, estaban más dispuestos a hablar, hacer más preguntas y compartir respuestas más largas y detalladas. La presión de hablar solo inglés a menudo los llevaba a dar respuestas cortas y simples solo para evitar errores, pero la libertad de cambiar de idioma les permitía expresar sus pensamientos completos.

Sin embargo, los estudiantes no fueron enteramente autocríticos con sus propios hábitos. Aunque veían los beneficios inmediatos de la alternancia de código para la comprensión y la participación, también expresaron una clara conciencia de sus posibles desventajas. Varios estudiantes señalaron que, si dependían demasiado de su lengua materna, podrían no tener suficiente práctica con el inglés, lo que podría retrasar su progreso hacia la fluidez. Comprendían que para alcanzar una verdadera fluidez, necesitaban pasar tiempo luchando con y utilizando el nuevo idioma. Esto mostraba un nivel sofisticado de autoconciencia; reconocían la alternancia de código como una herramienta útil a corto plazo, pero entendían que debía equilibrarse con el objetivo a largo plazo de dominar el inglés. No lo veían como una muleta permanente, sino como un peldaño.

El estudio concluye que la alternancia de código no es un signo de fracaso lingüístico o de falta de esfuerzo. Al contrario, es un recurso valioso que los estudiantes utilizan para gestionar su ansiedad, aclarar ideas difíciles y mantenerse conectados con la comunidad del aula. Los hallazgos sugieren que las reglas estrictas que prohíben el uso de las lenguas materias podrían perjudicar a los estudiantes al aumentar su miedo a hablar y reducir su participación. Al permitir que los estudiantes utilicen todo su repertorio lingüístico, los profesores pueden crear un entorno más de apoyo donde el aprendizaje ocurra de manera más efectiva. Los estudiantes en este estudio demostraron que son capaces de juzgar cuándo usar cada idioma, utilizando su lengua materna para andamiar su aprendizaje mientras mantienen la vista en el objetivo de alcanzar la competencia en inglés. Esta perspectiva cambia la visión de la alternancia de código de ser un problema a resolver a ser una parte natural y estratégica del proceso de aprendizaje en un mundo multilingüe.

¿Ahogado en artículos de tu campo?

Recibe resúmenes diarios de los artículos más novedosos que coincidan con tus palabras clave de investigación — con resúmenes técnicos, en tu idioma.

Probar Digest →