Airway Control with a Laryngeal Mask Combined with High‑Flow Oxygen During Tracheal Resection and Reconstruction for Tumor‑Induced Critical Airway Obstruction: A Case Report
Este reporte de caso demuestra que una estrategia de vía aérea multimodal que combina la ventilación con máscara laríngea, la intubación traqueal distal por etapas y la oxigenación apnea de alto flujo permitió con éxito realizar una resección y reconstrucción traqueal de emergencia de forma segura en un paciente con obstrucción de la vía aérea crítica inducida por un tumor.
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La tráquea humana es un tubo vital que transporta aire desde la garganta hacia los pulmones. Cuando un tumor crece dentro de este estrecho pasaje, puede apretar la vía respiratoria hasta cerrarla, creando una emergencia que pone en peligro la vida. Para los médicos, gestionar tal situación es un delicado acto de equilibrio. Deben dormir al paciente para la cirugía y, simultáneamente, mantener la vía respiratoria abierta, pero las mismas herramientas utilizadas para respirar —tubos y mascarillas— a veces pueden bloquear la visión o quedarse atascadas en el tumor. Si la vía respiratoria colapsa por completo durante este proceso, el paciente no puede ser ventilado y el cirujano no puede ver ni trabajar. Esto crea un escenario de alto riesgo donde el anestesiólogo y el cirujano comparten el mismo espacio estrecho, y un solo error podría ser fatal.
Este reporte de caso del Hospital Central Militar 108 de Vietnam describe cómo un equipo navegó con éxito este desafío extremo en una mujer de 76 años. Ella llegó con un tumor que había crecido hasta bloquear más del 95 por ciento de su tráquea, dejándola con una dificultad respiratoria severa y tos con sangre. El tumor era frágil, lo que significaba que intentar forzar un tubo de respiración a través de él podría hacer que se desmoronara o sangrara, provocando una obstrucción total. Los métodos estándar para asegurar una vía respiratoria eran demasiado peligrosos. En su lugar, el equipo médico empleó una estrategia de tres etapas que combinó una vía aérea supraglótica, un tubo colocado profundamente por debajo del tumor y una técnica de oxígeno de alto flujo que permitió a los cirujanos trabajar sin ningún tubo de respiración en el camino.
La condición de la paciente era crítica. Había estado tosiendo sangre roja brillante y esputo oscuro durante diez días, y su respiración era tan forzada que emitía un silbido con cada aliento. Las imágenes mostraron una masa aproximadamente del tamaño de una uva pequeña, que medía 18 por 18 milímetros, situada en la parte superior de su tráquea y protruyendo hacia el interior del tubo. Debido a que la obstrucción era tan severa y el tejido tan delicado, el equipo sabía que intentar insertar un tubo de respiración estándar a través del tumor era imposible. También decidieron no utilizar un chorro de oxígeno de alta presión a través de una aguja diminuta, ya que la fragilidad del tumor hacía que eso fuera arriesgado. Su plan comenzó mientras la paciente aún estaba despierta. Colocaron una cánula de oxígeno nasal de alto flujo en su nariz, bombeando 40 litros de oxígeno por minuto hacia sus pulmones. Esta preoxigenación aumentó sus reservas de oxígeno, ganándole al equipo tiempo precioso para actuar una vez que estuviera dormida.
Una vez que la paciente fue sedada, el equipo insertó una máscara laríngea, un dispositivo que se asienta por encima de las cuerdas vocales en lugar de dentro de la tráquea. Esto les permitió ventilar sus pulmones sin tocar el tumor. Con la paciente respirando de forma segura a través de esta máscara, los cirujanos realizaron una incisión en su cuello para exponer la tráquea. En este punto, el equipo cambió de táctica. Retiraron la máscara y, trabajando en conjunto, el cirujano insertó un tubo de respiración directamente en la parte inferior de la tráquea, por debajo del tumor. Este tubo distal asumió el trabajo de mover el aire hacia adentro y hacia afuera de los pulmones, permitiendo que los cirujanos cortaran toda la sección de 4 centímetros de la tráquea que contenía el tumor.
La fase más delicada llegó después: reconectar los dos extremos de la tráquea. Para hacer esto, los cirujanos necesitaban una visión completamente despejada del campo quirúrgico, libre de tubos o cables. Para ello, retiraron el tubo de respiración inferior y detuvieron toda la ventilación mecánica. En su lugar, dirigieron un flujo de oxígeno puro a una tasa de 70 litros por minuto a través del tubo superior, que permanecía justo por encima del corte. Este oxígeno de alto flujo mantuvo la sangre de la paciente oxigenada a pesar de que ella no estaba respirando por sí misma. Durante 23 minutos, la paciente permaneció en un estado de apnea, o de interrupción de la respiración, mientras los cirujanos volvían a coser la tráquea. Durante este tiempo, sus niveles de dióxido de carbono aumentaron ligeramente, una condición conocida como hipercapnia, pero sus niveles de oxígeno se mantuvieron estables y su frecuencia cardíaca se mantuvo constante. El aumento temporal de dióxido de carbono se consideró seguro y aceptable dada la corta duración.
Una vez que la conexión fue segura, el equipo reinsercionó el tubo de respiración, reanudó la ventilación normal y revirtió los relajantes musculares. La paciente despertó en la sala de operaciones, respirando por sí misma, y fue trasladada a la unidad de cuidados intensivos para su monitoreo. Fue dada de alta cinco días después de la cirugía. Los autores concluyen que esta combinación específica de técnicas —usar una máscara para comenzar, un tubo debajo del tumor para extraerlo y oxígeno de alto flujo para finalizar la reparación— ofrece una forma segura y efectiva de manejar estos casos raros y críticos. Al evitar la necesidad de máquinas complejas como la circulación extracorpórea y minimizar el trauma al frágil tumor, el equipo mantuvo un campo quirúrgico despejado mientras mantenía a la paciente viva y oxigenada durante todo el procedimiento.
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