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Decolonizing Digital Platforms: Post‑ and Decolonial Critiques of North-South Power, Inequality, and Social Transformation in the 21st Century

Basándose en la teoría pos y decolonial, este artículo critica cómo las plataformas digitales perpetúan los desequilibrios de poder Norte-Sur mediante el cerramiento infraestructural, el trabajo oculto y el colonialismo de la IA, al tiempo que destaca los emergentes movimientos de resistencia global por la soberanía digital y las alternativas decoloniales.

Autores originales: Bahram Kazemian, Shafigeh Mohammadian

Publicado 2026-09-11
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Bahram Kazemian, Shafigeh Mohammadian

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina un mundo donde las herramientas que usamos para hablar, trabajar y aprender no son neutrales. Durante décadas, se nos ha dicho que el internet es un gran igualador, un espacio sin fronteras donde cualquiera puede conectarse con cualquiera. Pero un creciente cuerpo de investigación sugiere que este mundo digital está construido sobre cimientos mucho más antiguos y oscuros. Para entender esto, debemos mirar la historia de los imperios, donde las naciones poderosas extraían recursos de tierras distantes, controlaban sus economías y decidían qué conocimiento era importante. Hoy, diversos académicos argumentan que estos mismos patrones se han trasladado al entorno digital. Describen un sistema donde un puñado de empresas tecnológicas masivas, basadas principalmente en naciones ricas, son dueñas de las carreteras digitales, cosechan la información personal de miles de millones de personas y externalizan las tareas más difíciles y peligrosas a trabajadores en regiones más pobres. Esto no se trata solo de negocios; se trata de cómo fluye el poder del Norte al Sur, moldeando quién tiene derecho a hablar, quién decide y qué vidas son tratadas como valiosas.

Dos investigadores, Bahram Kazemian y Shafigeh Mohammadian, han analizado profundamente este fenómeno. Lo llaman "colonialidad de la plataforma". Su trabajo no se basa en nuevas encuestas o entrevistas, sino que compone un rompecabezas masivo utilizando informes existentes, investigaciones periodísticas, documentos de políticas y estudios académicos. Examinan tres áreas específicas donde este juego de poder digital se manifiesta: cómo se proporciona el acceso a internet a los pobres, quién realiza realmente el trabajo oculto detrás de nuestras pantallas y cómo se está gobernando la inteligencia artificial. Al conectar estos puntos, demuestran que la era digital no es un nuevo comienzo, sino una continuación de las desigualdades históricas, actualizadas para la era de la información.

La primera historia que cuentan proviene de la India, donde una importante empresa tecnológica intentó regalar una versión de internet gratuita. Este programa, llamado Free Basics, ofrecía a personas con recursos limitados acceso a una lista pequeña y curada de sitios web, incluyendo la propia red social de la empresa, sin cobrar por los datos. La empresa presentó esto como un acto caritativo para ayudar a los desconectados. Sin embargo, los críticos lo vieron de otra manera. Argumentaron que esto no era verdadera libertad, sino un jardín amurallado, un cerramiento digital donde la empresa actuaba como un guardián, decidiendo qué podían ver las personas y qué no. En los debates públicos, los activistas compararon esto con la antigua Compañía de las Indias Orientales, un histórico imperio comercial que una vez controló grandes partes de la India. Advirtieron que, al hacer de su plataforma la única vía para que millones de personas se conectaran, la empresa estaba ganando demasiado control sobre los mercados locales y los datos personales. El regulador indio finalmente intervino y prohibió el programa, dictaminando que era injusto cobrar precios diferentes para distintas partes de internet. Esta lucha no fue solo sobre la neutralidad de la red; fue una lucha contra una nueva forma de dependencia digital, donde una corporación extranjera podía dictar los términos de la comunicación básica de una nación.

La segunda parte de su investigación mira detrás de las interfaces suaves y pulidas de las aplicaciones que usamos a diario. Vemos feeds limpios y recomendaciones inteligentes, pero estos se construyen sobre las espaldas de trabajadores invisibles. Los investigadores encontraron que el trabajo pesado de mantener estas plataformas seguras e inteligentes es a menudo externalizado a trabajadores en países como Ghana, Kenia y Colombia. Estos trabajadores son contratados para revisar contenido perturbador, como violencia y discursos de odio, para mantenerlo fuera de los feeds principales para los usuarios en países ricos. También etiquetan imágenes y texto para enseñar a la inteligencia artificial cómo reconocer cosas. Las condiciones para estos trabajadores suelen ser extenuantes. Perciben salarios muy bajos, a veces de menos de dos dólares al día, y enfrentan un trauma psicológico severo debido al contenido que deben visualizar diariamente, con poco acceso a apoyo de salud mental. El sistema está diseñado para que el riesgo y el daño se trasladen a las personas más vulnerables, mientras que las ganancias y el crédito por la tecnología "segura" e "inteligente" van a las empresas del Norte. Este es una versión moderna del trabajo colonial, donde el trabajo peligroso y difícil es realizado por personas en la periferia, mientras que los beneficios son recolectados en el centro.

El tercer área de enfoque es el auge de la inteligencia artificial y la creciente preocupación de que se esté convirtiendo en una herramienta de "colonialismo de la IA". La mayoría de los sistemas de IA poderosos se construyen en el Norte Global utilizando datos y valores de esas regiones. Cuando estos sistemas se utilizan en África o América Latina, a menudo fallan en comprender los contextos locales o imponen normas culturales extranjeras. Los investigadores señalan que esto crea un nuevo tipo de desigualdad. Los datos son extraídos de las personas en el Sur, procesados en el Norte y vendidos de vuelta a ellos como un servicio, con pocos beneficios que regresen a las comunidades que generaron los datos. Sin embargo, el artículo también destaca que esto no es un camino de una sola vía. En lugares como Ruanda y en toda el África subsahariana, los gobiernos y los grupos de la sociedad civil están comenzando a contraatacar. Están exigiendo soberanía digital, lo que significa tener control sobre sus propios datos y las reglas que los gobiernan. Algunos están construyendo sus propios centros de datos locales y creando leyes para proteger a sus ciudadanos de la extracción descontrolada. Estos movimientos están llamando a un "Digital Bandung", un concepto de cooperación entre las naciones del Sur para construir su propia infraestructura digital y reducir su dependencia de los gigantes del Norte.

Los investigadores concluyen que el mundo digital es un campo de batalla donde los viejos patrones de imperio están siendo reescritos en código. Argumentan que solucionar estos problemas no consiste solo en dar más acceso a internet o hacer que los algoritmos sean ligeramente más justos. Requiere un cambio fundamental en cómo se distribuye el poder. Significa construir infraestructura que las comunidades puedan controlar, asegurar que los trabajadores que mantienen estos sistemas funcionen sean tratados con dignidad y pagados justamente, y reconocer que existen muchas formas diferentes de conocer y ser que deberían dar forma al diseño de la tecnología. El artículo sugiere que descolonizar el mundo digital no es un proyecto único, sino una colección de luchas que ocurren simultáneamente, desde las prohibiciones regulatorias en la India hasta la organización laboral en Kenia y los cambios de política en África. Es un llamado a reconocer que el internet no es un espacio neutral, sino un lugar donde la historia, el poder y la justicia se negocian constantemente. El futuro de nuestras vidas digitales depende de si podemos ir más allá de simplemente usar estas herramientas para pasar a moldearlas activamente de modo que sirvan a todos, no solo a los poderosos.

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