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TVET Responses to the Green Economy in South Africa and Zimbabwe

Este estudio cualitativo comparativo revela que, si bien las instituciones de educación técnica y formación profesional (TVET) de Sudáfrica están posicionadas ligeramente mejor que sus contrapartes de Zimbabue para apoyar la economía verde, ambos países enfrentan desafíos críticos que incluyen currículos desactualizados, una escasez de docentes capacitados y estrategias de enseñanza inadecuadas, lo que requiere reformas políticas, la mejora de las competencias del profesorado y una colaboración más sólida con la industria para preparar eficazmente a los graduados en ingeniería para los mercados laborales verdes.

Autores originales: Modise Alfred, Manzi Wellington, Nyika Richard

Publicado 2026-10-07
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Modise Alfred, Manzi Wellington, Nyika Richard

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina un mundo donde las máquinas que construimos, los edificios en los que vivimos y la energía que utilizamos están diseñadas para sanar el planeta en lugar de dañarlo. Esta visión se llama economía verde, un cambio que se aleja de la quema de combustibles fósiles y el desperdicio de recursos hacia el uso de energías renovables y la creación de sistemas sostenibles. Para que este cambio ocurra, se necesita un nuevo tipo de trabajador: alguien que sepa cómo instalar paneles solares, mantener turbinas eólicas y diseñar edificios que conserven el calor. Estos trabajadores se forman en institutos técnicos, instituciones dedicadas a la enseñanza de habilidades prácticas para oficios específicos. La pregunta que enfrentan las naciones hoy es si estos institutos están preparando realmente a sus estudiantes para este futuro verde, o si todavía están enseñando métodos antiguos que ya no encajan con un mundo cambiante.

Investigadores de la Universidad Tecnológica Central se propusieron responder a esta pregunta analizando dos países vecinos, Sudáfrica y Zimbabue. Querían ver cómo los institutos técnicos en ambas naciones estaban gestionando la transición hacia una economía verde. El equipo se centró en los estudiantes de ingeniería y en los profesores que los instruyen, planteando una pregunta simple pero crítica: ¿Están estas instituciones enseñando las habilidades necesarias para reparar el medio ambiente, o se han quedado estancadas en el pasado? Para encontrar la respuesta, los investigadores visitaron seis institutos diferentes, tres en cada país. Entrevistaron a directores de institutos, jefes de departamento y profesores de ingeniería, y realizaron discusiones grupales con estudiantes de ingeniería de tercer año. El objetivo era comprender la experiencia real y vivida del aprendizaje y la enseñanza en estas aulas y talleres.

Lo que encontraron los investigadores fue un sistema que lucha por mantenerse al día. En ambos países, los institutos se encuentran en las etapas muy iniciales de intentar volverse "verdes", pero existen barreras significativas que están frenando su avance. El problema más inmediato son los propios profesores. Muchos de los docentes que enseñan ingeniería no poseen conocimientos actualizados sobre sostenibilidad o tecnología verde. Algunos admitieron que el concepto de economía verde es nuevo para ellos y se sienten poco preparados para enseñarlo. En un caso, un profesor de Zimbabue señaló que la economía verde era un desarrollo reciente y que necesitaban actualizar sus propias habilidades antes de poder transmitir ese conocimiento a los estudiantes. Aunque la situación era ligeramente mejor en Sudáfrica, donde algunos profesores más tenían cierta familiaridad con la tecnología verde, el panorama general mostraba una escasez de expertos que pudieran guiar a los estudiantes a través de este nuevo panorama.

El currículo, o la lista oficial de lo que los estudiantes deben aprender, es otro obstáculo importante. Los investigadores descubrieron que los cursos que se imparten en estos institutos suelen estar obsoletos. Los programas de estudio, que son los planos de las clases, fueron diseñados para una era industrial diferente y no incluyen las nuevas habilidades requeridas para una economía verde. En Zimbabue, los investigadores descubrieron que los institutos interactúan con las industrias para que los estudiantes realicen prácticas, pero esta conexión no produce cambios en lo que se enseña en el aula. El currículo sigue estando controlado por una unidad gubernamental central que es lenta para adaptarse. En Sudáfrica, la situación es similar; a pesar de algunas iniciativas como el programa "Green Colleges", el estudio señaló que no se presta atención específica al desarrollo de habilidades verdes en la estrategia nacional general, y los principales cursos de ingeniería siguen basándose en materiales antiguos. Esto significa que los estudiantes están aprendiendo sobre tecnologías que están siendo eliminadas, en lugar de las herramientas sostenibles que la futura fuerza laboral necesitará.

Incluso la forma en que los profesores instruyen a sus alumnos no está totalmente alineada con las necesidades de un futuro verde. El estudio mostró que el método de enseñanza más común sigue siendo la clase magistral tradicional, donde un profesor se para al frente del salón y explica un concepto mientras los estudiantes escuchan. Si bien algunos estudiantes consideraron que esto era útil para entender los conceptos básicos, no les brinda la experiencia práctica necesaria para resolver problemas ambientales complejos. Los investigadores señalaron que métodos más efectivos, como aprender mediante la realización de proyectos reales o la resolución de problemas en equipo, rara vez se utilizaban. Cuando los estudiantes trabajaban en grupos, a menudo era porque no había suficiente equipo para que todos trabajaran de forma individual. Esta falta de recursos es un problema crítico. En muchos de los talleres, las herramientas y máquinas son viejas, están rotas o simplemente no son capaces de manejar tecnologías verdes modernas. Un profesor mencionó que todavía utilizaban equipos de hace quince años, los cuales son obsoletos y no reflean la realidad de las industrias verdes modernas.

Los propios estudiantes son conscientes de esta brecha. Al preguntarles si se sentían preparados para trabajar en una industria verde, muchos expresaron dudas. Señalaron que no habían sido expuestos a habilidades verdes durante su formación y que sus profesores tampoco comprendían plenamente la economía verde. En Zimbabue, los estudiantes participan en el aprendizaje integrado en el trabajo, donde pasan tiempo trabajando en empresas, pero los investigadores encontraron que estas empresas tampoco suelen utilizar prácticas verdes. Esto crea un ciclo donde los estudiantes aprenden métodos obsoletos en el instituto y luego ven los mismos métodos obsoletos en el lugar de trabajo. En Sudáfrica, la conexión entre los institutos y las industrias es aún más débil, con muy poca comunicación para asegurar que lo que se enseña coincida con lo que se necesita.

El estudio concluye que, si bien tanto Sudáfrica como Zimbabue han discutido la importancia de una economía verde, la implementación real en los institutos técnicos está rezagada. En Zimbabue, la falta de una política única y unificada sobre la economía verde dificulta la alineación con los estándares internacionales, mientras que en Sudáfica, el enfoque ha sido fragmentado y reactivo. Los sistemas están fragmentados, con diferentes ministerios gubernamentales gestionando distintas partes de la formación sin un plan unificado. Existe una falta de financiamiento para comprar nuevo equipo y no hay un sistema central para rastrear qué habilidades verdes necesitan realmente los empleadores. Crucialmente, el estudio encontró que el concepto de "ecologización" permanece invisible en los currículos de ingeniería de los institutos técnicos (TVET) de ambos países. Los investigadores sugieren que, para que estos institutos tengan éxito, necesitan una estrategia clara que una a la industria y a las escuelas. Esto permitiría diseñar nuevos cursos que reflejen las demandas reales del mercado laboral verde. También significa que los profesores necesitan formación continua para aprender las nuevas habilidades ellos mismos, de modo que puedan enseñar eficazmente a la próxima generación de ingenieros. Sin estos cambios, la transición hacia una economía verde será lenta y los trabajadores necesarios para construir un futuro sostenible seguirán siendo escasos.

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