Postcolonial urbanization between the deconstruction and reconstruction of state public domain in the city of Bukavu, DRC
Basándose en un estudio de 384 hogares en Bukavu, RDC, este artículo sostiene que la urbanización poscolonial está reconfigurando el dominio público del Estado mediante la ocupación generalizada e insegura de los espacios públicos y los subsiguientes desalojos injustos, creando una dinámica compleja donde los residentes resisten simultáneamente el desplazamiento mientras demandan un mayor control y participación estatal en la gestión de las tierras públicas.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
Las ciudades son seres vivos que crecen, cambian y, a veces, se quiebran bajo su propio peso. En muchas partes del mundo, este crecimiento ocurre más rápido que las reglas que deberían guiarlo. Cuando los gobiernos no pueden seguir el ritmo de una llegada repentina de personas que se mudan a la ciudad, las líneas entre lo que pertenece a todos y lo que pertenece a una sola familia comienzan a desdibujarse. Esto es especialmente cierto en lugares donde la historia del dominio colonial dejó tras de sí un mapa rígido que ya no se ajusta a la realidad sobre el terreno. En estos espacios, un concepto conocido como "deconstrucción" nos ayuda a entender lo que está sucediendo. No significa destruir las cosas de manera destructiva, sino cuestionar las viejas e invisibles reglas que deciden quién puede usar una calle, un parque o una ribera. Pregunta quién es el verdadero dueño del espacio y quién está siendo excluido. Esta forma de pensar es crucial para comprender las ciudades del Sur Global, donde el rápido crecimiento de la población a menudo obliga a las personas a construir hogares en tierras que oficialmente estaban destinadas a carreteras o a la naturaleza, creando una compleja mezcla de arreglos de vida legales e ilegales.
En la ciudad de Bukavu, ubicada en el este de la República Democrática del Congo, investigadores se propusieron recientemente comprender exactamente cómo esta mezcla de la vida pública y privada está remodelando el paisaje urbano. Se centraron en una pregunta específica: ¿cómo está siendo apropiada la tierra pública del Estado y qué significa esto para las personas que viven allí? Para encontrar la respuesta, un equipo de investigadores del Institut Supérieur de Développement Rural llevó a cabo una encuesta detallada a 384 hogares en diferentes barrios de Bukavu. Examinaron dos tipos de áreas muy diferentes: los barrios más antiguos y planificados, construidos durante la era colonial, y los asentamientos espontáneos más nuevos, que crecieron sin planes oficiales. Los investigadores preguntaron a las personas sobre sus hogares, cómo obtuvieron su tierra, si tenían documentos oficiales y qué sucedía cuando el gobierno intentaba desalojar a la gente de la tierra pública.
Los resultados pintan un cuadro de una ciudad donde el dominio público está bajo una presión inmensa. El lugar más común donde la gente ha construido hogares es en las vías de derecho de paso de las carreteras, que son las franjas de tierra reservadas para calles y tráfico. En total, casi el 77 por ciento de los espacios públicos ocupados fueron estos corredores viales. Los espacios verdes y la zona junto al lago conformaron el resto de la tierra ocupada. Este uso generalizado de la tierra pública para la vivienda ocurre debido a una severa escasez de tierras legales para que la gente pueda comprar. El estudio encontró que solo alrededor del 27 por ciento de las personas encuestadas poseían un título de propiedad oficial, un documento que prueba la propiedad legal. Muchos otros dependían de recibos privados de acuerdos informales, y algunos no tenían ningún documento. Sin estos papeles, las familias se encuentran en una posición muy débil si el gobierno decide despejar el área.
Los investigadores también descubrieron que esta situación no se limita a los bordes caóticos y no planificados de la ciudad. Incluso en los barrios más antiguos y establecidos, la gente vive en tierras que nunca fueron destinadas a la vivienda. De hecho, el estudio encontró que la ocupación no autorizada del espacio público ocurría exclusivamente en el centro de la ciudad, donde la tierra es más valiosa. Esto desafía la idea simple de que solo los pobres en las periferias viven en asentamientos informales. En el centro, la presión por construir ha empujado a las personas hacia las carreteras y reservas, a menudo impulsada por individuos ricos o conexiones políticas que pueden eludir las reglas. El estudio sugiere que la frontera entre la tierra pública y la propiedad privada se ha vuelto tan borrosa que es difícil distinguir dónde termina una y comienza la otra.
Cuando el gobierno intenta despejar estas áreas, el proceso suele ser doloroso y controvertido. Los investigadores encontraron que la gran mayoría de los hogares, aproximadamente el 80 por ciento, fueron desalojados sin recibir dinero o compensación para ayudarles a mudarse. Si bien casi la mitad de las personas encuestadas coincidió en que despejar la tierra pública es necesario para el bien de la ciudad, más de un tercio sintió que el proceso era injusto y arbitrario. Muchos residentes creen que quién es desalojado y quién se queda es decidido por conexiones políticas o corrupción en lugar de por la ley. Ven un patrón donde a algunas personas se les permite ocupar el espacio público mientras que otras son expulsadas, a menudo basadas en su relación con las autoridades locales.
A pesar de la falta de consulta, los habitantes de Bukavu están ansiosos por tener voz en la gestión de su ciudad. El estudio mostró que casi el 90 por ciento de los residentes desean participar en la planificación de sus vecindarios. Están dispuestos a contribuir con dinero y tiempo para mejorar los espacios públicos, pero rara vez se les pide su opinión antes de que se tomen decisiones. El enfoque actual, donde las autoridades actúan solas y a menudo sin reglas claras, deja un vacío entre lo que el gobierno quiere hacer y lo que la comunidad necesita. Los investigadores concluyen que, para que la ciudad funcione mejor, la gestión de la tierra pública debe cambiar. Requiere un cambio de órdenes verticales (top-down) a un sistema donde el Estado controle la ocupación de la tierra de manera más estricta, pero también escuche a las personas que viven allí. El objetivo es reconstruir un dominio público que sirva a todos, en lugar de uno que sea lentamente devorado por la necesidad desesperada de refugio y el poder de unos pocos.
¿Ahogado en artículos de tu campo?
Recibe resúmenes diarios de los artículos más novedosos que coincidan con tus palabras clave de investigación — con resúmenes técnicos, en tu idioma.