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The impact of COVID-19 pandemic on health service utilization in Ghana – a retrospective analysis of DHIMS-2 data

Este análisis retrospectivo de los datos de DHIMS-2 de 2018 a 2022 revela que la pandemia de COVID-19 redujo significativamente la utilización de los servicios de salud en todo Ghana, con una región no epicentro (Northern) experimentando descensos más severos en la mayoría de los servicios en comparación con un epicentro (Ashanti), lo que resalta la necesidad de estrategias de mitigación de la pandemia para considerar las interrupciones incluso en áreas no epicentro.

Autores originales: Elliot Koranteng Tannor, Sam Newton, Ken Nartey, Reinhard Busse, John Amuasi, Wilm Quentin

Publicado 2026-10-05
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Elliot Koranteng Tannor, Sam Newton, Ken Nartey, Reinhard Busse, John Amuasi, Wilm Quentin

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cuando estalla una crisis de salud mundial, el enfoque inmediato recae naturalmente en el virus mismo: cómo se propaga, cuántas personas infecta y cómo tratar a los enfermos. Sin embargo, una pandemia es una interrupción masiva que repercute en cada parte de la sociedad, incluyendo el ritmo diario y silencioso de buscar atención médica para afecciones que no tienen nada que ver con el virus. En países como Ghana, donde los sistemas de salud ya enfrentan desafíos significativos, el miedo a la infección y las estrictas reglas implementadas para detener la propagación de la enfermedad pueden provocar que las personas se queden en casa incluso cuando están gravemente enfermas por otros problemas. Esto crea una paradoja difícil: las medidas diseñadas para salvar vidas de una amenaza pueden, inadvertidamente, causar daño al impedir que las personas accedan a la atención que necesitan para todo lo demás. Comprender cómo se producen estas interrupciones es vital, no solo para contar a los enfermos, sino para ver cómo un sistema de salud resiste cuando la presión aumenta. Requiere observar el flujo de pacientes a través de clínicas y hospitales, rastrear si las personas acuden para chequeos de rutina, vacunaciones o atención de emergencia, y ver cómo cambian esos números cuando el miedo y las restricciones entran en escena.

Los investigadores se propusieron comprender exactamente cómo la pandemia de COVID-19 alteró el panorama de la atención médica en Ghana. Recurrieron a un sistema masivo de registro digital utilizado por el servicio de salud del país, que rastrea millones de visitas de pacientes en toda la nación. Al analizar los datos recopilados desde marzo de 2018 hasta marzo de 2022, pudieron comparar los años previos a la llegada del virus con los años en que este estaba presente. Su objetivo era ver no solo el panorama nacional, sino también comparar dos regiones muy diferentes: la región de Ashanti, que fue un importante foco de la enfermedad con altas tasas de infección y confinamientos estrictos, y la región del Norte, que tuvo muchos menos casos y fue considerada un no epicentro. Querían saber si la caída en las visitas de atención médica se debió principalmente al virus mismo, o si el miedo y las restricciones causaron que la gente dejara de acudir al médico independientemente de cuántos casos hubiera en su vecindario específico.

El estudio reveló que la pandemia provocó una caída brusca y repentina en el uso de la atención médica en todos los ámbitos, pero la historia era más compleja que simplemente "más virus equivale a menos visitas". En los primeros meses de la pandemia, específicamente alrededor de abril de 2020, el número de personas que visitaban clínicas ambulatorias y eran ingresadas en hospitales cayó drásticamente. En el punto más bajo, hubo menos de dos millones de visitas ambulatorias en un solo mes, una disminución significativa respecto al promedio habitual de más de dos millones y medio. Este descenso ocurrió incluso cuando el virus todavía estaba en sus primeras etapas de propagación. Los investigadores encontraron que la gente dejó de acudir para una amplia gama de servicios, incluyendo la atención para condiciones crónicas como la hipertensión y la diabetes, así como las vacunaciones infantiles. El miedo a contagiarse en una sala de espera, combinado con los confinamientos gubernamentales que restringían el movimiento, mantuvo a la gente alejada. Curiosamente, la caída fue más severa para las visitas a clínicas generales y los ingresos hospitalarios, mientras que la atención para mujeres embarazadas se mantuvo relativamente estable, lo que sugiere que la urgencia del embarazo mantuvo a muchas mujeres asistiendo a la clínica a pesar de los riesgos.

Un hallazgo sorprendente surgió cuando los investigadores compararon las dos regiones. Uno podría asumir que el área con más casos de virus vería la mayor caída en el uso de la atención médica, ya que el miedo sería mayor allí. Sin embargo, los datos mostraron lo contrario. La región del Norte, que tuvo muy pocos casos confirmados de COVID-19, experimentó una caída proporcional mucho mayor en las visitas de atención médica que la región de Ashanti, que fue el epicentro del brote. En la región del Norte, los ingresos hospitalarios cayeron casi una cuarta parte, y las visitas ambulatorias disminuyeron más de una cuarta parte. En la región de Ashanti, las caídas fueron menores, aunque significativas. Esto sugiere que la interrupción no se debió solo al virus en sí, sino al impacto psicológico de la pandemia y a las reacciones locales específicas. En el Norte, donde el virus era menos visible, el miedo a lo desconocido y, quizás, la falta de confianza en el sistema de salud llevaron a la gente a quedarse en casa incluso más que en la afectada región de Ashanti.

A medida que la pandemia avanzaba y las restricciones se relajaban, el uso de la atención médica comenzó a subir de nuevo, pero la recuperación fue desigual. Para el tercer trimestre de 2020, muchos servicios comenzaron a volver a sus niveles normales, con un aumento en las visitas ambulatorias y los ingresos hospitalarios. Sin embargo, la recuperación para las mujeres embarazadas fue más lenta, y en algunas áreas, las visitas continuaron disminuyendo incluso cuando otros servicios se recuperaban. Los investigadores señalaron que el choque inicial de la pandemia tuvo efectos duraderos, particularmente para personas con enfermedades crónicas que habían retrasado su atención. El estudio concluye que, al prepararse para futuras pandemias, los funcionarios de salud no pueden centrarse únicamente en las áreas con las tasas de infección más altas. Los datos demuestran que incluso las regiones con pocos casos pueden sufrir un colapso severo en el uso de la atención médica debido al miedo y la confusión. Para proteger la salud pública, las estrategias deben abordar las barreras para la atención en todas las comunidades, asegurando que las personas se sientan lo suficientemente seguras para buscar ayuda para todas sus necesidades de salud, no solo aquellas directamente relacionadas con la pandemia.

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