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Remote learning experiences shaping digital pedagogical identity among pre-service accounting teachers

Este estudio cualitativo sobre docentes de contabilidad en formación en Sudáfrica revela que, si bien el aprendizaje remoto presentó desafíos para la interacción espontánea, finalmente fomentó una identidad profesional híbrida al permitir que los futuros educadores reflexionaran críticamente sobre los desajustes entre tecnología y pedagogía y diseñaran intencionalmente estrategias de aprendizaje digital efectivas.

Autores originales: Ajuma Walusa, Olushola Adebayo Olatunji, Makeresemese Qhosola-Mahlomaholo

Publicado 2026-10-13
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Ajuma Walusa, Olushola Adebayo Olatunji, Makeresemese Qhosola-Mahlomaholo

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La enseñanza es un oficio construido sobre dos pilares: conocer el tema profundamente y saber cómo ayudar a otros a comprenderlo. Durante décadas, los educadores han entendido que la mejor manera de aprender habilidades complejas, como equilibrar un libro contable o resolver un rompecabezas financiero, es a través de la conversación, la retroalimentación inmediata y el trabajo codo a codo con un profesor. Sin embargo, el repentino cambio global hacia el aprendizaje remoto durante la pandemia forzó un experimento masivo y no planificado. Las escuelas tuvieron que trasladar todo al entorno digital, a menudo sin tiempo para rediseñar su forma de enseñar. Esto creó una situación única para los estudiantes que se formaban para ser docentes. No solo estaban aprendiendo contabilidad; simultáneamente, observaban cómo sus instructores intentaban enseñarla a través de las pantallas. Esta doble perspectiva ofreció una oportunidad poco común para ver cómo los futuros educadores interpretan las herramientas y métodos que se ven obligados a utilizar, y cómo esas experiencias moldean su identidad profesional.

Un equipo de investigadores de la Universidad Libre de Sudáfrica, en Sudáfrica, se propuso comprender este grupo específico. Se centraron en veinte estudiantes matriculados en un programa de Licenciatura en Educación con especialidad en contabilidad. Estos individuos se encontraban en una posición única: eran aprendices luchando con conceptos financieros difíciles, pero también eran aprendices observando los mismos métodos de enseñanza que un día usarían. Los investigadores les pidieron que escribieran ensayos reflexivos y participaran en entrevistas grupales sobre sus experiencias durante el cambio al aprendizaje remoto. Al escuchar atentamente estas historias, el equipo quería ver cómo estos futuros profesores daban sentido al aula digital y cómo esas lecciones cambiarían su forma de enseñar en el futuro.

El estudio reveló una clara contradicción en la experiencia del aprendizaje remoto. Por un lado, el formato digital ofrecía una ventaja significativa: la flexibilidad. Los estudiantes podían pausar las clases grabadas, retroceder explicaciones complejas y aprender a su propio ritmo. Un estudiante señaló que vio un video sobre estados financieros consolidados cinco veces hasta que el concepto finalmente hizo clic. Esta capacidad de controlar el ritmo del aprendizaje les permitió dominar material difícil de una manera que una clase en vivo de ritmo rápido a veces impedía. Por otro lado, esta flexibilidad tuvo un costo elevado. Los estudiantes perdieron los momentos espontáneos de conexión que ocurren en un aula física. Cuando un profesor escribe una solución en una pizarra, un estudiante puede levantar la mano inmediatamente y preguntar: "¿Por qué lo hizo de esa manera?". En un chat en línea, ese momento a menudo pasa antes de que la pregunta sea siquiera escrita. Los estudiantes sintieron una sensación persistente de aislamiento, dándose cuenta de que, si bien la tecnología hacía que el contenido fuera accesible, a menudo bloqueaba el diálogo inmediato y el pensamiento cooperativo necesarios para desarrollar el juicio profesional.

Más allá de simplemente sentirse frustrados, estos futuros docentes comenzaron a analizar los métodos que estaban experimentando con ojo crítico. Notaron que muchos instructores simplemente trasladaban las clases tradicionales a las plataformas digitales sin cambiar el enfoque. Videos largos e ininterrumpidos de un profesor hablando, a menudo descritos como una "cabeza parlante", dominaban el currículo. Los estudiantes observaron que esto era una oportunidad perdida. Se dieron cuenta de que la tecnología debería hacer más que solo entregar información; debería usarse para crear interacción. Un estudiante reflexionó que ver un video de tres horas sobre ética era una lección sobre lo que no se debe hacer, señalando que la sesión podría haberse dividido con estudios de caso, encuestas o discusiones en grupos pequeños. Esta realización marcó un cambio en su pensamiento. Dejaron de verse a sí mismos como receptores pasivos de un currículo digital y comenzaron a verse como diseñadores activos del aprendizaje.

Este cambio de perspectiva llevó al desarrollo de una nueva mentalidad profesional. Los estudiantes comenzaron a imaginar cómo enseñarían de manera diferente. En lugar de intentar explicar un tema complejo en una sesión larga, planearon dividir el material en fragmentos más pequeños y manejables, utilizando videos cortos para explicar fórmulas específicas y reservando las sesiones en vivo para la resolución de problemas. Imaginaron el uso de herramientas digitales para crear oportunidades de preguntas y respuestas anónimas o para organizar grupos de trabajo donde pudieran colaborar en diferentes escenarios financieros. Comprendieron que, para que el aprendizaje ocurra en un espacio digital, la interacción debe ser diseñada intencionalmente; no sucederá por sí sola. No se trataba solo de saber cómo usar un programa de software, sino de entender cómo construir un sentido de comunidad y compromiso a través de esas herramientas.

Quizás el hallazgo más significativo fue la transformación de la identidad profesional de los estudiantes. Evolucionaron de ser meramente estudiantes de contabilidad a lo que los investigadores llaman "practicantes híbridos". Estos son educadores que pueden sostener dos perspectivas a la vez: la empatía de un aprendiz que sabe lo que se siente al estar confundido por una pantalla, y la mente estratégica de un profesor que sabe cómo solucionarlo. Aprendieron que la enseñanza efectiva en la era digital no se define por la herramienta específica utilizada, sino por el diseño intencional de la interacción humana a través de esas herramientas. Se dieron cuenta de que su experiencia con la crisis no había sido solo un obstáculo que superar, sino un valioso campo de entrenamiento. Al reflexionar sobre lo que funcionó y lo que falló en su propia educación, estaban construyendo una base para un futuro donde pudieran combinar con confianza la tecnología con los elementos humanos del diálogo, la retroalimentación y la colaboración.

El estudio concluye que los programas de formación docente deben tomar en serio este conocimiento. No basta con simplemente añadir cursos de tecnología a un currículo. Los futuros docentes necesitan oportunidades estructuradas para analizar críticamente, practicar y reflexionar sobre el uso de la tecnología en la enseñanza. Al incorporar la sabiduría ganada con esfuerzo de sus propias experiencias de aprendizaje remoto, las universidades pueden preparar educadores que no sean solo sobrevivientes de una crisis, sino arquitectos hábiles del futuro. Estos educadores estarán listos para crear entornos de aprendizaje que sean tanto tecnológicamente avanzados como profundamente humanos, asegurando que la próxima generación de contadores aprenda no solo los números, sino el juicio y la colaboración necesarios para utilizarlos.

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